Alguien te observa
¿Les gustan las historias de amor?
A Cecilia si, y mucho.
Como a toda chica moderna, sus pasatiempos virtuales e informáticos ocupaban gran parte de su vida. Asistía a la universidad y cursaba el segundo semestre de la carrera de comercio internacional. Vivía sola con su madre, su padre las abandonó cuando ella apenas tenía 6 años y desde ese tiempo ha aprendido a valerse por si misma, pues su madre todo el día esta en el trabajo. Prácticamente esta sola en casa todo el día y como su madre algunas veces, por motivos de la oficina, tiene que realizar viajes de fin se semana, suele pasar la bella Cecilia semanas enteras encerrada en casa.
Su ocio lo descarga en la computadora. Más que una herramienta, para ella es una forma de vida, su compañera, su mejor amiga. La cuida más que a nadie, Cecilia es una chica introvertida, cuenta con pocos amigos en la universidad, pero su más preciada confidente es la máquina. En ella lleva anotaciones, su diario virtual y, debido a su afición e innata vocación literaria, escribe cantidades grandes de poesías y poemas contando en ellos sus sentimientos, anhelos y sueños.
Subía a la red algunos de sus escritos para, además de llenar su ego cada vez que alguien los leía y se los alababa, expresarse libremente. Ya que sus padres no podían estar con ella, aconsejarla y escuchar lo que su alma deseaba profundamente gritar, personas ajenas a ella sí lo hacían, y eso, a ella le encantaba.
Una noche, revisando los mensajes que le llegaban a su cuenta de correo electrónico leyó uno muy especial:
Hola Ceci, linda niña, tu último poema me ha cautivado. Como todo lo que siempre escribes. Me atreví a mandarte esto pues no contuve las ganas de saludar a tan hermosa mujer.
Red
Ella ya estaba un tanto acostumbrada a recibir e-mails de “admiradores” los cuales siempre hermoseaban lo que ella escribía solo con el fin de conocerla en persona y buscar algo más que una amistad. Ya no le daba mucha importancia a las invitaciones a salir pues siempre se había llevado chascos sentimentales. Ella era de naturaleza sensible y romántica, la nostalgia llenaba sus escritos cuando tocaba temas de amores esperados. Soñaba con su príncipe azul… aquel que la salvara de este mundo en el cual no se sentía libre y segura por completo.
Cecilia no era fea, pero la inseguridad era su mayor defecto, no se creía bonita y complejos de inferioridad física siempre la aquejaban. Nunca prestó mucha atención a su apariencia física y la moda no le interesaba en lo más minimo. Si a eso se le agrega que la mayoría de los chicos que ella trataba eran unos patanes con la palabra “sexo” tatuada en el cerebro, daba como resultado que ella fuera una chica un tanto solitaria y uraña.
Ella nunca había puesto su identidad en la web, ni subido fotos o algo por el estilo, le gustaba más la idea del anonimato; era esa siempre la razón por la que muchos chicos le escribían, siempre era lo mismo, tenían curiosidad por saber como era ella y después tirársela en la cama si les agradaba. Así le sucedió en dos ocasiones donde conoció en persona a dos jóvenes admiradores suyos y al platicar con ella y conocerla frente a frente se les había terminado la ilusión del comienzo… nunca más supo de ellos, uno se llamaba Miguel y el otro Román. Nadie había puesto interés en su interior y ellos descaradamente la habían botado.
El mensaje de Red le gustó por cortés. No pasó a mayores y esa noche volvió a escribir y escribir en su computadora. Al día siguiente vio que de nuevo tenía mensaje de Red.
Gracias por leer mi mensaje de ayer Ceci. Llenas de gozo mi alma sólo con pensar en que tus lindos ojos me regalaron unos segundos.
Red
Se animó, entonces, a contestarle y agradecerle sus comentarios. Pensó en comentar de ese admirador fuera de lo normal a alguien, pero su madre llegaba muy noche y casi nunca podían cruzar palabras aparte de saludos y despedidas fugaces.
Pero los mensajes por parte de Red no cesaban, día con día encontraba Cecilia uno en su correo. Todos escritos de una manera muy caballerosa, había ocasiones en que él hacía alusiones a poemas pasados de ella, encontró en él a un confidente con los mismos gustos, pocas veces habían hablado de cosas personales. Más que nada, sus pláticas se basaban en los sueños, en sus viajes internos… llenos de romanticismo y términos salidos de cada alma. Cecilia no acostumbraba chatear en vivo, sólo mandaba y recibía mensajes, pero en una noche llegó uno diciéndole:
Como cada día me complace saludarte bello ángel, pero ahora espero que me des la oportunidad de platicar en vivo. Ojalá que no me destroce el corazón una negativa y me regales unos segundos de tu tiempo mañana a las 10:00 pm. Esos segundos para mi serán eternidades de alegría.
Red
Cecilia había ya escarmentado con los otros dos tipos que había conocido por internet por las razones ya comentadas… pero había algo en Red que era distinto. Ella lo sentía sincero y no negaba sentir mucha curiosidad en saber más de él. Su manera de ser le gustaba… y la hacía imaginarse muchas cosas.
- No sé Ceci… tu misma ya has vivido en carne propia decepciones con disque “amores” cibernéticos… - le dijo Ana, única persona que podría llamársele amiga de Ceci cuando ésta última le platicó todo a la mañana siguiente.
- Pero él es distinto… lo puedo sentir… además ¿Qué pierdo con hacerlo? Sólo es chatear… y no le he mandado mis datos reales ni fotos… es, más bien, como un amor platónico
- Si pero… hay gente muy loca Ceci, cuídate… no vayas a caer en alguna especie de engaño…
- No te preocupes Ana, sólo me muero de ganas de platicar más a fondo con este chico – comentó Cecilia
Ana, una chica común, era una buena persona, le tenía afecto a Cecilia y de cierto modo trataba siempre de ayudarla a cambiar su manera de ser. Ella siempre la invitaba a tomar café, a reuniones, con el fin de que Ceci se abriera un poco más y conviviera con chicos como cualquiera de su edad.
- Oye, hablando de otra cosa… ¿vendrás a la fiesta en mi casa el viernes?
- Ah.. ¿me decías?...
- Mujer… ¡despierta!, ¿Por qué no vas a mi casa el fin de semana?
- No, gracias… sabes que no me agradan esas reuniones
- Si pero… ¿sabes?, supe que Joaquín va a ir… ¿no te gustaría ir y platicar un ratito con él?
Joaquín era compañero de Ana y Cecilia en la universidad, un chico serio y más responsable que los otros. No tan introvertido como Ana, pero de naturaleza cordial y semblante sereno. La mayoría de los compañeros de clase hacían mofa de las similitudes entre las maneras de ser de Cecilia y Joaquín, se decía que harían una “perfecta-extraña-pareja”. A Cecilia las burlas ya no le hacían ni cosquillas y no les daba importancia… tampoco se imaginaba andando con Joaquín. Nunca lo trató ni tenía intenciones de hacerlo.
