Monday, January 17, 2005

La Herencia

Capítulo I


Un taxi avanzaba con buena velocidad hacia su destino mientras sus dos pasajeros muy callados miraban a través de las ventanillas el desolado paisaje del que eran testigos sus ojos.

- que triste está esto – Susan cortó de tajo aquel pesado silencio con su comentario.
- Así es… parece que nadie vive por aquí excepto mi tía – respondió Jim

Se encontraban a las afueras de Bermington, pequeña localidad situada al noreste de Ontario, Canadá. Si el pequeño pueblo era desolado y habitado por sólo unas cuantas cientas de personas la carretera era aún peor. El clima era frío, imperaba el aire helado y los vientos fuertes del norte.

- No era precisamente lo que esperaba de mis vacaciones – pensaba Jim mientras se acercaban a su destino: el hogar de su tía abuela Margaret.

Ya habían pasado muchos años que no se veían, apenas y la recordaba. De no ser por aquella llamada que había recibido el día anterior…

- ¿Mr. Sellis?
- Si, dígame?
- Soy Albert Campbell, apoderado legal de la señora Margaret Sellis – respondió aquel hombre

Aún sin relacionar bien sus ideas logró recordar escasos momentos familiares en los que había convivido con su tía Margaret.

- Ah si, dígame, ¿Qué hay con mi tía?
- Lamento comentarle que su señora tía esta muy grave… el médico dice que le queda muy poco tiempo de vida y me pidió que lo llamara. Me dio su número telefónico para pedirle que venga cuanto antes – dijo en tono grave
- Esta bien, iré en cuanto pueda
- Me ha dicho la señora que le depositó a su cuenta bancaria el dinero necesario para que pueda realizar el viaje señor
- Esta bien… gracias

Era bastante extraño el hecho de que la tía se acordara de él pues sólo un par de veces recuerda haberse visto cuando Jim era muy pequeño. Pero sobre todo lo que recapacitó minutos después le sembró más dudas… ¿cómo era que su tía tenía su teléfono y su número de cuenta?. Desde hacía 6 años y, a la muerte de su padre, decidió independizarse e irse a vivir a los Estados Unidos donde empezó de cero una vida nueva, cambio muchas veces de residencia, de teléfono y hasta hace unos meses no tenía un trabajo estable. Apenas empezaba a sonreirle la vida y de buenas a primeras recibe la llamada de una tía a la que nunca veía y que hace todo lo posible porque él la vaya a visitar en su lecho de muerte.

- ¿En qué piensas cariño? – dijo dulcemente Susan
- Sinceramente creo que la pura curiosidad me trajo hasta acá amor, conocer los motivos de mi tía para querer verme –
- Supongo que será para heredarte algo o simplemente quiere despedirse del único familiar que aún le queda en este mundo –
- Eso puede ser… - dijo Jim, al mismo tiempo que seguía preguntándose tantas cosas…

Al contrario de él, del lado izquierdo del asiento trasero del taxi se encontraba Susan, la novia de Jim. Se conocieron cuando él entro a trabajar de mozo de cocinero a un pequeño restaurante en Phoenix. Ella era una de las meseras encargadas del negocio, desde el principio le parecía simpática su manera de ser, siempre serio y callado, pero muy trabajador. Comenzaron a verse al terminar sus turnos de trabajo, y aunque, así como era buen empleado, Jim siempre se caracterizó por impuntual, cosa que no agradó a su jefe.

Ella lo amaba demasiado, en un par de semanas cumplirían dos años de ser novios y ya pensaban seriamente en matrimonio. El nuevo trabajo de Jim le había dado cierta estabilidad económica y en los últimos meses había podido mejorar un poco su condición económica. Precisamente hace apenas un día le había comentado el repentino viaje que haría a Canadá en el que la invitaba.

- ¿Hasta Canadá?, pero ¿y tu trabajo?
- No te preocupes Susie, sólo será un par de días máximo… la tía Margaret está ya muy grave y sólo quiere hablar conmigo – le dijo para convencerla
- Esta bien, te acompaño, nos servirán de vacaciones de fin de semana.

Aunque esa era la idea de Susan, cada que se acercaban más a su destino empezaba a dudar si en realidad serían unas tranquilas vacaciones.

Algo no le gustaba en todo aquello.




Capítulo II



- Vaya, queda más lejos de lo que nos había dicho el tipo de la gasolinera, amor…
- Si, no se que razones tuvo mi tía para venirse a vivir hasta acá…

Tratando de hacer memoria acerca de la tía Margaret, Jim logró visualizar a su padre comentado algunas cosas de ella con su madre. La madre de Jim murió de un ataque al corazón cuando él apenas tenía 7 años. Poco tiempo antes de su fallecimiento escucho a sus padres hablar encerrados en el despacho de la casa…

- Te digo que debemos irnos…
- La tía nunca se dará cuenta, cariño. Me aseguré bien de que nadie siguiera el coche…
- De verdad te lo digo Jonathan… es mejor irnos lo más pronto posible…
- No tengas miedo Ann, ya verás que no sucede nada… lo mejor es que actuemos como si no hubiera pasado nada. Solo es cuestión de días para que me den el ascenso y podamos irnos a Chicago, te lo aseguro. Además si ella nota algo raro en nosotros, sospecharía… solo te pido unos días más…

Días que nunca llegaron… esa conversación a Jim siempre le había parecido muy extraña, su naturaleza curiosa le hizo preguntar a su padre de qué estaban hablando esa noche, pero Jonathan nunca se lo quiso confiar. El fin de semana siguiente, regresaban los dos de una convivencia escolar cuando encontraron el cuerpo de Ann tirado en el suelo de la cocina… los doctores dijeron que un repentino ataque al corazón le había quitado la vida.

Fue un duro golpe para Jim, pero sobre todo para su padre, nunca se repuso de aquel suceso… como si él hubiera sido el responsable de todo se aisló y en poco tiempo se fue de la ciudad con Jim y arrastrando muchos miedos. Se volvió serio y uraño con todos. Nunca más se volvió a tocar el tema de su mamá, de la tía Margaret o de aquella conversación.

Huyeron de la ciudad y nunca más volvió a saber de la tía, hasta hace unas horas…

- Aquí es la dirección señor… - interrumpió de repente el taxista.
- Gracias, tenga…

La Casa era enorme… era una propiedad de varias hectáreas, a pesar del estilo arquitectónico tan tradicionalista de la Mansión, los jardines tenían muy mala pinta, estaban descuidados y llenos de hojas secas y ramas viejas. Los árboles que acompañaban la entrada parecían muertos desde hace muchos años y los arbustos y la maleza cubrían casi todo el panorama, incluida la enorme reja negra en donde ellos se encontraban de frente. Un cuervo parecía ser quien les daba la bienvenida, pues se encontraba en la punta de una estatua rota a la mitad del camino entre la reja y la puerta principal.

