¿Hasta que grado tiene tu subconsciente poder sobre ti?
Siempre creí que cada persona era responsable de sus actos, cada quien decide hacia que camino virar el rumbo de su vida. Si haces cosas buenas, se te premiará; si cometes cosas malas, arderás en el infierno… escuché miles de veces esas palabras cuando era yo un niño. Pero no creía que ese infierno era una simple y llana metáfora de lo que en realidad sucede cuando uno realiza cierto tipo de cosas malignas.
Aun recuerdo que acababa de terminar mis revisiones en la oficina escolar cuando recibí la llamada de mi esposa:
- ¿vendrás pronto a cenar cariño? – su dulce voz no ocultaba la preocupación que siempre mostraba cuando yo salía ya tarde del trabajo.
- Temo que será imposible amor, necesito arreglar algunas formas aquí en la oficina, trataré de apurarme pero lo más seguro es que no te vea hasta mañana que despiertes. Tengo muchos pendientes y no creo terminar hasta la madrugada… será mejor que no te desveles y te duermas –
- ¿seguro que estarás bien?... puedo esperarte, mañana es sábado y el niño no va a la escuela… -
- ya te dije, duérmete… llegaré bien –
- esta bien cariño, cuídate mucho –
Me podía fastidiar tantos cuidados de su parte… no era yo un niño al que todo tenían que hacerle, si quería cuidar a alguien para eso estaba el niño. No se cómo es que una mujer podía ser así, olvidarse hasta de ella misma por cuidar a los demás. Mi esposa no era fea ni tenía mal cuerpo, pero su bondad se hacía pesada y aburrida. Era una madre y esposa ejemplar en el sentido más noble de la palabra, pero el espíritu de una joven alegre, sensual y maliciosa nunca lo había tenido. Y ahora con el niño menos… sentía como si tuviera a mi madre en casa.
Lo que me gustaba de la docencia era la posibilidad de poder convivir con mujeres jóvenes con aquel brillo en los ojos que tanto me gustaba. ¡Esas si eran mujeres de verdad!, que no temían ni tenían prejuicios tontos que se convierten con el tiempo en un lastre que no las deja vivir… disfrutar…
Había una chica en especial… acababa de entrar a la universidad. Se llamaba Dyana y era una exquisita jovencita de escasos 19 años. A pesar de su corta edad tenía una figura que cualquier mujer envidiaría, y todo adornado con una dulce y, de aspecto frágil, rostro aperlado. La primera vez que la vi entrar al salón de clases no podía dar crédito a lo que estaba sucediendo por mi mente. Miles de ideas y sueños prohibidos desataba con solo poner mi mirada en ella. Parecía gustosa de atraer mi vista y con sutiles pero determinantes coqueteos se convirtió en un abrir y cerrar de ojos en mi alumna favorita.
Se daba el lujo de rechazar a los estudiantes, por más galantes y caritas que se le acercaran, cosa que la hacía aun más llamativa. No perdía la oportunidad yo de buscar tener momentos a solas con ellas con pretextos escolares. A pesar de todos los sentimientos insanos que ella provocaba, mostraba una angelical y dulce expresión que acababa hasta con el hombre más experto en las artes amatorias. Pensaba yo frecuentemente en ella y en sólo tener una noche a su lado.
Y esa noche había llegado al fin. Con una excusa estúpida a mi parecer, la convencí de que se quedara en la universidad hasta que terminaran las clases. Me respondió que si y, como si se muriera de ganas por hacer lo que yo deseaba ese día había asistido a clases mucho más provocativa que de costumbre.
Una vez que acabara con mis pendientes en la oficina, nervioso y entusiasmado como un niño con juguete nuevo, tomé mi abrigo y bajé velozmente hacia el estacionamiento de la desolada universidad, en donde ella había quedado de esperarme.
- ¿está listo profesor? –
- sí, disculpa la tardanza Dyana, es que me entretuvieron algunos papeles que tenía pendientes –
Sin decir más se subió al auto… parecía todo tan perfecto, acto seguido de que estábamos en marcha sentía su mirada perforarme por completo, nada me hacía dudar que esa era la noche esperada. Siempre le había interesado a ella, quizás será por la manía de las jovencitas de tener relaciones con algún maestro, o haya sido lo que haya sido, el hecho era que iba en camino a saciar mis más bajos instintos. Ella iba muy callada todo el viaje, ninguno de los dos tenia intenciones de pronunciar frases que a final de cuentas salían sobrando.
Sin decir una palabra, llegamos al hotel, los dos estábamos de acuerdo en lo que iba a suceder esa noche. Apagué mi celular, ya tenía todo planeado en qué excusas decir en mi casa, con mi mujer… y hasta en el colegio, cuando el portero me preguntaba las razones por las cuales me iba yo a quedar tan tarde y cerrar las puertas le había inventado tener pendientes urgentes que revisar. Por mi manera de ser tan correcta no dudó en confiar en mí.