- Yo no entiendo porque no te animas con Joaquín amiga… todo mundo sabe que es un buen chico… harían bonita pareja
- ¿Tienes alguna fobia con encontrarme novio?
- Uy… no es para que te molestes… sólo que creo más conveniente tener un novio real y no uno “virtual”
Esa noche Ceci llegó más rápido de lo normal a casa. Estaba emocionada, se le notaba, sobre todo cuando a cada momento volteaba la mirada al reloj de su habitación esperando a que las manecillas avisaran de el momento esperado.
10:00 pm.
Red: Hola Linda
C: Hola, eres puntual…
Red: ¿Y como no serlo ante tal acontecimiento especial? Gracias por hacer caso a mis súplicas.
C: Gracias a ti por ser tan amable y caballeroso en tus correos
Red: es lo menos que puedo hacer, ¿sabes?... tus escritos son mi alimento, sin ellos moriría en cuestión de segundos…
C: Siempre eres así de apasionado?
Red: Creeme que no linda. Sólo desde que he seguido cada uno de tus poemas… son tan… hermosos… sólo enmarcan la belleza de la autora.
C: gracias de nuevo… tu galantería a veces abruma
Red: tu alma también lo hace… en cada párrafo que escribes me elevas al cielo, tus letras me transportan a situaciones y lugares de singular belleza. Pero sobre todo me hacen ver una cosa linda Cecilia…
C: ¿Qué cosa?
Red: leo soledad, mucha soledad… ¿cómo es que alguien con ese valor e inteligencia se siente así?
C: Bueno, je… a veces siento que
Red: que no eres de este mundo?... te sientes ajena a los demás chicos de tu edad ¿cierto?...
C: de cierto modo si…
Red: seres celestiales como tú tienden a pensar igual…el mundo ahora es un gran círculo vicioso. La sociedad es una masa gelatinosa, sin forma ni nombre que está llena de envidias, rencores, pecados…
C: es cierto… el mundo es muy material
Red: Así es Ceci, todo y todos giran alrededor del dinero y buscando poder, así se les va su mísera vida… tratando de ser quienes no son, envidiando todo aquello que no tienen y todo sólo para “ser felices”
C: Sí…a pocos les interesa el alma y el corazón
Red: El de ellos esta tan manchado… tan lleno de pecados y de mentiras. Todos arderán en el infierno.
C: ¿Tu crees en el infierno? ¿en Dios?...
Red: Claro Ceci… y por todo eso tu eres especial y distinta a todas las chicas. La mayoría son zorritas, animalitos sin cerebro. Tu estas limpia, de eso estoy seguro…
C: bueno, creo que en este mundo hay toda clase de gente… no soy única…
Red: Sí, si lo eres, la mejor…. bueno, debo irme. Pero antes dime… ¿alguna vez podremos conocernos en persona?
C: bueno… no lo se amigo… sé poco de ti… soy un poco….
Red: ¿desconfiada?... sí… entiendo… pero te aseguro que yo no soy como Román y Miguel.
Eso fue lo último que escribió Red, se salió y dejó a Cecilia con una duda en la mente…
- ¿Cómo supo de aquellos dos chicos?- se preguntaba a cada momento… nunca lo había ella comentado a nadie.
Toda aquella noche se quedó pensando en aquel detalle… Red parecía un buen tipo, a pesar de que nunca le había preguntado sus datos personales, seguramente no era un niño… su manera de ser decía lo contrario. De cualquier forma a ella la edad no le interesaba si pensaba tener algún tipo de relación sentimental con Red. Le emocionaba cada cosa que él le decía… lo admiraba de cierta manera… lo empezaba a querer y la idea de conocerlo en persona la seguía a todo momento. Pero… ¿en realidad qué buscaba o quién era él?....
- ¿Y no has sabido nada de él desde esa noche? ¿ya no te ha escrito?
- No Ana, es muy extraño, a diario recibía un correo suyo…
- Pues quizás esté ocupado… de cualquier forma no deberías de darla más importancia de la que se merece – le decía Ana a Cecilia mientras caminaban por los pasillos del colegio.
Cuando ambas llegaron a sus lóckers Cecilia encontró algo inesperado…
- ¡wow!... mira Ceci… ¡rosas! – gritó emocionada Ana mientras Cecilia se quedaba parada viendo lo que alguien había metido a su casillero. Había una tarjeta la cual decía:
Para una chica muy especial. Espero y podamos salir éste sábado a cenar. Joaquín
- vaya, vaya con la mosquita muerta ¿¿¿eh???, jajajaja
- deja de burlarte Ana… no se que clase de broma sea ésta.
- ¿broma?, pues es simplemente que Joaquín está interesado en ti, ¿qué otra cosa ha de ser tonta?
- Pero si nunca hemos cruzado palabra alguna en clases… además… no, no tengo cabeza para nadie ahora.
- ¿pero si para tu “novio misterioso”, no?... ay amiga, anda, acepta la invitación, Joaquín es buen chavo… el fin de semana pasado, en la casa, me estuvo preguntando acerca de ti.
- No se Ana…
- Andale… ya estuvo bueno de que te la pases todo el día metida en esa computadora, necesitas salir a divertirte… a vivir la vida, a conocer gente. Piénsalo Ceci… Joaquín es buen chico y seguramente así te olvidaras de tus fantasmas cibernéticos.
Rumbo a su casa Cecilia iba pensando en la posibilidad de alejarse un poco de ese mundo en el cuál estaba metida. ¿Y si se diera la oportunidad con Joaquín?... quizás Ana tenía razón y debía de olvidarse de amores platónicos o imposibles
Subió tranquila las escaleras…
- ¿Mamá? – preguntó en voz alta.
Había quedado en que iba a llegar en la mañana del viaje y estarían juntas todo el fin de semana, como hacía muchos años no lo hacían. Pero parecía que no estaba. Checó el teléfono y encontró un mensaje grabado:
Cielo, lamento esto pero me surgió un imprevisto, tendré que quedarme aquí, llego el lunes, nos vemos.
- Mmm… nada nuevo – pensó Cecilia.
Más que costumbre que por otra cosa encendió su computadora. Pensaba y cada momento que pasaba se decidía más a salir con Joaquín el fin de semana. Si, se iba a dar ella misma una oportunidad. Pudiera ser que en realidad se diera algo bonito entre ellos dos… aunque en el fondo sabía que por muy bueno que resultara Joaquín, no se comparaba con Red.
En ese preciso momento vio un mensaje nuevo:
Hola Ceci. Hoy a las 10:00 pm.
Red.
Se quedó callada unos momentos analizando eso. ¿Porqué había vuelto a aparecer tan súbitamente después de todos esos días sin saber nada de él?... además ese tono no parecía tan caballeroso como el de la última vez que chatearon. Es más, sonaba más a una orden.
Estaba sentada frente al monitor cuando sonó el teléfono. Bajó rápidamente a contestar… algo le decía que no eran muy buenas noticias.
- ¿Eres tu Cecilia? – preguntó una voz femenina un tanto angustiada
- Si… ¿Quién es, perdón?
