Friday, December 30, 2005

Una salida

- ¿Quién… quién eres tu? – dijo débilmente Carlos

El extraño se acercó lentamente a la cama, poco a poco la mísera luz de aquella habitación iluminó su figura. El tipo, de unos 60 años, medía no menos de 1.80 y vestía un viejo traje negro. Parecía sacado de una obra de teatro dramática o de la época victoriana europea. Sus ojos hundidos figuraban ante todo a pesar de su delgadísima figura. De no ser por el porte cualquiera juraría que estaba ante un moribundo.

- No te conozco…

El tipo se paro a un lado de la cama y lo miró con lástima…

- Mírate nada más como estás Carlos.
- ¿Quién eres?... nunca te había visto
- Te conozco muy bien, y he venido por ti – dijo el extraño hombre con una voz profunda y a la ves elegante.
- ¿A qué te refieres?... no entiendo…
- Solo mírate… estas sufriendo demasiado ¿no es así?
- Si…
- El dolor es insoportable…
- ¿Cómo lo sabes?
- Sé muchas cosas. Pero no te preocupes, estoy aquí para ayudarte.
- Ayudarme… ¿y cómo me podrías tu… ayudar?

El hombre se sentó junto a la cama y le dijo al oído…

- a morir…

Carlos sintió un escalofrío en ese momento y aunque le dolía todo el cuerpo trató de hacerse a un lado. Le dio un horrible miedo aquella persona tan extraña.

- ¡doctor!, ¡enfermera!... ¡vengan por favor! – gritó desesperado con la poca fuerza que tenía aún.
- No te molestes amigo, nadie te esta escuchando…
- ¡Di que quieres de mi!...
- Ya te lo dije, ayudarte simplemente. Ese es mi trabajo… y más en esta situación en la que estas…
- Vete, quien quiera que seas… no me siento nada bien
- Ya lo se… ¿recuerdas el accidente?

Como un espasmo eléctrico Carlos recordó aquel rechinar de llantas, todo sucedió tan rápido y a la vez tan lento… sintió que todo había acabado, que su vida llegaba hasta ahí.

- Si, era lo mas lógico… lo mejor para ti. ¿Te acuerdas cuando sentías al auto dar vueltas y vueltas?. Partes del auto salían volando y los vidrios se destrozaban. Cada trozo de vidrio sentías que se te incrustaba en el rostro y en el cuerpo.
- Cállate…
- Y lo peor eran tus piernas… atrapadas entre los fierros retorcidos. Y la espalda también sufrió mucho. Al no usar cinturón de seguridad recibió un daño enorme. Tu cuello, un brazo lo tienes roto. Y ni hablar de las piernas.

Carlos empezaba a sufrir más por los recuerdos de aquella noche que por lo mal que estaba en ese momento.

- Créeme que los doctores hicieron lo que pudieron… bueno, casi todos, pero tu situación estaba tan grave y tus piernas tan mal que nada se pudo hacer para salvarlas. ¿Cómo se siente ser medio hombre?... ¿eh?
- ¡Lárgate!...
- Mmm… no seas ingrato Carlos, recuerda que vengo a darte una solución a tu problema…
- ¡No quiero nada de ti!... ugh…

Un dolor espantoso recorrió desde la base de su columna vertebral hasta su cabeza y cuello.

- ¿Ves?... lo mejor que te hubiera sucedido era morir esa noche. ¿Para qué te aferras a la vida si estas en ese estado?. Eres un guiñapo.

Carlos sabía que el extraño tenía razón… el accidente fue muy aparatoso y de consecuencias graves. Le amputaron las dos piernas, estaba paralítico hasta el cuello y apenas y había salvado su brazo izquierdo. El derecho estaba roto. Los paramédicos lo sacaron unos segundos antes de que su auto explotara pero la sangre corría por toda su piel, rasgada por los vidrios. De eso ya tenía 2 semanas pero el dolor no cesaba ni por un instante. Los doctores le aseguraban que era un milagro que se hubiera salvado. Pero el estar en esa situación y saberse inmóvil para el resto de su vida era lo peor que le pudiera haber pasado.

- Entiéndelo amigo. Ya nada tienes que estar haciendo en esta tierra.
- Por algo sigo aquí… ¿no crees?
- Jejeje… ¿no me digas que crees en esos “designios divinos”?. Por favor, solo mírate en un espejo. Ya no servirás para nada. Apenas y puedes mover la cabeza, lo demás nunca podrás. Estás confinado a una silla de ruedas y a ver como pasa la vida enfrente de tus narices. Solo serás un estorbo.
- Pero… debo luchar… por mis hijos… estar con ellos
- ¿Y que vas a hacer en ese estado?... solo les estorbaras en su vida. Además… ¿crees que te perdonarán tu gran pecado?... ¿o ya no te acuerdas?...
- Cállate…
- ¿No me digas que ya lo habías borrado de tu memoria?... mmm mal, mal, mal…
- Yo, no quise… es que…
- De nada te vale lloriquear amigo. Solo estás recibiendo lo que mereces. ¿Cómo crees que se sienten tus niños de saber que su papi hizo lo que hizo?...
- ¡Cállate, por favor!...
- ¿Crees que te perdonaran algún día que le quitaste a su mami?
- Yo no sabia… no fue mi culpa… lo juro…

Carlos sabía a lo que se refería aquel extraño. Sabía muy bien lo que había causado ese accidente en la carretera. Pero no quería recordarlo. Se decía a si mismo a cada momento que no lo había hecho consciente. Que no había sido su culpa. Pero el extraño le había abierto esa herida que era aún mayor que las de su cuerpo.