Cuando entramos al cuarto se sentó delicadamente en la cama y me miró fijamente mientras mis nervios y mi ansiedad estaba al tope. Me acerqué a ella y cuando estaba a punto de besarla me sorprendió con sus palabras:
- No quiero hacerlo profesor – me dijo muy decidida.
- ¿Qué?... pero… aceptaste venir hasta aquí ¿no?... sabías el motivo verdadero por el que te había citado esta noche… - le respondí aún con incredulidad por lo que acababa de escuchar de sus carnosos labios carmín.
- Piense en su familia, esto que quiere hacer no es lo correcto –
Yo no podía dar crédito a lo que oía… me había puesto todo en charola de plata, habíamos venido hasta aquí y justo en el momento cumbre me dice algo así… por un momento recordé a mi esposa y a mi pequeño hijo de 6 años que me esperaban en casa… pero su recuerdo se desvaneció gracias al instinto animal que se apoderaba de mí en ese instante.
- Dyana… piénsalo un momento, ¿quieres?... nadie sabrá nunca esto, ni a ti ni a mi nos conviene… ¿cierto?, no tiene nada de malo, quedará entre los dos… ¿si?- le dije en un tono bastante desesperado, como tratando de remediar tremendo error de su parte.
- No quiero hacerlo, déjeme ir – al decir eso, su rostro mostraba totalmente lo contrario a lo que decía, su mirada era de fuego y sus labios pronunciaban cada palabra al compás de un sensual movimiento que hacía que mis ojos y mi alma bailaran con ella.
En ese instante algo se desató dentro de mi, quizás opresión contenida durante tantos años… mi familia era muy recatada y de costumbres morales muy cerradas, nunca me había permitido tener novia, hicieron que terminara mi carrera para poder pensar en eso. Anna, mi esposa la conocí, por ellos… era la hija de un amigo de mi padre, educada del mismo modo que yo, pero aún más dócil en su manera de actuar. Prácticamente toda la vida me había dicho lo que debía de hacer, nunca me dejaban elegir… siempre reprimido y viviendo de un modo que no me gustaba.
Ya era hora de ser libre y actuar a mi manera… odiaba las malditas reglas que todos tenían y me habían impuesto desde niño… que si lo bueno, que no hagas lo malo… mi cuerpo me gritaba desesperado por dejarlo vivir, mi alma por ser libre…
Esa noche era la ocasión perfecta para hacer lo que nunca había podido hacer: dejarme llevar por los placeres y hacer las cosas sin preocuparme por los demás… así que no estaba dispuesto a dejar pasar esa oportunidad.
Mientras todas estas ideas rondaban por mi cabeza, Dyana tomó su mochila y se dirigía a la puerta… de un salto desesperado le cerré el paso y la tomé fuertemente de los brazos.
- Mira niña, no me gusta que me hagan perder el tiempo… ¡no dejaré que te vayas pequeña zorra! –
Lo que siguió segundos después no tenía cabida en mi religiosa educación, deje salir todos mis deseos, los enfoque en el placer de aquella noche, le gritaba y la golpeaba ferozmente. Ella intentaba escabullirse pero no lo lograba, era demasiado débil para competir con un hombre a ese grado extasiado… no pensaba, sólo actuaba, mordía, ría, vociferaba…
No me di cuenta en qué momento la golpee tan fuerte que dejó de respirar… cuando la calma volvió en mí repare que estaba tirada sin moverse más… estaba tan golpeada que ni siquiera podía yo saber cuál de ellos había sido el culpable en cortar de tajo su joven vida.
Al ver aquello no sentí miedo… al contrario… me sentía satisfecho, libre al fin.
Me las arreglé para sacar el cuerpo sin ser visto por el encargado del hotel y en la total negrura de la noche fui a tirar el cuerpo a un lago en los límites de la ciudad. Llegué en la madrugada a mi casa y me acosté. Más parecía un autómata que un ser humano, no pensaba en nada esa noche.
Pasaron los días y parecían las aguas volver a calmarse en mi interior… trataba de no pensar más en esa noche… mis deseos parecían haberse saciado con lo sucedido en aquel sucio cuarto de hotel. Todavía pasaban en la televisión o en algunos diarios notas acerca de la desaparición de la chica. Aunque a ciencia cierta nadie había levantado una denuncia la policía hacía sus investigaciones pertinentes, yo mismo había denunciado su ausencia en clases para no parecer un sospechoso tan obvio. Un día, en los archivos de la universidad encontré que Dyana no contaba con parientes cercanos… no había datos de sus padres o de hermanos… extrañamente parecía no tener un historial… entonces… ¿cómo se había inscrito tan fácilmente?... ese colegio era reconocido por sus estrictas reglas en cuanto a documentación necesaria para inscribirse.
Sin pensar más en eso, decidí olvidar el asunto y seguir mi vida normal.