- Vaya, ¿muy lindo panorama, no crees Jim?




Capítulo III


- Sean bienvenidos, la señora Sellis se encuentra en su habitación, en un momento los llevaré con ella – dijo a los recién llegados un tipo de mediana complexión y de escaso cabello. – espero no haberlo molestado con mi llamada Mr. Sellis, pero su señora tía me pidió que lo trajera a toda costa.
- No se preocupe Mr. Campbell, el viaje fue largo, pero debía estar aquí acompañando a mi tía, si era ese su deseo – comentó Jim mientras jalaba del brazo a Susan que se mantenía impávida ante el tamaño de la casa.

Mientras subían las enormes escaleras la bella Susan tomaba detalle de cualquier cosa en la que se posaba su mirada. Pocas veces había contemplado de cerca tantos muebles y pinturas tan grandes y espléndidas. El mobiliario en general era muy elegante, todo estaba impecablemente limpio y contrastaba con el patio y jardines que acababan de pasar con dificultad. Se notaba que la tía vivía muy bien y contaba con una buena posición económica. La casa parecía ser de cuatro pisos, mientras Jim y Mr. Campbell hablaban, ella tomaba nota de todo… y se fijó en algo muy particular: en el segundo piso encontró que no existía iluminación alguna. El corredor parecía igual a los demás, pero al final de él una oscuridad total reinaba.

Notó que Jim también se dio cuenta de ello pues por un momento giró la cabeza hacia ese lugar, pero siguió subiendo normalmente.

- Después de todo no está nada mal la casita ¿eh? – susurró Susan al oído de Jim

Por fin llegaron al último piso donde pudieron ver al fondo de aquel pasillo adornado con un muy elegante y costoso alfombrado, la habitación principal. Tenía una débil luz que se distinguía desde donde ellos estaban.

- Bueno, debo irme señores, he cumplido con lo que la señora Margaret me ha encomendado, que estén bien – dijo, despidiéndose rápidamente aquel hombre

Sin duda era la más grande habitación que ninguno de ellos dos había visto jamás, en el centro estaba la cama cerrada con cortinas de seda y en el pequeño, pero elegante buró se encontraba una simple vela que se encargaba de iluminar pobremente aquello.

- Pasen hijos…
- ¿tía Margaret?... ¿Cómo estás?... Mr. Campbell me llamó diciéndome que…
- Ese Albert tan descortés como siempre… disculpen por favor su falta de educación, miren que dejarlos ahí en la entrada y largarse…
- No se preocupe señora, nos atendió bien.
- ¡Ah, tu debes ser Susan!, la novia de mi sobrino, ¿no es así?
- Eh… si, así es… pero ¿cómo sabes eso tía?¿nunca la habías visto?... – preguntó extrañado Jim
- Ah… llámalo intuición femenina… una sabe de esas cosas, ese brillo en sus ojos denota un gran cariño por ti Jimmy…
- Si, es mi pareja tía… hablando de otras cosas… me da gusto verte después de tanto tiempo, ¿Cómo estás de salud?, Mr. Campbell sólo me dijo que estabas enferma y que deseabas verme.
- Así es… el médico me dijo que me queda muy poco tiempo de vida, horas, quizás… estoy ya muy vieja y la tierra reclama mis huesos jejeje, si te he mandado traer es para dejarte todo esto que tengo sobrino… es mi patrimonio para tu futuro, no quisiera que mis tesoros se pierdan en manos del gobierno ¿sabes?... hay cosas muy valiosas aquí que es primordial que tu conserves cuando yo ya no esté en cuerpo aquí.
- Sinceramente el dinero no me interesa tía, nosotros vivimos muy tranquilos en los Estados Unidos… no tenemos intenciones de cambiar de vida. Además no tengo derecho con tus cosas, desgraciadamente mis padres me llevaron y me alejaron desde muy chico de ti, no creo merecer tu fortuna.
- Sí… tus padres… que en paz descansen… aún así es mi decisión en mi lecho de muerte dejarte todo esto Jimmy…
- Creo que es mejor que descanses tía, debes dormir…
- Gracias, ustedes también, hagan favor de tomar sus habitaciones, se quedaran aquí conmigo ¿verdad?.
- Sí tía… tenemos libres estos días… ya el lunes deberemos irnos de regreso a nuestros trabajos.
- Bueno, bueno… por ahora serán mis invitados de honor… disculpen si no hay servidumbre, pero les di vacaciones.
- Pero señora, usted necesita cuidados… si quiere podemos llamarlos para que vuelvan con usted y la atiendan…
- No hija, muchas gracias, pero no… aún no me muero y odio que me hagan las cosas como una inútil… tu, Jim… duerme en la habitación que está aquí enfrente de la mía y tu, linda… en la primera, la que está al inicio del pasillo. Si no les molesta intentaré dormir un rato, sírvanse, cenen lo que quieran, están en su casa.

Apenas acababan de salir cuando Susan le preguntó a Jim si acataría eso que le sonó a orden…

- No piensas que dormiremos separados ¿verdad cariño?
- Entiende Susie… no le tomes importancia… es una anciana, no nos quita nada con hacer su voluntad… quizás sea la última.
- De todos modos… creo que no le caí muy bien
- Ideas tuyas mujer. Lo que debemos hacer es tratar de pasarla bien mientras estamos aquí, tómalo como vacaciones ¿quieres?. Será mejor que vayamos abajo, tengo hambre.
- Yo no tengo apetito, sinceramente…



Capítulo IV



Ya era tarde, el frío calaba hasta los huesos afuera, por los grandes ventanales de la casa se podía ver los árboles moverse de lado a lado, como si trataran de soportar aquellos aires tan tremendos. La casa parecía de construcción muy buena pues no dejaba pasar ni una pequeña ráfaga de viento, Susan y Jim estaban en la planta baja, en la cocina, cenando algo ligero mientras platicaban.

- ¿No se te hace extraño que aquí no se sienta ni una pizca de frío amor?
- Me imagino que las paredes son muy gruesas Susie…
- A pesar del sueño que tengo, no me gusta eso de dormir lejos de ti Jim
- Quizás sólo sea esta noche cariño, no se mi tía cuando tiempo más esté con nosotros.
- ¿De verdad crees que te herede toda su fortuna?... ¿incluyendo esta mansión?
- No lo se, pero si lo hace pues ya no tendremos de qué preocuparnos, por lo que veo es muy rica, más de lo que pensaba.
- Y es tarde, vayámonos a dormir Jim…

No había terminado aquella frase cuando un chillido ahogado se escuchó a lo lejos…

- ¿Qué fue eso Jim?
- ¿Qué cosa?... quizás un animal allá afuera, cariño….