- Mira, soy la madre de Joaquín… encontré tu teléfono entre las cosas de mi hijo, ¿de casualidad no está contigo ahora?
- No señora, para nada… ¿porqué lo dice?
- Porque me dijo que se dirigía para tu casa… llevaba un ramo de flores que te quería dar… pero eso fue a las 6 de la tarde… me preocupa porque me dijo que regresaría temprano, a más tardar a las 8
- Pues aquí no está señora… acabo de llegar de la escuela… quizás vino y como no me encontró se fue a otro lado.
- No lo sé hija… estoy preocupada… háblame si sabes algo de él ¿si?... quizás al no encontrarte regrese al rato a tu casa.
- Ok señora, si sé de él le avisaré.
- Gracias, buenas noches linda.
Cecilia supuso que Joaquín quería darle una sorpresa al llegar antes a su casa y sin avisar.- seguramente Ana le dio mi dirección y venía a confirmar lo de la invitación a cenar – pensaba.
De cualquier forma seguía pensando en si conectarse y chatear con Red o no… se había quedado con la duda de cómo tenía Red conocimiento de sus anteriores relaciones fallidas. Cecilia se lo había preguntado por correo y nunca obtuvo respuesta, el asunto de Red estaba casi olvidado… casi. Ese correo confirmo que algo extraño pasaba con todo eso.
A las 10:00 abrió su mensajero… dieron 10:10 y nada… estaba ya muy impaciente hasta que lo vio conectarse.
Red: Hola cariño
C: Hola… que milagro que te conectas… ¿te pasó algo todo este tiempo?
Red: No te apures, he estado siempre contigo.
C: si, claro… bueno, ¿para qué es la cita?
Red: Te extrañaba Ceci, como ya no escribes tus poemas… me haces falta
C: O sea que ¿si te conectabas?, y ¿porqué no respondiste a los correos que te he enviado?. Espero que me expliques cómo sabes de Miguel y de Román. Nunca he escrito de ellos en mi diario virtual…
Red: Sé más de lo que te imaginas de ti Ceci
C: ya me di cuenta… dime ¿Quién eres?
Red: No deberías de preocuparte amor…
C: no me digas amor… no somos pareja tu y yo
Red: No te enojes nena… te he hecho favores alejándote de tipos nefastos como aquellos dos.
C: ¿Qué dices?... ¿cómo que alejándome?
C: contesta!
Red: Ellos no te merecían amor… son basura, pecadores que simplemente mancharían tu alma tan pura… tan limpia… como la mía
C: ¿de que hablas??
Red: Tu y yo somos el uno para el otro Ceci… tu belleza e inteligencia no se comparan con ninguna otra, te conozco muy bien… eres lo que yo necesito. Debemos ser pareja y yo.
C: ¿estas loco acaso?... no nos conocemos, o si???
Red: en realidad nunca me ausenté Ceci… sólo preparaba todo para el gran día de conocernos y juntar nuestras almas y corazones.
C: mira amigo, creo que estas muy mal… será mejor que me vaya.
Red: No tienes a donde ir Ceci.
En ese momento Cecilia comenzó a sentir escalofrío. ¿Quién o qué quería ese loco del otro lado de la computadora?... y si ¿decía la verdad y la conocía?.
Red: vamos Ceci… hazlo por el buen Joaquín. Es un chico simpático.
C: ¿¿de que hablas??... ¿Cómo sabes de Joaquín?
Red: bueno… hemos estado platicando un rato… pero ¿sabes?... sus flores son un asco. Este niño no tiene ni idea en enamorar chicas ¿eh?. No te conviene amor mío, es un idota.
C: ¿¿dónde lo tienes??... ¿¿que haz hecho con él???, dímelo!!!!
Red: tranquila Ceci, tranquila… estos chicos son una plaga, no deberían de existir, ninguno de ellos. Así que pienso liberarlo de esta pesadilla que debe de tener por vida y mandarlo a donde debe de estar… al infierno. O en todo caso… quizás podrías venir por él… y sirve de que hablamos por fin en persona, ¿no crees cariño?
C: más vale que lo dejes ir, ¡no le hagas nada o llamaré a la policía!
Red: mmm eso no sería bueno para mi amigo Joaquín… mejor ven a mi casa para la gran noche y si me lo pides lo dejo libre. ¿Cómo ves?
C: ¿a tu casa?....
Red: no te preocupes amor… no está lejos. De hecho. Soy tu vecino querida.
Cecilia no sabía qué decir… se quedó con un mar de ideas en la cabeza… ¿su vecino?... ¿aquel hombre tan extraño que siempre salía de viaje y que vivía en la casa de junto?... sólo recuerda habérselo topado una vez desde que su madre y ella se fueron a vivir a aquel vecindario. Fue precisamente el día que llegaron con la mudanza. Era un tipo de unos 40 o 45 años, calvo, un tanto gordo, pero lo que más recuerda de ese momento fue la mirada que tuvo hacia ella. Recuerda que le dio miedo y se metió corriendo a su casa.
Nunca más volvió a verlo. Por su madre se enteró que viajaba mucho y pasaban meses enteros sin que se supiera de él. La casa estaba prácticamente abandonada… o eso es lo que parecía o creía hasta esa noche.
Red: amor mío? Ya deja de divagar quieres?... sólo es cuestión de que te animes y vengas a mi casa. Ah y si estas pensando en llamar a la policía mientras vienes temo decirte que no podrás. Te diré que mejor trabajo no podría tener tu mami. Mira que dejar la casa sola toda la mañana. Tiempo más que suficiente para que alguien entrara y colocara ciertas cámaras en lugares estratégicos… ¿no crees?
Cecilia sintió miedo… ese hombre estaba loco y parecía estar decidido a todo con ella… miró hacia una esquina y vio una pequeña lente…
Red: saluda a la cámara linda… ahora, vente a mi casa. Ah, te aviso que como no creo que necesites el teléfono acabo de quitarte la línea, espero que no te moleste. Y además tuve tiempo de poner cuatro camaritas, hay una en tu cuarto, otra en el pasillo, otra en las escaleras y otra en la entrada. Vente lo más tranquila que puedas amor… y no intentes nada extraño, como quitar las cámaras o coger cuchillos de cocina o cosas por el estilo. Desde aquí veré todos tus movimientos y si haces algo extraño… pues cargaras en tu consciencia con la vida del buen Joaquín. Así que vente en este momento y no hagas nada raro… te espero amor mío.
Cecilia creía estar en una pesadilla. No sabía que hacer, la vida de Joaquín estaba en peligro en manos de ese loco… y aunque afuera podría pedir ayuda sólo estaba a una casa de distancia de aquel asesino. No tenía opción… tenía que ir con él… rogando al cielo que alguien la ayudara.
