Lágrimas perdidas
La habitación es fría, se siente el ambiente pesado y lleno de amargura.
Pero quizás no tanta como la que se hallaba en el corazón de Carlos en aquel instante. Su mirada se perdía ante aquella lluvia de agosto. Mirando por la pequeña ventana del departamento hacia ninguna parte en realidad.
Hombre de 53 años, de rostro endurecido por la vida y piel morena llena de arrugas provocadas por su difícil ritmo de vida, fue, hasta hace unos años un prominente hombre de negocios en una de las empresas mas importantes de la ciudad. Ahora está acabado, física y sobre todo, moralmente.
Su duro corazón rompe el silencio con aquella áspera y ronca voz, en el cuarto…
- Eso querías, eso tuviste maldita perra…
- Sabes que nunca me gustó escucharte hablarme así papá…
La chica de aspecto triste y melancólico llevaba por nombre Sofia
- ¿Porqué nunca me quisiste?... ¿Qué de malo te hice yo para que así me trataras siempre papá?
- Siempre fuiste un estorbo, ¡lo arruinaste todo!...
- Yo no tuve la culpa de nada padre…
- ¡Si! Mi vida se fue al demonio desde que te apareciste hace años…
- Siempre me gritaste que yo había sido un accidente… un “maldito error de cálculo”
- Yo le dije a tu madre que no debíamos tenerte… pero ella, necia como era se negó al aborto. Estábamos bien sin ti… todo estaba bien, la amaba mucho. Pero llegaste y terminaste con su vida al mismo tiempo.
- No fue mi culpa… el parto se complicó debido a su enfermedad
- ¡Y ella no pudo salir adelante!... murió a las pocas horas de darte a luz… desde ese momento algo me dijo que habías nacido para hacer una desdicha mi vida.
- ¿Y por eso te empeñaste en agredirme?
Carlos se llevo las manos a la cara y tomó aire unos segundos…
- Fueron años malos, uno tras otro… la suerte, que antes me sonrió me abandonó. No podía llegar a casa a descansar a gusto pues tenías que estar llorando y gritando como desesperada.
- Era un bebé… ¿Qué más podía hacer?
- Tu llanto era como una pesadilla… más de una ves pensé en dejarte abandonada por ahí… no podía yo con esa responsabilidad… pues nunca desee tenerla. Además el dolor de la muerte de tu madre fueron dagas que se me enterraban cada día, cada mes y cada año que pasaba sin ella. Y tu me lo recordabas…
- Eso no justifica desquitarte con una niña indefensa…
- No lo niego, llegué muchas noches harto del trabajo y odiándote cada vez más… tu sola presencia me llenaba de odio… ¡por eso te golpeaba!
- Y Vaya que sacabas tu rencor en cada golpe que me dabas, pero creo que lo peor fue el daño psicológico que me diste… jamás escuche palabras de amor hacia mí, aunque todos los días lo deseaba y lo pedía al cielo.
- No te amaba, eras un estorbo, una inútil niña no deseada… luego vino el fraude de la empresa y la quiebra. Obviamente me quitaron el trabajo y con él caí mucho más.
- Yo trataba de animarte, tenía ya suficiente edad como para trabajar en algo…
- ¡No servías para nada!... tus míseras monedas que traías de vez en cuando a la casa nunca fueron suficientes para mitigar mi dolor y sobrellevar mi pena…
- Solo bebías y bebías… nunca quisiste buscar otro empleo o administrar lo que yo podía conseguir en la calle.
- Yo no podía renunciar al alcohol y cuando conocí a aquellas personas me hice adicto a esa mierda…
- Si, y los maltratos aumentaron también…
- Después, ya tenías edad como para hacer algo… jamás iba a permitir que fueras un bulto aquí nadamás… estaba convencido de que tenías que darme algo de lo mucho que me habías quitado… jejeje ¿pensaste que te ibas a ir? ¿ y dejarme morir aquí solo?...
- En verdad me encontraba tan desesperada que, a los 13 años quise escapar de aquí para jamás regresar…
- ¡Pero te atrapé! ¡Y, para que aprendieras a no hacer esas travesuras de niña estúpida tuve que ponerte un castigo!
- Cadenas… que marcaron mis delgados brazos desde ese instante…
- Te encadene y te dejé aquí todo el día sin comer… hasta que te arrepintieras de tu pecado y aprendieras la lección.