Sólo que lo que escucharon después provocó un escalofrío total en ellos…

- AAAHHHHHHHHHHHH!!!!!

No sonaba precisamente lejos… es más, podrían jurar que se había producido en esa misma casa.

- Jim, ¡alguien gritó aquí adentro!...
- Sí… esa fue una persona… parecía un hombre… debemos ir a buscarlo
- ¡Espera!, ¿no habrá sido la tía?
- Imposible, te digo que escuché claramente una voz de hombre… y no hasta el cuarto piso, quizás aquí mismo… tu espera aquí…
- ¡Ni lo pienses Jim!
- Por favor… quedate aquí…

Un tanto nervioso Jim tomo un cuchillo de un cajón de la cocina y empezó a inspeccionar el lugar… agudizó el oído… quizás otro grito podría suceder… pero no, nada escuchaba, sólo sus pasos…

Recorrió la sala, el grandísimo comedor… una estancia en donde se encontraba el piano… era muy fácil que alguien entrara y se escondiera, quizás era un ladrón que se había caído o algo por el estilo, él personalmente se cercioró de que estaba completamente cerrada la puerta principal, así como las ventanas, antes de irse a cenar con Susan. Revisó cuidadosamente cada una de las habitaciones y no encontró nada… subió al segundo piso de la mansión con mucho cuidado.

Por más que se esforzaba, no podía escuchar ningún sonido… fue entonces cuando miró hacia aquella zona de la casa que había llamado su atención cuando llegaron. Con más curiosidad que temor, se acercó lentamente… su mente sólo pensaba en que era muy probable que a estas alturas se haya producido el ruido… ni siquiera se acordaba de la tía o de la seguridad de Susan. Trató de encender las luces de aquel pasillo pero no parecían funcionar los interruptores, así que regreso por un pequeño candelero que estaba junto a las escaleras, lo encendió y se dirigió hacia allá de nuevo.

No había pasado mucho de esa zona cuando notó que no era que no funcionaran esos interruptores, sino que no había focos. No alumbraba nada, parecía un simple pasillo, contrario a la demás mansión esta parte no tenía alfombrado y ninguna clase de adorno acompañaba el camino, eran simples paredes. Eso se le hizo aún más extraño… miraba y dirigía la luz hacia todas direcciones sin hallar nada.

Hasta que llegó al final del pasillo y a su lado derecho pudo ver un gran cuadro con un marco maravilloso. Parecía muy costoso, aunque la pintura nunca la había visto. Un paisaje muy extraño estaba pintado en él. No era la gran cosa, sólo era un simple paisaje muy triste, parecía un bosque… una pintura al estilo del Romanticismo alemán. No parecía una gran obra de arte.

En ese momento pareció regresar a su misión… un lamento se oyó justo detrás de él… reaccionó rápido y volteo la luz hacia tras.

Había una puerta



Capítulo V



Una cosa era segura… alguien estaba ahí adentro. Ya sabía el origen del grito y del posterior lamento ahogado. Pegó la oreja a la puerta esperando escuchar algo más, pero nada… no escuchó nada. La analizó, rincón por rincón… era lisa, sin ningún adorno o relieve, excepto por un número que parecía inscrito en ella:

45131514

- ¿Un número de habitación?... ¿qué necesidad habría de enumerar un cuarto de una casa?- pensó ... no recordaba alguna otra habitación o lugar con un número más que esa.

Trató de abrir aquella puerta, pero como supuso estaba cerrada con llave… lo intentó varias veces pero nunca pudo hacerlo… necesitaba una llave. Volvió a acercarse para escuchar algo más, pero nada.

- ¿Hay alguien ahí adentro?- preguntó al acercarse

Nadie respondió, ni se volvió a emitir algún ruido de procedente de aquella habitación. Regresó con Susan rápido, por un momento había olvidado que se había quedado sola… aún así en su cabeza repasaba todo aquello que había visto.

- ¿y bien amor?, ¿Qué pasó?, ¿encontraste algo?...
- mmm, no encontré a nadie… quizás fue afuera amor – respondió Jim. Prefirió no contar lo que había encontrado en aquel pasillo pues conocía de sobra a Susan y sabía que se pondría muy nerviosa. Le intrigaba sobremanera aquella habitación a Jim y era mejor no asustar a Susie, sería mejor que él investigara por su cuenta.
- Pues no lo se Jim… estoy algo asustada…
- No te preocupes, ya revisé y no encontré a nadie
- Creo que deberíamos ir a ver a tu tía
- Sí, es cierto… aunque el ruido se oyó aquí abajo hay que ver que se encuentre bien – dijo Jim, apresurándose a subir las escaleras.

Susan lo seguía muy de cerca, no olvidaba aquel grito tan espantoso. Llegaron al piso donde estaba la habitación de la abuela y notaron que las luces estaban apagadas. Entreabrieron la puerta y vieron a la anciana durmiendo en su cama.

- pues ella parece estar tranquila… quizás ni siquiera escucho ese ruido… con eso que la casa está tan grande, es probable que ni lo escuchara – comentó en voz baja Jim mientras volvía a cerrar la puerta.
- Bueno pues es tarde, debemos dormir cariño…
- ¿Te vas a ir a tu cuarto?...
- Sí amor, si mi tía se da cuenta que dormimos juntos y no le hicimos caso puede sentirse mal…- Jim en verdad estaba intrigado por aquellos números que había leído en la puerta aquella y tenía intenciones de dar un vistazo a los otros pisos de la casa, quizás encontraría algo… y era mejor que Susan se quedara en su cuarto y que no se diera cuenta.
- No me gusta la idea de que estemos alejados Jim… tengo miedo…
- No te preocupes Susie, tu duerme tranquila, mira, traeré prendido mi teléfono celular por si algo se te llegara a ofrecer en la noche, sólo aprieta un botón y sabré que necesitas algo… ¿de acuerdo?
- Esta bien, mantenlo prendido toda la noche, por favor… - dijo Susan no muy convencida de la idea de Jim.

Cuando la dejó en su habitación Jim se dirigía a la suya mientras se preguntaba lo que pudo haber pasado en ese cuarto. Se recostó… espero unos minutos y se decidió a dar una vuelta por la casa… quizás encontraría algo más y de paso se cercioraría que no hubiera alguien escondido por ahí. Quizás ese hombre que estaba en el cuarto podría salir…

Jim recorrió muy sigilosamente por toda la mansión, piso por piso, pasillo por pasillo, esperando encontrar algo. Notó que efectivamente ninguna otra puerta tenía números como aquella… no podía prender todas las luces pues podría despertar a Susan y cargaba su celular por si algo se le ofrecía. A él siempre le había fascinado los secretos, era de naturaleza muy curiosa y observadora.