Con paso lento bajo las escaleras y caminó hacia la puerta. Sentía la atenta mirada de aquel tipo mediante las lentes de sus cámaras. Había llegado tan distraída de la escuela pensando en tantas cosas que nunca reparó en observar bien a su alrededor. Se maldecía a cada paso que daba. Hasta hace unos minutos acababa de hablar por teléfono… si hubiera estado mas atenta a todo quizás hubiera visto alguna de esas cámaras y hablado a la policía. Pero estaba ciega, dentro de ella seguía un sentimiento de curiosidad hacia Red, aún a pesar de lo extraño que le parecía todo aquello en el fondo, muy en el fondo… le parecía atractivo.
- Qué idiota fui – se decía así misma
No había absolutamente nadie en la calle, nadie a quien pedirle ayuda…. Además notó que la ventana que daba hacia ella estaba con una luz apenas encendida. Era la única habitación prendida en toda aquella casa. Seguramente él la estaba vigilando de ahí. Con gusto quería echarse a correr y pedir ayuda o simplemente ponerse a salvo de ese maniático, pero… ya tenía dos muertes en su consciencia… no quería una más.
La puerta estaba entreabierta. Toda la planta baja estaba obscura. Todas las casas de esa calle eran iguales así que no le fue difícil caminar aún sin haber entrado nunca ahí y con aquella pálida luz de la luna sirviéndole de única guía.
- Estoy aquí arriba Ceci. Sube.- se oyó con voz grave proveniente del segundo piso. De aquella habitación iluminada débilmente.
Ella estaba temblando… nunca en su vida había sentido tanto miedo… no sabía que iba a hacer… cómo iba a poder salir con bien de todo esto…
Con paso tembloroso llego hasta la habitación… tenia miedo de lo que podría estar del otro lado de la puerta. Miro hacia adentro y pudo ver a Joaquín Amarrado a una silla. Parecía muy golpeado pero aún estaba vivo. Estaba amordazado y cuando la vio llegar empezó a querer gritar, pero la cinta en su boca no lo dejaba.
- Hola linda niña, por fin… muchas veces soñé con tenerte en mi habitación. ¿Ves como nada es imposible en esta vida? – se oyó del otro lado del cuarto. Era aquel viejo que tanto miedo le dio cuando lo vio de niña.
- Suéltalo, por favor… él no tiene culpa de nada
- ¿De nada?... nts,nts… este chico anda tras de ti. Eso me pone muy celoso ¿sabes?
- ¿Cómo es que me conoces tanto?
- Mi niña… desde que llegaste hace años con tu mami a este vecindario y te miré… fue como tener un contacto con un ángel. Fue algo maravilloso Ceci. Fue amor a primera vista, claro que un hombre de 40 anduviera de novio de una niña de 9 no podría ser bien visto. Así que decidí no acercarme a ti hasta que ya tuvieras tu mayoría de edad. Ahora que ya tienes 19 es muy distinto. Ya eres una mujercita. Pero mientras crecías me dediqué a conocerte, a observarte por esta ventana…
Cecilia noto que aquel hombre parecía ser un fanático religioso. Crucifijos e imágenes colgadas en todas partes. Muchas veladoras y en una pared algo que le impresionó. Un pequeño espacio para un altar con fotografías suyas y muchas veladoras a sus pies.
- ¿Las ves amor?... sí… eres un ángel en toda la extensión de la palabra y como tal, te adoro. Siempre tuve mucho cuidado de no prender más que una veladora para que no notaras que había alguien viviendo aquí. Me he pasado años en la oscuridad…. esperando el momento preciso.
Aquella ventana daba justamente a la habitación de Cecilia, ella siempre sintió escalofríos de ella pero sabía que no había nadie en aquella casa. Ahora ve que estaba equivocada.
- Encontré en el internet la herramienta idónea para contactarte… además, déjame decirte que me sorprende tu manera de escribir. ¡Y con lo que me gusta la literatura a mí!... aparte de bella eres inteligente, conforme pasaban los años me ibas gustando más y más.
- ¿Qué les hiciste a aquellos dos chicos? – interrumpió Ceci
- Ah si… me di cuenta que era peligroso para nuestro amor el que trataras con otros chicos de tu edad, además… eran unos patanes. Te hice un gran favor amor mío, eran basura, como todos… y además cobardes, siendo tan pecadores le tenían mucho miedo a la muerte. No te preocupes más por ellos, ahora están pagando con la condena eterna.
- Pero… ¿¿Cómo te atreves a meterte en mi vida??
- Porque tu vida y la mía están predestinadas amor… tu y yo somos seres especiales, somos personas limpias de todo mal y debemos cuidarnos de los corderos falsos, de los demonios en la tierra…
Mientras él hablaba desesperadamente Cecilia buscaba algo con lo cual defenderse…
- Eres muy chica e inexperta aún. Pero yo te revelaré la verdad Ceci. Tu y yo somos de los pocos elegidos para disfrutar de los cielos divinos. El juicio se acerca y los pecadores arderán, pagaran con sangre cada uno de sus errores. Yo he venido a salvarte, esa es mi misión… encontrar almas buenas, como la tuya para salvarte de todos ellos
Con cada palabra que pronunciaba aquel hombre parecía ponerse más histérico… su agitación era notoria y el corazón le palpitaba más y más. Cecilia pudo ver en el escritorio donde se encontraba la computadora unas tijeras… sabía que era solo cuestión de segundos para actuar…
- Mis ruegos han surtido efecto, el Señor me da ahora la oportunidad de tenerte y de salvarte pequeña… he puesto muchas veladoras esperando que el humo sagrado purifique nuestro encuentro… aquel chico sólo es una piedra en nuestro zapato. Debemos mandarlo juntos al infierno y una vez que lo hayamos hecho comenzar nuestro gran amor Cecilia… ¡seremos la unión perfecta!
Fue en ese momento en el que, con la adrenalina al máximo, la chica tomó velozmente las tijeras. Con la decisión y coraje que da el pánico se abalanzó contra aquel hombre. A pesar de la diferencia de fuerzas lo tomó desprevenido y mal parado, haciendo que cayeran al suelo, tirando a su paso las veladoras. La chica, como una fiera desatada luchó por su vida, logró clavarle las tijeras en el estómago al viejo y éste reía como un maniático al mismo tiempo que la abrazaba y besaba. Rodaban por el piso de la habitación… la cual en cuestión de segundos abrazaban las llamas… el fuego se propagó muy rápidamente por todos lados…
Esa es mi historia de amor… la más grande… sé que Cecilia me está esperando en el cielo.
- Ya es sólo cuestión de minutos doctor
- Sí enfermera… el paciente comienza a delirar. Lo mejor es que sea pronto su deceso. Las quemaduras en todo su cuerpo y sus heridas deben de ser muy dolorosas, aunque increíblemente parece nunca quejarse de ellas.
- Aunque se salvara ahora, la policía dice que le esperaría cadena perpetua…
- Es un maniático. Tipos como ese me dan asco.
Sí… ¡ya veo la luz!... ¡¡si!!... me está esperando mi bella Ceci…¡¡si!!...
A Cecilia si, y mucho.