- De nada sirvieron mis súplicas para recibir tu perdón… no cediste papá. Te prometía que sería siempre una niña buena, pero no me escuchabas, estabas perdido en tu dolor.
Carlos dio la espalda a la ventana y se sentó en su viejo y desgastado sofá
- Hasta que por fin… una noche encontré para lo que eras buena…
- Si, lo recuerdo como si fuera anoche…
- Uno de mis amigos me trajo la coca a la casa y al mirarte ahí amarrada me pidió que te dejara estar unas horas con él… yo estuve de acuerdo pues me regalo el producto por ese favor… pero tu, cabrona… ¡no querías ayudarme!
- Tenía miedo papá…
- Tuve que darte unos cuantos golpes para que te calmaras y cooperaras… me fui y a mi regreso mi amigo ya no estaba… y para variar tu tirada como un trapo viejo en el suelo.
- Yo quise explicarte que fue lo que me hizo ese hombre sucio, pero nunca me escuchaste… no querías hacerlo. Fue tan... horrible...
- ¡Te quejabas de todo!.. ¿y de que otra manera iba a obtener dinero contigo?¡si eras una inútil!... además ya tenías edad suficiente
- Fue una pesadilla aun mayor a partir de ese día papá… ahí comprendí que de verdad nunca me ibas a querer. Temí que nunca lo harías...
- Tuvieron que pasar algunos años más para que fueras tomando gusto por esos trabajitos que hacías para mí…
- No les tomé gusto… cada vez que sucedía sentía que más me iba yo muriendo y tu nunca me quisiste ayudar. Me sentía tan vacía… como un objeto sin vida.
- Eras una perra… ¡solo para eso servías!... por lo menos con el dinero que me daban cada vez que venían esos tipos podía pagar el vicio.
- Yo pensaba que pronto se acabaría ese martirio… o por lo menos eso deseaba con toda mi alma. Las cadenas que me ponías cuando esos tipos terminaban de abusar de mí ya me quedaban grandes por lo delgada que estaba.
- ¡Pero no querías tragar!... eras peor que un perro callejero… tenía que darte patadas y meterte a la fuerza la comida a la boca para que no estuvieras tan flaca y les gustaras a mis clientes.
- Créeme que aguanté lo que pude papá… aún dentro de mi sufrimiento yo deseaba… que, de alguna manera… aunque fuera de esa… pudiera agradarte alguna vez.
- Nunca me agradaste… pero
- …
- Ahora que acabo de salir del hospital y los doctores no me dan más que unos días de vida, me siento mal…
- Lo sé…
- Hoy que siento la muerte cerca… pues ya no se puede hacer nada, mi salud esta acabada… todo lo que he tomado, lo que he bebido… y lo que he sentido está a punto de terminar para siempre conmigo. Y…
- …
Agachó la cabeza… se llevo las manos al rostro y sollozó…
- Me siento muy mal… tengo miedo… no quiero morir… temo por mi alma. Yo… nunca quise hacerte eso… yo…
Las lágrimas corrieron como ríos de sus ojos.
- Sé que es muy tarde para esto… pero… hija… perdóname… por favor… perdóname… te quiero…
- Por eso estoy aquí papá, te perdono… yo sabía y siempre tuve fé en que si me querías… y mira, ahora… por fin, me lo dices… no sabes lo feliz que me haces papá… yo siempre te quise y mi sueño de escucharte decir esas palabras hoy se hace realidad. Ni todas las marcas que me dejaste en mi cuerpo me hicieron perder la esperanza. Desgraciadamente ya no puedes escucharme… no sabes lo que daría por abrazarte y decirte que sí te perdono… pero… es tarde… ya estoy muerta.
Nunca sabrá si su disculpa fue escuchada, se encontraba solo en la habitación… y en su alma también.
Pero quizás no tanta como la que se hallaba en el corazón de Carlos en aquel instante. Su mirada se perdía ante aquella lluvia de agosto. Mirando por la pequeña ventana del departamento hacia ninguna parte en realidad.
Hombre de 53 años, de rostro endurecido por la vida y piel morena llena de arrugas provocadas por su difícil ritmo de vida, fue, hasta hace unos años un prominente hombre de negocios en una de las empresas mas importantes de la ciudad. Ahora está acabado, física y sobre todo, moralmente.