- No deberías de ser tan entrometido – le decía constantemente su padre cuando aún era un niño. Aunque de sobra sabía que eso era imposible, lo traía de sangre. Sus padres eran bibliotecarios y siempre estuvo familiarizado con libros. Aunque no compartía sus aficiones de leer todo libro que cayera en sus manos, a Jim siempre le fascinaron las novelas de misterio y suspenso.

Un poco desanimado decidió regresar a su habitación, era ya tarde y a pesar de la curiosidad estaba cansado por el largo viaje. Consideraba una mejor idea el investigar al día siguiente. Con la luz del sol como su compañera de descubrimientos.

Ya acostado notó que no podía dormir tranquilo. Cerraba los ojos y veía aquella puerta.

De repente sintió algo raro… entreabrió los ojos y vio una silueta en la entrada de su cuarto. De momento no pudo moverse… estaba frío e inmóvil. Sus articulaciones parecían entumidas por aquel repentino ambiente tan helado. Solo podía abrir los ojos. Trató de pronunciar palabras pero… estaba muy nervioso, sabía que algo malo pasaba.

Segundos eternos pasaron, ni la silueta se movía, ni él. De repente miró como comenzaba a moverse esa figura. Jim estaba nervioso, confundido e hizo un esfuerzo y prendió la lámpara que estaba en su buró. A pesar de la poca luz que comenzaba a emitir la lámpara pudo al fin, distinguir a su tía Margaret. Por un momento sintió un alivio.

- Pero tía… ¿Qué haces levantada tan tarde? – al fin pudo pronunciar Jim
- No te asustes hijo, sólo quería hablar contigo
- ¿Te pasa algo tía?
- Sí, me pasa que me queda poco tiempo de vida y como te lo había comentado pienso dejarte todas mis pertenencias
- No creo que sea hora para hablar de eso tía, debes descansar, no es bueno en tu condición el estar de pie… además… ¡estás descalza! ¡puedes enfermarte más!
- Me da gusto ver que hayas cumplido mi deseo de dormir aquí, sólo…
- Ven, te llevaré a tu habitación… y sí, no tiene nada de malo que durmamos separados Susie y yo, aun no nos casamos…
- Ni lo vayas a hacer…
- ¿Perdón?...- preguntó extrañado Jim, al mismo tiempo que vio con horror un detalle… la puerta estaba cerrada por dentro. Tal como la había dejado él antes de acostarse.
- Vamos hijo, vayamos a mi cuarto, llévame por favor – interrumpió sus pensamientos con esas palabras la tía Margaret.

Jim ya no dijo nada, cada momento que pasaba su mente se enredaba más… quizás eran los nervios o el largo viaje lo que no lo dejaban pensar con claridad. Llevaba a paso lento a su tía que caminaba con dificultad. Los años en ella habían sido crueles.

Entraron y él la ayudo a acostarse en la gran cama.

- Jim, muy pronto te daré un regalo, tu herencia… tu herencia, está en esta casa…
- No tienes que regalarme nada tía, todo esto es tuyo, tu has trabajado por esto.
- No, todo esto será tuyo… ésta será tu casa
- En serio te lo agradezco tía, pero yo tengo mi vida en los Estados Unidos, Susie y yo pensamos casarnos muy pronto y vivir allá. Además están nuestros trabajos y nuestras vidas allá. Puedo conservar esta casa en tu honor, si así lo deseas…
- Jim… ésta será tu casa… y… - no acabó de hablar cuando Jim notó que su respiración se agitaba cada vez más…
- Tía, será mejor que duermas, si quieres mañana hablamos- dijo Jim mientras la tapaba con las pesadas sábanas y se alejó hacia la puerta.
- Jim… prométeme que aceptaras mi herencia…
- Esta bien, tía… te lo prometo… si ese es tu deseo.
- Que bueno es escuchar eso… nunca le des la espalda a tu destino, recuerdalo…

Estaba a punto de salir Jim cuando no aguantó las ganas y le preguntó:

- ¿Tía?... ¿Qué hay en la habitación con el número?..

Los segundos pasaron y Jim comprendió que había sido una imprudencia, debía descansar su tía, pero antes de cerrar por completo la puerta escuchó un susurro…

- Tu herencia…



Capítulo VI



Habían sido muchas emociones aquella noche, así que Jim hasta la madrugada pudo conciliar el sueño. Interrumpido por la entrada abruta de Susan a su habitación…

- ¡Jim!, levántate… ¡tu tía ha fallecido!

En pocos minutos se encontraban ya bajando las escaleras los dos…

- ¿Y dices que tu la encontraste muerta en su cama, Susie?
- Así es, entonces le llamé a su doctor y me dijo que llegaría en unos segundos
- Pues llegó muy rápido ¿sabes?, mira que ya están tocando a la puerta…

Cuando abrió pudieron ver a un hombre de aspecto regordete y limpieza impecable.

- ¿Doctor Jackson?
- Hola, recibí la noticia del fallecimiento de la señora Sellis, es una pena en verdad.
- Pero… ¿vino usted solo? – preguntó Susie
- Sí, casualmente mi residencia está aquí cerca y como hoy es domingo hay muy pocas enfermeras… preferí dejarlos en sus trabajos y venir solo.
- ¿No tendría que venir alguien más?... hay que preparar lo del velatorio y arreglar el lugar de su entierro – agregó Jim
- No se preocupen por todo eso, conocía de sobra a Madame Margaret y me encargó arreglarme personalmente de todo esto. Me comentó que vendrían y que no deseaba causarles algún tipo de molestias.
- Esta bien, por lo que veo… mi tía pensaba en todo…
- Así es señor Sellis, la señora pensó hasta en su entierro.
- ¿Qué quiere decir?
- Que su voluntad era ser enterrada en la parte trasera de esta mansión… en el jardín para ser exactos. Y aquí tengo los papeles firmados para que no haya problemas.
- Vaya… hasta muerta es extraña – pensó Susie


Mientras el Dr. Jackson se encontraba preparando el cuerpo de su tía, Jim estaba abajo sentado en la sala. Se sentía confundido por aquello que le había dicho su tía antes de morir… ¿su herencia estaba en aquella habitación?...¿porque tanta insistencia en habitar esta casa?.