Aquella noche Carlos había bebido mucho. El día en la oficina había estado pesado y era viernes. Como todos los fines de semana gustaba de ir a un bar de poca monta cerca de su casa. En aquel lugar se reunían personas de no muy buena reputación. Y las sexo-servidoras que acudían ya conocían muy bien a Carlos. Especialmente una, que era con la que estaba siempre.

- ¿Lo mismo de siempre cariño?

Carlos, cansado de su vida familiar pesada y tediosa se desahogaba con la ayuda del alcohol y la compañía de su sexy amiga. Pero especialmente aquella vez tomo demasiado. Tanto que al llegar a casa su esposa le reprocho el estado.

- ¿Recuerdas cuando llegaste a casa?... tu mujer te grito y te reprochó tu estado…
- ¡No!... solo estaba preocupada por mi…
- Lógicamente que te enfureciste y la empujaste
- No quise hacerlo…
- ¿Y Tampoco quisiste golpearla hasta que tu mano te doliera?
- No fue mi culpa… es que estaba muy borracho… el alcohol…
- El alcohol, el alcohol… por favor… no te escudas en ese pretexto tan viejo… tu no amabas a tu esposa
- ¡Claro que si!... y a mis hijos…
- Nada de eso amigo, ebrio lo único que hiciste fue realizar lo que siempre pensabas… querías deshacerte de ella, por eso la empujaste tan fuerte, se golpeo en la cabeza y murió al instante.
- ¡Pero yo no quería matarla!...
- ¿Y porque huiste tan cobardemente después? Sabias perfectamente lo que habías hecho…
- Estaba confundido… solo quería irme de ahí… tenia miedo… no sabía lo que había hecho… yo…

En ese momento no pudo soportarlo y Carlos derramo algunas lágrimas…

- La amaba… nunca quise que esto sucediera…
- ¿en serio la amabas?... ¿y por eso te ibas a embriagar con esa prostituta todos los fines de semana?... no seas ridículo.
- Me merezco esto… merezco estar aquí
- Eso es lo que te hace pensar tu estúpido sentimiento de culpa. Pero no, estas sufriendo por gusto amigo. Y déjame avisarte que estas condenado a muchos años de sufrimiento. Esto no es nada, créeme.
- Pero no puedo morir y dejar a mis hijos… soy su padre…
- Te aseguro que ellos no querrán saber nada de ti. Nunca te perdonarán que asesinaras a su madre.

Carlos recordaba todos los momentos de felicidad con su familia. Su querida esposa, todas aquellas veces en las que jugaban con sus hijos. De las reuniones familiares. Nunca supo en que momento cayó en esas tentaciones que lo llevaron a ese trágico desenlace. Pensaba en su esposa… muerta, por su culpa.

- Compréndelo amigo. Deja de aferrarte a vivir. Lo que viene para ti no es vida, sufrirás mucho, créeme. Yo puedo ayudarte. Solo ven conmigo y el dolor terminará. Es lo más sencillo.

Vio como el extraño se levanto y se dirigió a la puerta sin hacer ningún ruido

- Piénsalo amigo, pero no demores mucho. Muy pronto vendré de nuevo para saber tu decisión.

Carlos se despertó tan rápido como nunca lo había hecho. Sudaba a mares y su corazón palpitaba velozmente. Estaba solo en la habitación del hospital.

- ¿Se siente bien señor? – le dijo la enfermera que entraba en ese momento y que posteriormente se dirigió a la ventana para abrir las cortinas y entraran las primeras luces de la mañana.
- Si… creo… solo fue una pesadilla
- Bien, trate de descansar…

Pero Carlos no podía hacerlo. No después de aquel sueño tan aterrador. Sabía que era una pesadilla pero, quizás producida por remordimientos, por sentimientos de culpa que no lo iban a dejar vivir tranquilo nunca.

Ese día iba a ser intervenido quirúrgicamente, varios órganos internos estaban en muy mal estado y una barra de acero del auto le había perforado el estómago. Necesitaban operarlo esa misma tarde.

- Le recuerdo señor Silva que necesitamos de toda su ayuda y fortaleza para que la operación sea un éxito. Debe de hacer su parte y luchar para seguir viviendo, la voluntad de un paciente es crucial en casos como estos, ¿comprende?.
- Si doctor…

Esa tarde rumbo a la sala de operaciones Carlos solo pensaba en una cosa. El daño que le había hecho a sus hijos era irreparable, nada les traería de vuelta a su madre. Él no tenía derecho a vivir después de aquella noche. Y el dolor… el saberse inútil para siempre… pero por otro lado... sus hijos… quedarían solos…

Dios… ¿Qué hago?...

- Relájese, en unos segundos comenzara a sentir sueño…

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- ¿Y bien Carlos?... toma mi mano y ven conmigo...
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