Como a toda chica moderna, sus pasatiempos virtuales e informáticos ocupaban gran parte de su vida. Asistía a la universidad y cursaba el segundo semestre de la carrera de comercio internacional. Vivía sola con su madre, su padre las abandonó cuando ella apenas tenía 6 años y desde ese tiempo ha aprendido a valerse por si misma, pues su madre todo el día esta en el trabajo. Prácticamente esta sola en casa todo el día y como su madre algunas veces, por motivos de la oficina, tiene que realizar viajes de fin se semana, suele pasar la bella Cecilia semanas enteras encerrada en casa.
Su ocio lo descarga en la computadora. Más que una herramienta, para ella es una forma de vida, su compañera, su mejor amiga. La cuida más que a nadie, Cecilia es una chica introvertida, cuenta con pocos amigos en la universidad, pero su más preciada confidente es la máquina. En ella lleva anotaciones, su diario virtual y, debido a su afición e innata vocación literaria, escribe cantidades grandes de poesías y poemas contando en ellos sus sentimientos, anhelos y sueños.
Subía a la red algunos de sus escritos para, además de llenar su ego cada vez que alguien los leía y se los alababa, expresarse libremente. Ya que sus padres no podían estar con ella, aconsejarla y escuchar lo que su alma deseaba profundamente gritar, personas ajenas a ella sí lo hacían, y eso, a ella le encantaba.
Una noche, revisando los mensajes que le llegaban a su cuenta de correo electrónico leyó uno muy especial:
Hola Ceci, linda niña, tu último poema me ha cautivado. Como todo lo que siempre escribes. Me atreví a mandarte esto pues no contuve las ganas de saludar a tan hermosa mujer.
Red
Ella ya estaba un tanto acostumbrada a recibir e-mails de “admiradores” los cuales siempre hermoseaban lo que ella escribía solo con el fin de conocerla en persona y buscar algo más que una amistad. Ya no le daba mucha importancia a las invitaciones a salir pues siempre se había llevado chascos sentimentales. Ella era de naturaleza sensible y romántica, la nostalgia llenaba sus escritos cuando tocaba temas de amores esperados. Soñaba con su príncipe azul… aquel que la salvara de este mundo en el cual no se sentía libre y segura por completo.
Cecilia no era fea, pero la inseguridad era su mayor defecto, no se creía bonita y complejos de inferioridad física siempre la aquejaban. Nunca prestó mucha atención a su apariencia física y la moda no le interesaba en lo más minimo. Si a eso se le agrega que la mayoría de los chicos que ella trataba eran unos patanes con la palabra “sexo” tatuada en el cerebro, daba como resultado que ella fuera una chica un tanto solitaria y uraña.
Ella nunca había puesto su identidad en la web, ni subido fotos o algo por el estilo, le gustaba más la idea del anonimato; era esa siempre la razón por la que muchos chicos le escribían, siempre era lo mismo, tenían curiosidad por saber como era ella y después tirársela en la cama si les agradaba. Así le sucedió en dos ocasiones donde conoció en persona a dos jóvenes admiradores suyos y al platicar con ella y conocerla frente a frente se les había terminado la ilusión del comienzo… nunca más supo de ellos, uno se llamaba Miguel y el otro Román. Nadie había puesto interés en su interior y ellos descaradamente la habían botado.
El mensaje de Red le gustó por cortés. No pasó a mayores y esa noche volvió a escribir y escribir en su computadora. Al día siguiente vio que de nuevo tenía mensaje de Red.
Gracias por leer mi mensaje de ayer Ceci. Llenas de gozo mi alma sólo con pensar en que tus lindos ojos me regalaron unos segundos.
Red
Se animó, entonces, a contestarle y agradecerle sus comentarios. Pensó en comentar de ese admirador fuera de lo normal a alguien, pero su madre llegaba muy noche y casi nunca podían cruzar palabras aparte de saludos y despedidas fugaces.
Pero los mensajes por parte de Red no cesaban, día con día encontraba Cecilia uno en su correo. Todos escritos de una manera muy caballerosa, había ocasiones en que él hacía alusiones a poemas pasados de ella, encontró en él a un confidente con los mismos gustos, pocas veces habían hablado de cosas personales. Más que nada, sus pláticas se basaban en los sueños, en sus viajes internos… llenos de romanticismo y términos salidos de cada alma. Cecilia no acostumbraba chatear en vivo, sólo mandaba y recibía mensajes, pero en una noche llegó uno diciéndole:
Como cada día me complace saludarte bello ángel, pero ahora espero que me des la oportunidad de platicar en vivo. Ojalá que no me destroce el corazón una negativa y me regales unos segundos de tu tiempo mañana a las 10:00 pm. Esos segundos para mi serán eternidades de alegría.
Red
Cecilia había ya escarmentado con los otros dos tipos que había conocido por internet por las razones ya comentadas… pero había algo en Red que era distinto. Ella lo sentía sincero y no negaba sentir mucha curiosidad en saber más de él. Su manera de ser le gustaba… y la hacía imaginarse muchas cosas.
- No sé Ceci… tu misma ya has vivido en carne propia decepciones con disque “amores” cibernéticos… - le dijo Ana, única persona que podría llamársele amiga de Ceci cuando ésta última le platicó todo a la mañana siguiente.
- Pero él es distinto… lo puedo sentir… además ¿Qué pierdo con hacerlo? Sólo es chatear… y no le he mandado mis datos reales ni fotos… es, más bien, como un amor platónico
- Si pero… hay gente muy loca Ceci, cuídate… no vayas a caer en alguna especie de engaño…
- No te preocupes Ana, sólo me muero de ganas de platicar más a fondo con este chico – comentó Cecilia
Ana, una chica común, era una buena persona, le tenía afecto a Cecilia y de cierto modo trataba siempre de ayudarla a cambiar su manera de ser. Ella siempre la invitaba a tomar café, a reuniones, con el fin de que Ceci se abriera un poco más y conviviera con chicos como cualquiera de su edad.
- Oye, hablando de otra cosa… ¿vendrás a la fiesta en mi casa el viernes?
- Ah.. ¿me decías?...
- Mujer… ¡despierta!, ¿Por qué no vas a mi casa el fin de semana?
- No, gracias… sabes que no me agradan esas reuniones
- Si pero… ¿sabes?, supe que Joaquín va a ir… ¿no te gustaría ir y platicar un ratito con él?
Joaquín era compañero de Ana y Cecilia en la universidad, un chico serio y más responsable que los otros. No tan introvertido como Ana, pero de naturaleza cordial y semblante sereno. La mayoría de los compañeros de clase hacían mofa de las similitudes entre las maneras de ser de Cecilia y Joaquín, se decía que harían una “perfecta-extraña-pareja”. A Cecilia las burlas ya no le hacían ni cosquillas y no les daba importancia… tampoco se imaginaba andando con Joaquín. Nunca lo trató ni tenía intenciones de hacerlo.
- Yo no entiendo porque no te animas con Joaquín amiga… todo mundo sabe que es un buen chico… harían bonita pareja
- ¿Tienes alguna fobia con encontrarme novio?