- ¿Qué pasa amor?, ¿en qué tanto piensas?... ah, ya se… en lo del ruido de anoche ¿no?... me imagino que fue nuestra imaginación. Yo pasé una noche placentera… créeme que a pesar del miedo que me dio ese ruido pocas veces he dormido tan a gusto. Como un bebé. Y no escuche absolutamente nada – dijo Susan.
- ¿Eh?.. ah si…
- ¿Y ahora Jim?, después del entierro nos iremos verdad?, mañana tenemos cosas que hacer…
- No lo se Susie… quizás haya que ver lo de la herencia…
- Bueno pero de eso se hará cargo el licenciado Campbell, su trabajo es ese, ya nos hará llegar hasta Phoenix. Ya sabes, firmar papeles y eso… si te heredó esta casa pues puedes venderla…
- Mi tía no quería eso –dijo en tono grave Jim
- Bueno, si quieres consérvala en su honor… si te deja dinero en efectivo puedes pagar para que gente la venga a mantener en buen estado. O podemos venir de vez en cuando a pasar unas vacaciones para no descuidarla amor.

Jim ya no dijo nada, pensaba muchas cosas, pero entre esos planes no estaba el irse. Su curiosidad era muy grande y no podía ignorarla.

Eran las 5 de la tarde cuando, estando en el enorme jardín de la casa, enterraron el ataúd de la tía. Al no encontrar a sus trabajadores por teléfono y notar que el cuerpo de la tía se descomponía muy rápidamente, habían decidido enterrarla ellos mismos.

- Ahora es cuando se necesitaba a la servidumbre – pensaba a cada momento Susie mientras veía al Dr. y a Jim acabar de enterrar la caja con la tía.

Habiendo terminado de enterrar el cuerpo el clima cambió, a pesar de que no era muy tarde las nubes negras se acercaban rápidamente. Se avecinaba una tormenta.

- Bueno, como pueden ver, parece que lloverá a mares hoy… debo retirarme señor Sellis- dijo el Dr. Jackson
- Si, gracias por venir y por tomarse tantas molestias…
- Nosotros también nos retiramos, lo seguiremos en un taxi Dr. – dijo apresurada Susie – ya no tenemos nada que hacer aquí – agregó
- Creo que sería mejor quedarnos un día más amor…
- Me parece una acertada idea, señor Sellis… no sería bueno que este clima los tome por sorpresa en la carretera – dijo el Dr. Jackson
- Pero… pensé que sólo nos quedaríamos una noche Jim… tu me dijiste…
- ¡Yo no te dije nada! – dijo con un tono de molestia a Susan
- No se preocupe señorita, Mr. Sellis tiene razón, un día más aquí no les hará daño.

No terminaba de cerrar la puerta de la entrada principal Jim cuando Susan, en tono molesta y al mismo tiempo preocupada le dijo:

- ¿Porqué decidiste quedarte Jim?, ¿para qué nos quedamos aquí otro dia?
- No hay nada de malo en hacerlo, ¿ya viste la tormenta que esta a punto de caer?, nos puede suceder un accidente. Ni siquiera podría venir un taxi con este tiempo.
- ¡Pero pudimos habernos ido en el auto del Dr.!, es más… podemos revisar si algunos de los autos que están guardados en la cochera tiene suficiente gasolina como para que lleguemos a la casa del Dr. Jackson. Yo creo que si, es muy probable eso.
- No, nos quedaremos sólo una noche más
- Pero…
- ¡Ya está decidido Susan! – gritó Jim

Pocas veces Susan había escuchado a Jim molestarse con ella de esa manera. Se quedó sin palabras y se retiro corriendo a su habitación.

A pesar de lo que antes pudiera haberle preocupado, Jim estaba pensando sólo en una cosa: entrar a esa habitación.



Capítulo VII



A Jim no le importaba el cómo se sentía Susan, era tal la curiosidad y el hambre de saber lo que su tía le había heredado… que no se fijó que llevaba horas encerrada mientras él revisaba cada libro de la Biblioteca en el gran estudio de la planta baja.

Ella es un estorbo, nunca debe de saber el secreto Jimmy

El escuchar eso lo dejó estupefacto. ¡era la voz de una mujer!... sino fuera porque hace unas horas acababa de enterrar a su tía juraría que era ella que le estaba hablando al oído. Volteó hacia todas partes y no vió a nadie. Revisó todo el sitio y confirmo que estaba solo. Su mente le estaba jugando bromas pesadas seguramente. Eso pensó o quiso suponer. Nada quería que lo distrajera de su búsqueda.

Noto que la tía Margaret tenía una gran cantidad de libros, de todos los géneros, pero si había algo que predominaba eran los de temas extraños. Analizando fríamente y con mucha calma aquella biblioteca, notó que a pesar de la variedad de temas, éstos no parecían tener una lógica o estar relacionados entre si. La literatura se cortaba y no se definía una preferencia lógica entre aficionados a libros.

Recordaba que sus padres preferían libros antiguos y una vez encontró en un cajón del escritorio de su padre uno muy raro. Sólo lo había ojeado y notó que era muy antiguo, más de los otros. Contenía grabados y hablaba de… ritos, hechizos… parecía un libro de magia negra y simbolismos ocultos. Jim siempre pensó que a eso se debía que su padre lo hubiera escondido. El que un niño leyera esas cosas no era algo muy común.

Parecía que nunca acabaría de leer todo aquello así que decidió ir a echar un vistazo a la habitación de la tía.

Tu sabes lo que debes de hacer hijo

- ¿Qué demonios era eso? – pensó alarmado.

Afuera la tormenta era implacable, los árboles parecían ramas a punto de quebrarse de la fuerza de los vientos. Debido al aguacero no podía verse a mucha distancia desde las ventanas. Jim llegó al cuarto y empezó a registrar los cajones. Quizás la llave estaba aquí… pero no encontraba nada… empezaba a molestarse…

- Si no encuentro esa llave rápido pensaré seriamente en abrirla a la fuerza, romperé esa vieja madera que me separa de aquello que tanto me prometía… - súbitamente detuvo su comentario cuando vió una vieja fotografía entre unos papeles de aquel buró… era su tía Margaret con Jim en sus piernas… pero lo que lo dejó sin aliento eran las palabras que estaban escritas sobre aquella imagen en sepia:

“Margaret y su hijo Jim, Noviembre 19, 1928”




Capítulo VIII



Unos minutos antes, en la primera habitación del segundo piso de aquella mansión se encontraba llorando en su cama, la bella Susan.

- ¿Porqué Jim?, esta casa me asusta…- pensaba con frecuencia mientras las lágrimas brotaban de sus verdes ojos.

No podía explicarse porque esa reacción de Jim, nunca le había gritado de esa manera… y había algo en su comportamiento que no le gustaba. Estaba muy extraño.