Su duro corazón rompe el silencio con aquella áspera y ronca voz, en el cuarto…
- Eso querías, eso tuviste maldita perra…
- Sabes que nunca me gustó escucharte hablarme así papá…
La chica de aspecto triste y melancólico llevaba por nombre Sofia
- ¿Porqué nunca me quisiste?... ¿Qué de malo te hice yo para que así me trataras siempre papá?
- Siempre fuiste un estorbo, ¡lo arruinaste todo!...
- Yo no tuve la culpa de nada padre…
- ¡Si! Mi vida se fue al demonio desde que te apareciste hace años…
- Siempre me gritaste que yo había sido un accidente… un “maldito error de cálculo”
- Yo le dije a tu madre que no debíamos tenerte… pero ella, necia como era se negó al aborto. Estábamos bien sin ti… todo estaba bien, la amaba mucho. Pero llegaste y terminaste con su vida al mismo tiempo.
- No fue mi culpa… el parto se complicó debido a su enfermedad
- ¡Y ella no pudo salir adelante!... murió a las pocas horas de darte a luz… desde ese momento algo me dijo que habías nacido para hacer una desdicha mi vida.
- ¿Y por eso te empeñaste en agredirme?
Carlos se llevo las manos a la cara y tomó aire unos segundos…
- Fueron años malos, uno tras otro… la suerte, que antes me sonrió me abandonó. No podía llegar a casa a descansar a gusto pues tenías que estar llorando y gritando como desesperada.
- Era un bebé… ¿Qué más podía hacer?
- Tu llanto era como una pesadilla… más de una ves pensé en dejarte abandonada por ahí… no podía yo con esa responsabilidad… pues nunca desee tenerla. Además el dolor de la muerte de tu madre fueron dagas que se me enterraban cada día, cada mes y cada año que pasaba sin ella. Y tu me lo recordabas…
- Eso no justifica desquitarte con una niña indefensa…
- No lo niego, llegué muchas noches harto del trabajo y odiándote cada vez más… tu sola presencia me llenaba de odio… ¡por eso te golpeaba!
- Y Vaya que sacabas tu rencor en cada golpe que me dabas, pero creo que lo peor fue el daño psicológico que me diste… jamás escuche palabras de amor hacia mí, aunque todos los días lo deseaba y lo pedía al cielo.
- No te amaba, eras un estorbo, una inútil niña no deseada… luego vino el fraude de la empresa y la quiebra. Obviamente me quitaron el trabajo y con él caí mucho más.
- Yo trataba de animarte, tenía ya suficiente edad como para trabajar en algo…
- ¡No servías para nada!... tus míseras monedas que traías de vez en cuando a la casa nunca fueron suficientes para mitigar mi dolor y sobrellevar mi pena…
- Solo bebías y bebías… nunca quisiste buscar otro empleo o administrar lo que yo podía conseguir en la calle.
- Yo no podía renunciar al alcohol y cuando conocí a aquellas personas me hice adicto a esa mierda…
- Si, y los maltratos aumentaron también…
- Después, ya tenías edad como para hacer algo… jamás iba a permitir que fueras un bulto aquí nadamás… estaba convencido de que tenías que darme algo de lo mucho que me habías quitado… jejeje ¿pensaste que te ibas a ir? ¿ y dejarme morir aquí solo?...
- En verdad me encontraba tan desesperada que, a los 13 años quise escapar de aquí para jamás regresar…
- ¡Pero te atrapé! ¡Y, para que aprendieras a no hacer esas travesuras de niña estúpida tuve que ponerte un castigo!
- Cadenas… que marcaron mis delgados brazos desde ese instante…
- Te encadene y te dejé aquí todo el día sin comer… hasta que te arrepintieras de tu pecado y aprendieras la lección.
- De nada sirvieron mis súplicas para recibir tu perdón… no cediste papá. Te prometía que sería siempre una niña buena, pero no me escuchabas, estabas perdido en tu dolor.
Carlos dio la espalda a la ventana y se sentó en su viejo y desgastado sofá
- Hasta que por fin… una noche encontré para lo que eras buena…
- Si, lo recuerdo como si fuera anoche…
- Uno de mis amigos me trajo la coca a la casa y al mirarte ahí amarrada me pidió que te dejara estar unas horas con él… yo estuve de acuerdo pues me regalo el producto por ese favor… pero tu, cabrona… ¡no querías ayudarme!