- Uy… no es para que te molestes… sólo que creo más conveniente tener un novio real y no uno “virtual”
Esa noche Ceci llegó más rápido de lo normal a casa. Estaba emocionada, se le notaba, sobre todo cuando a cada momento volteaba la mirada al reloj de su habitación esperando a que las manecillas avisaran de el momento esperado.
10:00 pm.
Red: Hola Linda
C: Hola, eres puntual…
Red: ¿Y como no serlo ante tal acontecimiento especial? Gracias por hacer caso a mis súplicas.
C: Gracias a ti por ser tan amable y caballeroso en tus correos
Red: es lo menos que puedo hacer, ¿sabes?... tus escritos son mi alimento, sin ellos moriría en cuestión de segundos…
C: Siempre eres así de apasionado?
Red: Creeme que no linda. Sólo desde que he seguido cada uno de tus poemas… son tan… hermosos… sólo enmarcan la belleza de la autora.
C: gracias de nuevo… tu galantería a veces abruma
Red: tu alma también lo hace… en cada párrafo que escribes me elevas al cielo, tus letras me transportan a situaciones y lugares de singular belleza. Pero sobre todo me hacen ver una cosa linda Cecilia…
C: ¿Qué cosa?
Red: leo soledad, mucha soledad… ¿cómo es que alguien con ese valor e inteligencia se siente así?
C: Bueno, je… a veces siento que
Red: que no eres de este mundo?... te sientes ajena a los demás chicos de tu edad ¿cierto?...
C: de cierto modo si…
Red: seres celestiales como tú tienden a pensar igual…el mundo ahora es un gran círculo vicioso. La sociedad es una masa gelatinosa, sin forma ni nombre que está llena de envidias, rencores, pecados…
C: es cierto… el mundo es muy material
Red: Así es Ceci, todo y todos giran alrededor del dinero y buscando poder, así se les va su mísera vida… tratando de ser quienes no son, envidiando todo aquello que no tienen y todo sólo para “ser felices”
C: Sí…a pocos les interesa el alma y el corazón
Red: El de ellos esta tan manchado… tan lleno de pecados y de mentiras. Todos arderán en el infierno.
C: ¿Tu crees en el infierno? ¿en Dios?...
Red: Claro Ceci… y por todo eso tu eres especial y distinta a todas las chicas. La mayoría son zorritas, animalitos sin cerebro. Tu estas limpia, de eso estoy seguro…
C: bueno, creo que en este mundo hay toda clase de gente… no soy única…
Red: Sí, si lo eres, la mejor…. bueno, debo irme. Pero antes dime… ¿alguna vez podremos conocernos en persona?
C: bueno… no lo se amigo… sé poco de ti… soy un poco….
Red: ¿desconfiada?... sí… entiendo… pero te aseguro que yo no soy como Román y Miguel.
Eso fue lo último que escribió Red, se salió y dejó a Cecilia con una duda en la mente…
- ¿Cómo supo de aquellos dos chicos?- se preguntaba a cada momento… nunca lo había ella comentado a nadie.
Toda aquella noche se quedó pensando en aquel detalle… Red parecía un buen tipo, a pesar de que nunca le había preguntado sus datos personales, seguramente no era un niño… su manera de ser decía lo contrario. De cualquier forma a ella la edad no le interesaba si pensaba tener algún tipo de relación sentimental con Red. Le emocionaba cada cosa que él le decía… lo admiraba de cierta manera… lo empezaba a querer y la idea de conocerlo en persona la seguía a todo momento. Pero… ¿en realidad qué buscaba o quién era él?....
- ¿Y no has sabido nada de él desde esa noche? ¿ya no te ha escrito?
- No Ana, es muy extraño, a diario recibía un correo suyo…
- Pues quizás esté ocupado… de cualquier forma no deberías de darla más importancia de la que se merece – le decía Ana a Cecilia mientras caminaban por los pasillos del colegio.
Cuando ambas llegaron a sus lóckers Cecilia encontró algo inesperado…
- ¡wow!... mira Ceci… ¡rosas! – gritó emocionada Ana mientras Cecilia se quedaba parada viendo lo que alguien había metido a su casillero. Había una tarjeta la cual decía:
Para una chica muy especial. Espero y podamos salir éste sábado a cenar. Joaquín
- vaya, vaya con la mosquita muerta ¿¿¿eh???, jajajaja
- deja de burlarte Ana… no se que clase de broma sea ésta.
- ¿broma?, pues es simplemente que Joaquín está interesado en ti, ¿qué otra cosa ha de ser tonta?
- Pero si nunca hemos cruzado palabra alguna en clases… además… no, no tengo cabeza para nadie ahora.
- ¿pero si para tu “novio misterioso”, no?... ay amiga, anda, acepta la invitación, Joaquín es buen chavo… el fin de semana pasado, en la casa, me estuvo preguntando acerca de ti.
- No se Ana…
- Andale… ya estuvo bueno de que te la pases todo el día metida en esa computadora, necesitas salir a divertirte… a vivir la vida, a conocer gente. Piénsalo Ceci… Joaquín es buen chico y seguramente así te olvidaras de tus fantasmas cibernéticos.
Rumbo a su casa Cecilia iba pensando en la posibilidad de alejarse un poco de ese mundo en el cuál estaba metida. ¿Y si se diera la oportunidad con Joaquín?... quizás Ana tenía razón y debía de olvidarse de amores platónicos o imposibles
Subió tranquila las escaleras…
- ¿Mamá? – preguntó en voz alta.
Había quedado en que iba a llegar en la mañana del viaje y estarían juntas todo el fin de semana, como hacía muchos años no lo hacían. Pero parecía que no estaba. Checó el teléfono y encontró un mensaje grabado:
Cielo, lamento esto pero me surgió un imprevisto, tendré que quedarme aquí, llego el lunes, nos vemos.
- Mmm… nada nuevo – pensó Cecilia.
Más que costumbre que por otra cosa encendió su computadora. Pensaba y cada momento que pasaba se decidía más a salir con Joaquín el fin de semana. Si, se iba a dar ella misma una oportunidad. Pudiera ser que en realidad se diera algo bonito entre ellos dos… aunque en el fondo sabía que por muy bueno que resultara Joaquín, no se comparaba con Red.
En ese preciso momento vio un mensaje nuevo:
Hola Ceci. Hoy a las 10:00 pm.
Red.
Se quedó callada unos momentos analizando eso. ¿Porqué había vuelto a aparecer tan súbitamente después de todos esos días sin saber nada de él?... además ese tono no parecía tan caballeroso como el de la última vez que chatearon. Es más, sonaba más a una orden.
Estaba sentada frente al monitor cuando sonó el teléfono. Bajó rápidamente a contestar… algo le decía que no eran muy buenas noticias.
- ¿Eres tu Cecilia? – preguntó una voz femenina un tanto angustiada
- Si… ¿Quién es, perdón?
- Mira, soy la madre de Joaquín… encontré tu teléfono entre las cosas de mi hijo, ¿de casualidad no está contigo ahora?
- No señora, para nada… ¿porqué lo dice?