- Debe ser esto de su tía, no me importa si le hereda su fortuna o no, yo lo único que quiero es regresar a Phoenix… entre más lejos de esta gente loca estemos, mejor – se dijo

Se secó las lágrimas con un pañuelo que tenía en el bolsillo izquierdo del abrigo. Se levantó y justo cuando pasó por la ventana de su habitación se detuvo. Contemplaba aquella tormenta. Pensaba en cómo haría para que salieran de ahí… en la cochera Jim y ella habían visto dos autos, uno más limpio que el otro, seguramente ésa era el que manejaba el chofer de la tía y debía de tener gasolina. No habían visto una gasolinera por estos rumbos, con excepción de la que estaba a orillas de Bermington… pero quedaba a muchos kilómetros de aquí… por lógica debía haber suficiente gasolina almacenada en la cochera por si se necesitaba.

De repente su mirada se posó un una figura ahí en el jardín… ¡era el Dr. Jackson!... estaba ahí, debajo de aquella tormenta… ¿qué hacía?, hace unas horas se iba muy apresurado hasta su casa… ¿para qué había regresado?...

Susan sintió mucho miedo… tomó el teléfono de su habitación y llamó a la casa del Dr., pensó que su imaginación la había hecho ver esa silueta y pensaba confirmar el paradero del doctor. Pero no había línea telefónica. Quizás la tormenta tan violenta había cortado algunos cables o interrumpido el servicio.

Tomo su celular y a pesar de la baja recepción pudo hacer la llamada… pero sin éxito pues nadie le contestó.

- ¡Maldición! – se dijo a sí misma

Pensó que era urgente ver a Jim y largárse de una buena vez de ahí… así que bajó las escaleras con rumbo a la biblioteca, quizás Jim estaba ahí, pues pasó a su habitación y no estaba. Pero al llegar al segundo nivel de la mansión instintivamente miró hacia aquella zona que le había causado tanta extrañeza al llegar el día anterior. No soportó la curiosidad y, tomando el pequeño candelero que estaba ahí a la mano, se acercó sigilosamente.

Algo le decía que en ese lugar podía estar Jim…

- ¿Amor?... ¿Jim, estás ahí?...

Encontró la pintura y la puerta al final del pasillo. Con su temblorosa mano derecha tomó su celular… iba a comunicarse con Jim como habían quedado, esa cara era tan grande que resultaba complicado encontrarse en esas condiciones… además se le hizo muy rara esa puerta y sus números…

- 4-5… ¿ qué querrían decir?... ¿era como una combinación secreta?

Mientras examinaba con detenimiento esos números no notaba que la puerta estaba poco a poco abriéndose. Se hizo a un lado con pánico… la puerta se abrió por completo y pudo ver su interior…



Capítulo IX



- ¿Qué clase de broma era esa?... – Jim se encontraba en shock… esa fotografía… ¿la tía Margaret era su verdadera madre?...

Aunque Jim no podía negar lo obvio… él era el niño de la foto, ahora recordaba que nunca sus padres le había mostrado fotografías de recién nacido con ellos. Nunca en su vida había visto una fotografía de sus padres con él en brazos… sólo le venía a la memoria una imagen de él a los 5 años ya con su padre… pero aún siendo que él era hijo de Margaret Sellis, quedaba una incógnita lo bastante grande como para hacerla a un lado o ignorarla:

- ¿1928? … es… imposible… ¡yo sólo tengo 29 años! – murmuraba

Sus pensamientos fueron interrumpidos por el sonido de su celular. Lo tomó rápidamente y entonces recordó que había quedado con Susan de usarlo por si necesitaba algo.

- ¿Si?, ¿Susan… Susan, que pasa?
- Jim… te lo suplico… ayudame…
- ¿En donde estás?
- En… la habitación d…
- ¿Cúal?... ¿Susie?...¡Susan!...

La llamada se había cortado. Algo malo le había sucedido a Susan. Por su curiosidad de conocer el secreto de la herencia que le habían dejado había olvidado por completo a su prometida. Jim estaba totalmente confundido… ¿cuál habitación?... ¿acaso…?

Bajó corriendo al segundo nivel y encontró al final del pasillo el candelero tirado y con las velas apagadas… lo tomó, bajó a la cocina y lo volvió a encender.

- Dios… Susan estaba en la habitación…¡de alguna manera había encontrado la llave o la manera de entrar!

Tu regalo te espera hijo mío

- ¡Esa voz de nuevo retumbando en mi cabeza!... ¿me llama mi madre… muerta?

Jim regresó dispuesto a derrumbar la puerta, pero al intentar hacerlo no pudo moverla ni un milímetro… la madera parecía acero. Tomó una gruesa silla que estaba al principio del pasillo pensando debilitar por lo menos la madera de aquella puerta extraña. Pero nada lograba.

- ¿Qué demonios pasa aquí? – se preguntaba

Estaba desesperado… sólo que no estaba seguro si por tratar de entrar y ayudar a su prometida… o porque ya ansiaba conocer esa herencia que, conforme pasaban los minutos, anhelaba más y más… era como una droga que se le había metido hasta el alma. En su desesperación por abrirla, tomó el cuadro que estaba enfrente de la puerta y lo estrelló con todas sus fuerzas. Notó asombrado que, al despedazarse el vidrio de la pintura parecía haber roto también el lienzo… pero al fijarse más notó que debajo de aquel paisaje se encontraba ¡otra pintura!... el paisaje tan simple que estaba al frente sólo servía para cubrir otro.

Lo tomó y acercó la luz para mirarlo… horrorizado vio una escena terrible: una figura humana con cabeza y patas de un macho cabrío se encontraba al centro. En una mano tenía una copa y en la otra, una daga. Parecía estar en un ritual o celebración mística… parecía el retrato de una misa negra… debajo de él, en un tipo de mesa circular había una mujer desnuda, con el pecho abierto y bañada en sangre…

Se levantó rápidamente y tiró la pintura… ¿de que se trataba todo esto?... ¿por qué su… madre tenía esta clase de pinturas?... sabía que esa puerta no iba a poder ser abierta hasta encontrar la llave… pero el ver esa pintura le había dado una pista…



Capítulo X



Se dirigió a la biblioteca y tomó aquel viejo libro de temas satánicos que había encontrado. Al ojearlo más concienzudamente encontró un capítulo referente a pinturas llenas de herejías y blasfemias. Entonces en una página… ¡vio la misma pintura que estaba ahí mismo!, ¡en el segundo piso de la mansión!.

“Demon”, óleo sobre tela, Charles K. Lewis… representación de un ritual conocido como In dimacus venti.

- Vaya, por lo que veo aquí es un rito de aceptación al maligno… ¿en casa de mi madre? - se preguntaba Jim en su mente

Todo eso le resultaba por demás misterioso… entonces trató de abrir los cajones de aquel escritorio para buscar algún otro libro o más datos que le sirvieran. Pero el segundo cajón de la derecha parecía estar atascado, no abría. Jim, decidido a buscar en todos lados una pista para encontrar la llave y abrir aquella puerta, tomó algunas herramientas que estaban en el desván y rompió aquello.