- Tenía miedo papá…
- Tuve que darte unos cuantos golpes para que te calmaras y cooperaras… me fui y a mi regreso mi amigo ya no estaba… y para variar tu tirada como un trapo viejo en el suelo.
- Yo quise explicarte que fue lo que me hizo ese hombre sucio, pero nunca me escuchaste… no querías hacerlo. Fue tan... horrible...
- ¡Te quejabas de todo!.. ¿y de que otra manera iba a obtener dinero contigo?¡si eras una inútil!... además ya tenías edad suficiente
- Fue una pesadilla aun mayor a partir de ese día papá… ahí comprendí que de verdad nunca me ibas a querer. Temí que nunca lo harías...
- Tuvieron que pasar algunos años más para que fueras tomando gusto por esos trabajitos que hacías para mí…
- No les tomé gusto… cada vez que sucedía sentía que más me iba yo muriendo y tu nunca me quisiste ayudar. Me sentía tan vacía… como un objeto sin vida.
- Eras una perra… ¡solo para eso servías!... por lo menos con el dinero que me daban cada vez que venían esos tipos podía pagar el vicio.
- Yo pensaba que pronto se acabaría ese martirio… o por lo menos eso deseaba con toda mi alma. Las cadenas que me ponías cuando esos tipos terminaban de abusar de mí ya me quedaban grandes por lo delgada que estaba.
- ¡Pero no querías tragar!... eras peor que un perro callejero… tenía que darte patadas y meterte a la fuerza la comida a la boca para que no estuvieras tan flaca y les gustaras a mis clientes.
- Créeme que aguanté lo que pude papá… aún dentro de mi sufrimiento yo deseaba… que, de alguna manera… aunque fuera de esa… pudiera agradarte alguna vez.
- Nunca me agradaste… pero
- …
- Ahora que acabo de salir del hospital y los doctores no me dan más que unos días de vida, me siento mal…
- Lo sé…
- Hoy que siento la muerte cerca… pues ya no se puede hacer nada, mi salud esta acabada… todo lo que he tomado, lo que he bebido… y lo que he sentido está a punto de terminar para siempre conmigo. Y…
- …
Agachó la cabeza… se llevo las manos al rostro y sollozó…
- Me siento muy mal… tengo miedo… no quiero morir… temo por mi alma. Yo… nunca quise hacerte eso… yo…
Las lágrimas corrieron como ríos de sus ojos.
- Sé que es muy tarde para esto… pero… hija… perdóname… por favor… perdóname… te quiero…
- Por eso estoy aquí papá, te perdono… yo sabía y siempre tuve fé en que si me querías… y mira, ahora… por fin, me lo dices… no sabes lo feliz que me haces papá… yo siempre te quise y mi sueño de escucharte decir esas palabras hoy se hace realidad. Ni todas las marcas que me dejaste en mi cuerpo me hicieron perder la esperanza. Desgraciadamente ya no puedes escucharme… no sabes lo que daría por abrazarte y decirte que sí te perdono… pero… es tarde… ya estoy muerta.
Nunca sabrá si su disculpa fue escuchada, se encontraba solo en la habitación… y en su alma también.











7Comments
hola, que excelente post; te invito a Colectivo Carrousel un festival de blogs en el cual nos interesa que participes, saludos y te esperamos ^^
Hayyy que triste
Bueno... por lo menos al final se arrepintió.
Hasta me imaginé la escena con la niña como fantasma hablándole al papá sin poder ser escuchada.
Me alegra que hayas escrito de nuevo ;)
una amiga me paso el blog...estuvo muy bueno...entrare seguido ^^
definitivamente no pierde4s el estilo.
buen relato
Hermosa manera de escribir!
hola,
hace unos días encontré este blog, desde entonces he leido religiosamente los pequeños cuentos.
me pregunto que habrá pasado contigo gonzalo?
por qué de la nada desapareciste, tan silencioso y repentino como tus historias?
habrán pasado años desde la última vez que te pasaste por aqui, pero no te parece genial que el tiempo no haya alterado la esencia de tus escritos y el destino aun te traiga lectores?
gracias por el comentario Lucy
a veces regresa la nostalgia y entró a este lugar...
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