- Porque me dijo que se dirigía para tu casa… llevaba un ramo de flores que te quería dar… pero eso fue a las 6 de la tarde… me preocupa porque me dijo que regresaría temprano, a más tardar a las 8
- Pues aquí no está señora… acabo de llegar de la escuela… quizás vino y como no me encontró se fue a otro lado.
- No lo sé hija… estoy preocupada… háblame si sabes algo de él ¿si?... quizás al no encontrarte regrese al rato a tu casa.
- Ok señora, si sé de él le avisaré.
- Gracias, buenas noches linda.
Cecilia supuso que Joaquín quería darle una sorpresa al llegar antes a su casa y sin avisar.- seguramente Ana le dio mi dirección y venía a confirmar lo de la invitación a cenar – pensaba.
De cualquier forma seguía pensando en si conectarse y chatear con Red o no… se había quedado con la duda de cómo tenía Red conocimiento de sus anteriores relaciones fallidas. Cecilia se lo había preguntado por correo y nunca obtuvo respuesta, el asunto de Red estaba casi olvidado… casi. Ese correo confirmo que algo extraño pasaba con todo eso.
A las 10:00 abrió su mensajero… dieron 10:10 y nada… estaba ya muy impaciente hasta que lo vio conectarse.
Red: Hola cariño
C: Hola… que milagro que te conectas… ¿te pasó algo todo este tiempo?
Red: No te apures, he estado siempre contigo.
C: si, claro… bueno, ¿para qué es la cita?
Red: Te extrañaba Ceci, como ya no escribes tus poemas… me haces falta
C: O sea que ¿si te conectabas?, y ¿porqué no respondiste a los correos que te he enviado?. Espero que me expliques cómo sabes de Miguel y de Román. Nunca he escrito de ellos en mi diario virtual…
Red: Sé más de lo que te imaginas de ti Ceci
C: ya me di cuenta… dime ¿Quién eres?
Red: No deberías de preocuparte amor…
C: no me digas amor… no somos pareja tu y yo
Red: No te enojes nena… te he hecho favores alejándote de tipos nefastos como aquellos dos.
C: ¿Qué dices?... ¿cómo que alejándome?
C: contesta!
Red: Ellos no te merecían amor… son basura, pecadores que simplemente mancharían tu alma tan pura… tan limpia… como la mía
C: ¿de que hablas??
Red: Tu y yo somos el uno para el otro Ceci… tu belleza e inteligencia no se comparan con ninguna otra, te conozco muy bien… eres lo que yo necesito. Debemos ser pareja y yo.
C: ¿estas loco acaso?... no nos conocemos, o si???
Red: en realidad nunca me ausenté Ceci… sólo preparaba todo para el gran día de conocernos y juntar nuestras almas y corazones.
C: mira amigo, creo que estas muy mal… será mejor que me vaya.
Red: No tienes a donde ir Ceci.
En ese momento Cecilia comenzó a sentir escalofrío. ¿Quién o qué quería ese loco del otro lado de la computadora?... y si ¿decía la verdad y la conocía?.
Red: vamos Ceci… hazlo por el buen Joaquín. Es un chico simpático.
C: ¿¿de que hablas??... ¿Cómo sabes de Joaquín?
Red: bueno… hemos estado platicando un rato… pero ¿sabes?... sus flores son un asco. Este niño no tiene ni idea en enamorar chicas ¿eh?. No te conviene amor mío, es un idota.
C: ¿¿dónde lo tienes??... ¿¿que haz hecho con él???, dímelo!!!!
Red: tranquila Ceci, tranquila… estos chicos son una plaga, no deberían de existir, ninguno de ellos. Así que pienso liberarlo de esta pesadilla que debe de tener por vida y mandarlo a donde debe de estar… al infierno. O en todo caso… quizás podrías venir por él… y sirve de que hablamos por fin en persona, ¿no crees cariño?
C: más vale que lo dejes ir, ¡no le hagas nada o llamaré a la policía!
Red: mmm eso no sería bueno para mi amigo Joaquín… mejor ven a mi casa para la gran noche y si me lo pides lo dejo libre. ¿Cómo ves?
C: ¿a tu casa?....
Red: no te preocupes amor… no está lejos. De hecho. Soy tu vecino querida.
Cecilia no sabía qué decir… se quedó con un mar de ideas en la cabeza… ¿su vecino?... ¿aquel hombre tan extraño que siempre salía de viaje y que vivía en la casa de junto?... sólo recuerda habérselo topado una vez desde que su madre y ella se fueron a vivir a aquel vecindario. Fue precisamente el día que llegaron con la mudanza. Era un tipo de unos 40 o 45 años, calvo, un tanto gordo, pero lo que más recuerda de ese momento fue la mirada que tuvo hacia ella. Recuerda que le dio miedo y se metió corriendo a su casa.
Nunca más volvió a verlo. Por su madre se enteró que viajaba mucho y pasaban meses enteros sin que se supiera de él. La casa estaba prácticamente abandonada… o eso es lo que parecía o creía hasta esa noche.
Red: amor mío? Ya deja de divagar quieres?... sólo es cuestión de que te animes y vengas a mi casa. Ah y si estas pensando en llamar a la policía mientras vienes temo decirte que no podrás. Te diré que mejor trabajo no podría tener tu mami. Mira que dejar la casa sola toda la mañana. Tiempo más que suficiente para que alguien entrara y colocara ciertas cámaras en lugares estratégicos… ¿no crees?
Cecilia sintió miedo… ese hombre estaba loco y parecía estar decidido a todo con ella… miró hacia una esquina y vio una pequeña lente…
Red: saluda a la cámara linda… ahora, vente a mi casa. Ah, te aviso que como no creo que necesites el teléfono acabo de quitarte la línea, espero que no te moleste. Y además tuve tiempo de poner cuatro camaritas, hay una en tu cuarto, otra en el pasillo, otra en las escaleras y otra en la entrada. Vente lo más tranquila que puedas amor… y no intentes nada extraño, como quitar las cámaras o coger cuchillos de cocina o cosas por el estilo. Desde aquí veré todos tus movimientos y si haces algo extraño… pues cargaras en tu consciencia con la vida del buen Joaquín. Así que vente en este momento y no hagas nada raro… te espero amor mío.
Cecilia creía estar en una pesadilla. No sabía que hacer, la vida de Joaquín estaba en peligro en manos de ese loco… y aunque afuera podría pedir ayuda sólo estaba a una casa de distancia de aquel asesino. No tenía opción… tenía que ir con él… rogando al cielo que alguien la ayudara.
Con paso lento bajo las escaleras y caminó hacia la puerta. Sentía la atenta mirada de aquel tipo mediante las lentes de sus cámaras. Había llegado tan distraída de la escuela pensando en tantas cosas que nunca reparó en observar bien a su alrededor. Se maldecía a cada paso que daba. Hasta hace unos minutos acababa de hablar por teléfono… si hubiera estado mas atenta a todo quizás hubiera visto alguna de esas cámaras y hablado a la policía. Pero estaba ciega, dentro de ella seguía un sentimiento de curiosidad hacia Red, aún a pesar de lo extraño que le parecía todo aquello en el fondo, muy en el fondo… le parecía atractivo.