No parecía haber alguna llave o libros, pero encontró varios folders con documentos. Parecían papeles importantes de la tía Margaret. Entre ellos encontró más fotografías de él y su madre Margaret… y una copia de un acta de nacimiento registrado en 1975 ya con el nombre de sus padres, Jonathan y Ann.

- ¿es que acaso mi verdadera madre me dio en adopción a ellos?... pero eso no explica estas fotografías tan antiguas cuando yo era niño… - se decía.

En eso, encontró una hoja con números y letras. ¡La misma secuencia de la puerta!.

4,5,13,15,14

- mmm… aquí no forman un solo número, sino que están separados por comas

En esa misma hoja encontró letras sueltas, tomó un lápiz del escritorio y escribió el alfabeto. Relacionó la secuencia de números y tomó la letra que le correspondía a cada una.

- ¡DEMON!... ¡como el título de la pintura que estaba escondida enfrente de la puerta! – se dijo entusiasmado por el descubrimiento
- Mi madre ocultó el significado de esa habitación con números y escondió la pintura para no levantar sospechas… pero ¿y la llave?

Con estos últimos descubrimientos subió de nuevo a la habitación de su madre fallecida. Había un cuadro arriba de la cabecera de la gran cama donde ella murió. Era un retrato suyo. No tenía nada en particular. Él la tomó, quitó el vidrio pensando encontrar algún otro lienzo debajo de el retrato pero parecía que no había nada. Debido a la tormenta la luz en toda la mansión se fue y él siempre andaba cargando velas. Se acercó desilusionado a la ventana. Ya no sabía donde más buscar y en esa pintura no había nada. Hasta que, al aparecer un rayo afuera, iluminó el cuarto de tal manera que notó una señal en la pintura. Parecía que, sobre la misma pintura estaba corregida una pequeña parte, como si tiempo después de realizarse ese retrato alguien hubiera encimado más pintura para tapar algo. Parecía un material no muy resistente, hecho a base de agua… como si hace poco se hubiera puesto.

Bajó a buscar materiales para disolverlo. Se llevó la pintura con él y con mucho cuidado trató de quitar esa pequeña porción de pintura para ver el original completo. Poco a poco, raspando la pintura se dejaba ver lo que estaba de bajo. Cuando terminó pudo observar que el original mostraba a su madre sentada en una elegante silla y en la mano derecha mostraba un pequeño alhajero guardando una llave dorada.

- ¡Su alhajero de mano! – en ese momento recordó haberlo visto aún cuando ella se encontraba en cama, agonizante…

Jim sabía que había sido enterrada con él. Recuerda que el Dr. y él en persona la vieron por última vez mientras cerraban el ataúd para enterrarla. No había opción… se dirigió con pala y pico en mano hacia el jardín.

Afuera la tormenta era implacable, ráfagas feroces de aire frío le golpeaban la cara, sentía que cada vez que el aire lo tocaba era como una bofetada intensa. Empezaba a sentir la cara inflamada y el cuerpo golpeado, pero a pesar de eso, no desistía mientras desenterraba el ataúd de su madre.

El frío era espantoso… apenas y podía moverse, pero por fin… después de unos minutos de lucha contra el terreno, alcanzó el ataúd y lo abrió. El cuerpo estaba en un avanzado estado de putrefacción y en su mano cerrada, pudo ver el alhajero. Cuando tocó la mano de la fallecida sintió algo muy raro… calor. Se detuvo unos segundos, pero regresó a su cometido, tomó el alhajero, cerró el ataúd y se regresó velozmente a la mansión.




Capítulo XI




- Por fin tengo la llave en mi poder – se dijo satisfecho

Subió al segundo nivel de la mansión y se detuvo enfrente de aquella puerta. Notó que en una esquina estaba tirado el celular de Susan.

- Susan… lo había olvidado…

Se sacó la llave dorada del bolsillo y abrió la puerta. Estaba nervioso… temeroso de lo que iba a encontrar ahí… de conocer ese secreto tan bien guardado por su tía.

Detrás de la puerta estaba un pasillo que, al final contenía otra puerta más… con la débil luz de las velas caminaba lentamente por el pasillo… era muy grande. Con horror miraba las pinturas y esculturas que habían ahí. Pinturas horribles, imágenes de muerte… de misas negras y torturas. Encontró grabados muy antiguos de sufrimiento y dolor. Jim empezó a tener miedo en serio… pero a pesar de eso, su curiosidad era mayor… por un momento su razón lo hizo detenerse y pensar en la posibilidad de irse ahora que aún podía de aquel lugar y olvidarse de todo. Olvidarse de esta pesadilla, pero él ya no soportaba el hambre de conocimiento.

- Si ya llegué hasta aquí no me detendré

La puerta del fondo estaba entreabierta y llevaba a unas escaleras. Éstas últimas subían hasta lo que parecía el cuarto piso. Camino hacia arriba encontró pequeñas antorchas que iluminaban todo mejor que su pequeño candelero.

Por fin, llegó a su destino, abrió la puerta y entró a un cuarto muy grande y obscuro.

- Pasa hijo mío – se oyó a lo lejos
- ¿Mmm… madre? – preguntó temeroso Jim

En eso se encendieron las antorchas que estaban a los lados del cuarto. Jim se quedó sin palabras cuando pudo ver claramente. Su madre estaba de pie con una daga en la mano. Tenía la cara y los brazos en clara descomposición… como la acababa de dejar hace unos minutos… ¡en su ataúd!. En una mesa de piedra circular estaba Susan, desnuda y con extraños símbolos dibujados en su piel. Estaba atada de pies y manos a la mesa con pesadas cadenas. Parecía semi-consciente, y con la cara llena de lágrimas. En el suelo se encontraban marcas extrañas y veladoras color rojo formando signos satánicos. Volteó y detrás de él vio al Dr. Jackson. Él cargaba la cabeza del que parecía ser Mr. Campbell. Sus manos y ropa estaban manchadas de sangre.