- Qué idiota fui – se decía así misma
No había absolutamente nadie en la calle, nadie a quien pedirle ayuda…. Además notó que la ventana que daba hacia ella estaba con una luz apenas encendida. Era la única habitación prendida en toda aquella casa. Seguramente él la estaba vigilando de ahí. Con gusto quería echarse a correr y pedir ayuda o simplemente ponerse a salvo de ese maniático, pero… ya tenía dos muertes en su consciencia… no quería una más.
La puerta estaba entreabierta. Toda la planta baja estaba obscura. Todas las casas de esa calle eran iguales así que no le fue difícil caminar aún sin haber entrado nunca ahí y con aquella pálida luz de la luna sirviéndole de única guía.
- Estoy aquí arriba Ceci. Sube.- se oyó con voz grave proveniente del segundo piso. De aquella habitación iluminada débilmente.
Ella estaba temblando… nunca en su vida había sentido tanto miedo… no sabía que iba a hacer… cómo iba a poder salir con bien de todo esto…
Con paso tembloroso llego hasta la habitación… tenia miedo de lo que podría estar del otro lado de la puerta. Miro hacia adentro y pudo ver a Joaquín Amarrado a una silla. Parecía muy golpeado pero aún estaba vivo. Estaba amordazado y cuando la vio llegar empezó a querer gritar, pero la cinta en su boca no lo dejaba.
- Hola linda niña, por fin… muchas veces soñé con tenerte en mi habitación. ¿Ves como nada es imposible en esta vida? – se oyó del otro lado del cuarto. Era aquel viejo que tanto miedo le dio cuando lo vio de niña.
- Suéltalo, por favor… él no tiene culpa de nada
- ¿De nada?... nts,nts… este chico anda tras de ti. Eso me pone muy celoso ¿sabes?
- ¿Cómo es que me conoces tanto?
- Mi niña… desde que llegaste hace años con tu mami a este vecindario y te miré… fue como tener un contacto con un ángel. Fue algo maravilloso Ceci. Fue amor a primera vista, claro que un hombre de 40 anduviera de novio de una niña de 9 no podría ser bien visto. Así que decidí no acercarme a ti hasta que ya tuvieras tu mayoría de edad. Ahora que ya tienes 19 es muy distinto. Ya eres una mujercita. Pero mientras crecías me dediqué a conocerte, a observarte por esta ventana…
Cecilia noto que aquel hombre parecía ser un fanático religioso. Crucifijos e imágenes colgadas en todas partes. Muchas veladoras y en una pared algo que le impresionó. Un pequeño espacio para un altar con fotografías suyas y muchas veladoras a sus pies.
- ¿Las ves amor?... sí… eres un ángel en toda la extensión de la palabra y como tal, te adoro. Siempre tuve mucho cuidado de no prender más que una veladora para que no notaras que había alguien viviendo aquí. Me he pasado años en la oscuridad…. esperando el momento preciso.
Aquella ventana daba justamente a la habitación de Cecilia, ella siempre sintió escalofríos de ella pero sabía que no había nadie en aquella casa. Ahora ve que estaba equivocada.
- Encontré en el internet la herramienta idónea para contactarte… además, déjame decirte que me sorprende tu manera de escribir. ¡Y con lo que me gusta la literatura a mí!... aparte de bella eres inteligente, conforme pasaban los años me ibas gustando más y más.
- ¿Qué les hiciste a aquellos dos chicos? – interrumpió Ceci
- Ah si… me di cuenta que era peligroso para nuestro amor el que trataras con otros chicos de tu edad, además… eran unos patanes. Te hice un gran favor amor mío, eran basura, como todos… y además cobardes, siendo tan pecadores le tenían mucho miedo a la muerte. No te preocupes más por ellos, ahora están pagando con la condena eterna.
- Pero… ¿¿Cómo te atreves a meterte en mi vida??
- Porque tu vida y la mía están predestinadas amor… tu y yo somos seres especiales, somos personas limpias de todo mal y debemos cuidarnos de los corderos falsos, de los demonios en la tierra…
Mientras él hablaba desesperadamente Cecilia buscaba algo con lo cual defenderse…
- Eres muy chica e inexperta aún. Pero yo te revelaré la verdad Ceci. Tu y yo somos de los pocos elegidos para disfrutar de los cielos divinos. El juicio se acerca y los pecadores arderán, pagaran con sangre cada uno de sus errores. Yo he venido a salvarte, esa es mi misión… encontrar almas buenas, como la tuya para salvarte de todos ellos
Con cada palabra que pronunciaba aquel hombre parecía ponerse más histérico… su agitación era notoria y el corazón le palpitaba más y más. Cecilia pudo ver en el escritorio donde se encontraba la computadora unas tijeras… sabía que era solo cuestión de segundos para actuar…
- Mis ruegos han surtido efecto, el Señor me da ahora la oportunidad de tenerte y de salvarte pequeña… he puesto muchas veladoras esperando que el humo sagrado purifique nuestro encuentro… aquel chico sólo es una piedra en nuestro zapato. Debemos mandarlo juntos al infierno y una vez que lo hayamos hecho comenzar nuestro gran amor Cecilia… ¡seremos la unión perfecta!
Fue en ese momento en el que, con la adrenalina al máximo, la chica tomó velozmente las tijeras. Con la decisión y coraje que da el pánico se abalanzó contra aquel hombre. A pesar de la diferencia de fuerzas lo tomó desprevenido y mal parado, haciendo que cayeran al suelo, tirando a su paso las veladoras. La chica, como una fiera desatada luchó por su vida, logró clavarle las tijeras en el estómago al viejo y éste reía como un maniático al mismo tiempo que la abrazaba y besaba. Rodaban por el piso de la habitación… la cual en cuestión de segundos abrazaban las llamas… el fuego se propagó muy rápidamente por todos lados…
Esa es mi historia de amor… la más grande… sé que Cecilia me está esperando en el cielo.
- Ya es sólo cuestión de minutos doctor
- Sí enfermera… el paciente comienza a delirar. Lo mejor es que sea pronto su deceso. Las quemaduras en todo su cuerpo y sus heridas deben de ser muy dolorosas, aunque increíblemente parece nunca quejarse de ellas.
- Aunque se salvara ahora, la policía dice que le esperaría cadena perpetua…
- Es un maniático. Tipos como ese me dan asco.
Sí… ¡ya veo la luz!... ¡¡si!!... me está esperando mi bella Ceci…¡¡si!!...











3Comments
Une mode pour toutes les tailles avec des articles allant du 32 au 56.
Vous avez un blog très agréable et je l'aime, je vais placer un lien de retour à lui dans un de mon blogs qui égale votre contenu. Il peut prendre quelques jours mais je ferai besure pour poster un nouveau commentaire avec le lien arrière.
Merci pour est un bon blogger.
ESCRIBES MUY BN :) ME ENCANTO ;)
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