- El pobre Albert sabía demasiado hijo, así que tuvimos que callarlo – dijo, al fin, Margaret Sellis. – Llegas justo a tiempo para comenzar Jimmy
- Pero… ¿de qué se trata eso?... ¿ qué piensan hacer con Susan?... dijo tembloroso
- ¡¡Jim!!... ayúdame... ¡¡¡Jim!!! – gritó en ese momento la chica, aún en el mal estado que se encontraba.
- Como ya te diste cuenta en lo que descubriste hijo… éste es un ritual de aceptación, tu ritual… el que esperé por tanto tiempo.
- ¡Qué locuras dices tía!...
- Sabes que soy tu madre Jim… veo que Jonathan y Ann al final no pudieron alejarme de ti. Cuando tu padre se entrometió en mis planes y en mi casa sabía que tarde o temprano se darían a la fuga.
- ¿Pero, de que hablas?... ¡¿tu mataste a mi madre?! – preguntó molesto y sorprendido.
- Lo hice por ti, mi pequeño…

Esa noche, en la que escuchó a sus padres discutir acerca de la tía Margaret… fue ahí cuando sus padres descubrieron todo esto y pensaban irse a los Estados Unidos y llevárselo a él.

- Sé lo que estás pensando Jim, sí, yo maté a tu madre cuando tu padre descubrió todo esto, él… en vano creyó que podría escapar de mi y alejarte de tu destino. Pero ahora que mi inevitable muerte se aproxima era urgente que te trajera hasta acá
- Es imposible que yo sea tu hijo… esa fotografía que…
- ¡Sí, claro que lo eres!... tu eres especial hijo mío… tienes mi sangre y mi maldición y legado lo tienes tu… nosotros tenemos la cualidad de vivir más de lo normal… ¡somos elegidos por nuestro amo maligno!... era necesario que fueras un adulto para entenderlo y aceptarlo… así que por eso deje que hicieras o trataras de hacer una vida “normal”.
- ¿Y esta es la herencia que me prometías?... ¡bruja!... ¡mataste a mis padres y ahora quieres hacer lo mismo con mi prometida y mi vida! – gritó Jim
- No tienes opciones Jim… cuando hace casi un siglo hice contacto con mi amo y señor, Satanás… le prometí mi alma y la de mi estirpe con tal de darme lo que siempre había deseado y Dios nunca me otorgó: un hijo.
- ¡No, cállate!... tu… ¡ni siquiera estas viva!
- Desde hace décadas me dediqué a alabarlo y a practicar estos rituales… tan antiguos como la civilización misma… a cambio me dio riquezas y todo lo que yo deseaba… te di en adopción a tus supuestos padres para que llevaras una “vida normal” y cuando estuvieras preparado regresaras a mí. Mi supuesto fallecimiento fue planeado con Jackson, aquí presente… es cierto, me estoy pudriendo, pero tenía que darte a conocer todo esto. Tu pareja era un obstáculo, tu adoleces de un mal que tienen los viles siervos de Dios: el amor.
- ¡claro que la amo!… y será mejor que la sueltes ahora mismo… madre
- ¿No te has dado cuenta?... desde que entraste a esta casa tu verdadera naturaleza empezó a renacer y crecer dentro de ti… no querías encontrar la llave para salvar a tu amada… sino por la herencia…
- ¡No es verdad!... yo… amo a Susan… - dijo con voz más calmada Jim

En ese momento, Margarte se acercó a Jim y le dio la daga.

- Haz leído lo que hay que hacer hijo. Debes sacarle el corazón y beber de su sangre, ¿quíen mejor que ella que es tu único recuerdo de bondad?... será el último vestigio de humanidad y al hacerlo, aceptaras automáticamente al maligno, nuestro señor. La única manera para que no muera es beber de esta sangre, pero no tiene caso si tu no lo haces por convicción…

Jim tomó el arma y se acercó a Susan

- ¡¡¡Jim!!!, ¿¿Qué haces??... te… amo… ¡¡te amo!! – gritaba como desquiciada Susan
- Este es tu regalo hijo, ya estás listo para aceptarlo… hazlo ahora… antes de que mi verdadera muerte acontezca quiero verte heredado… tendrás poder y lo que desees… ¡hazlo!




Capítulo XII



La tormenta por fin había cesado. Y a pesar de que se mantenía un ambiente frío, los árboles que quedaban de pie parecían reír por su triunfo de la noche anterior. Todo en la mansión parecía volver a la calma.

En la ventana del despacho se encontraba Jim.

- A final de cuentas todo se arreglo… y con la tormenta, se acabaron los problemas… ¿verdad?
- Así es hijo… ya estás en casa, conmigo… tu verdadera madre.


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Saturday, January 01, 2005

Mi frío hogar

Que desolado está aquí…

Hace frío, en este lugar nunca sale el sol ni hace buen tiempo. Los pocos árboles que están aún de pie están secos, muertos… sin hojas que los vistan. Ramas secas a sus pies duermen, entre basura y pasto quemado. La moribunda y escasa vegetación que puede verse lucha por resistir a su inevitable caída, con la esperanza de que el sol vuelva a cubrirlos con sus rayos, cual abrazo de nueva vida… pero eso no pasará. La luz hace mucho tiempo dejó de existir aquí.

Todo se ve con un azul apagado que proviene del cielo, cuando las nubes negras se dispersan por los fuertes vientos suele sentirse un ligero calor, pero generalmente el ambiente y el clima es el mismo: frío.

Estoy sentado en una dura roca… miro hacia el horizonte y me pierdo entre montañas y áridas zonas que antes eran bosques.

Todo es igual, en el norte, en el sur… hacia donde quiera que volteo observo el mismo panorama. Estoy solo, no hay vida en este lugar. No hay esperanza de amor ni de dicha… eso dejó de existir aquí hace mucho

“Hijo, responde… vuelve con nosotros… te queremos”

Escucho en mi mente sus voces… muy lejanas… me levanto y me dirijo a ningún lado… sólo camino y camino… no reparo en las llagas que hacen en mis pies las duras rocas del maltrecho camino.

Aquí me siento bien, este es el mundo que he elegido… nada puede sacarme de aquí mientras yo no lo desee

“Levántate, ya no te deprimas así, te haces daño, entiéndelo hijo, por favor…”

Sé lo que me espera al vivir aquí, la soledad eterna y el dolor…

Mi depresión es la única brújula que llevo en la cabeza, caminaré así hasta caer rendido y muerto en este maldito lugar… no hay solución ni cura para mi enfermedad… si vuelvo a mi vida normal seguiré sufriendo. Sólo he sentido la crueldad en mi corazón.

Aquí yo mando, soy el dueño y señor… no hay nadie ni nada que profane mi sentir ni accionar… lo mejor será que me olviden para siempre…

-Siento decirles señores que… su hijo ha caído en un shock mental grave… ya no es sólo un problema depresivo común de chicos de su edad… no hay mucho que podamos nosotros hacer si él no pone de su parte para recuperarse –

-¿pero porqué doctor?... nosotros siempre le dimos todo… esa chica es la culpable, seguramente terminó con él por golfa, ¡ella es la que está mal! –

-Con todo respeto señora... a veces se les olvida a los padres darles atención y cariño a sus hijos... no sólo satisfacer sus necesidades económicas o materiales -

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