Había pasado ya un año de aquellos hechos, la policía olvidado el asunto, para mi sorpresa, en una inspección que se realizó en los alrededores de la ciudad (incluyendo al lago aquél), no se encontró nada… parecía que no habían quedado rastros de la chica y eso ayudó a que más rápido de lo normal se olvidara el caso.
Pero empecé a valorar a mi familia, no había vuelto a mentirle a Anna, me empezaba a gustar llegar temprano a la casa y jugar con el pequeño Ben. Disfrutaba su compañía y amaba a mi esposa, era tan dedicada… empezaba a sentirme a gusto con lo que tenia… feliz y satisfecho con mi vida y mis seres queridos.
Y como si se tratara de una maldición súbitamente me vino a la memoria Dyana. La primera vez en forma de sueño. Parecía que había vuelto a mi mente para cobrar venganza…
“hazlo… sabes que es lo justo…”
Aquella frase retumbó en mi mente una noche que la escuché mientras terminaba de trabajar en la escuela. Al principio pensé que había alguien ahí cerca o que me estaban jugando una broma estudiantil. Pero al cerciorarme que no había nadie un escalofrió sentí en todo el cuerpo, desde la médula hasta las yemas de los dedos…
- vaya, necesito vacaciones – pensé.
“regresé por ti… “
Eso se oyó aún más claro… ¡pero no había nadie!... ¿acaso era yo mismo?... ¿podrían ser los remordimientos de aquellos sucesos con Dyana?... la voz parecía provenir de mi mismo, ni siquiera era la de ella… tan dulce y a la vez provocativa…
Cada día que pasaba no dejaba de pensar en aquello… no podía así de fácil olvidarse tal acto de brutalidad… sabía que había yo hecho algo malo, muy malo… pero quería remediarlo… a toda costa…
Fui una noche al lago aquel donde tiré su cuerpo… hablé y hablé… estaba arrepentido de todo…
- Sé que me escuchas Dyana… no hay nada que pueda reparar mi gran error… sólo te pido que me perdones… estoy arrepentido… -
A pesar de lo que pensé ese día no tuve respuesta alguna de “la voz”.
Decidí hacer las pases con Dios, había vuelto al camino de la religión y trataba de ser buen hombre y buen esposo… cada vez que escuchaba esa voz reprochándome cosas me sentía cada vez peor… me quitaba la paz que tenía…
“No puedes huir a tu destino… tu lo forjaste”
- ¡No!, sé que he pecado pero estoy arrepentido de corazón… de verdad… - me repetía constantemente.
Un día en la iglesia, hable con el sacerdote y me confesé… me escuchó y me recordó que Dios perdona a los que de corazón se arrepienten… ¡yo lo era!, detestaba el recordar aquella noche en la que perdí toda noción de inteligencia y madurez. Estaba loco, y el escuchar a cada momento esa voz me ponía peor… ¡no me dejaba vivir!
Pero una noche… parecía todo que había vuelto a la normalidad… me encontraba yo en la casa esperando a Anna y a mi pequeño que habían salido de compras al supermercado. De repente tocaron a la puerta. Era ya muy tarde y no esperaba a nadie. Anna traía llaves… en ese momento me percaté de lo tarde que ya era y que ellos aún no habían llegado.
- ¿Es usted el señor Planck? ¿Robert Planck? – me dijo un agente de la policía.
- Si… ¿qué sucede oficial?... ¿qué pasa? –
- Siento darle esta noticia señor, pero encontramos el auto de su esposa al fondo de una barranca… parece que perdió los frenos del auto y se estrelló… su esposa falleció y su hijo está grave en un hospital – me dijo.
Al escuchar eso sentí que mi vida se destrozaba… se caía en pedazos… como un frágil cristal que yo había roto por mis estupideces…
“Tu tuviste la culpa… los niños malos reciben su castigo”
- ¿porqué me atormentas así?¿qué debo hacer para no volver a saber mas de ti?, ¡malditas seas! – gritaba esperando que Dyana me diera la solución…
Ese fue el día mas largo de mi vida… mi hijo tenía graves heridas en la mayor parte de su cuerpo… salió disparado del auto por el impacto tan fuerte y tenía muchas conmociones. Los doctores luchaban por salvarlo… mientras, en la capilla que estaba cerca del hospital yo le rogaba a Dios por su vida…
Cerca de 6 horas duró la operación para tratar de salvarle la vida y al final, nada sirvió… mi hijo murió en el quirófano.
Regresé devastado a mi casa… yo había tenido la culpa de todo eso…seguramente el perder a mi familia había sido el castigo por mi grave pecado… no podía huir a mi destino, era yo un pecador y mi arrepentimiento parecía no serle suficiente a mi Dios.
Y ahora me ha vencido esa voz, esa voz interna que me grita desesperadamente por hacer lo justo, lo que se debe hacer…
Ya no tengo otra salida, ésta arma me dará mi merecido y a la vez el justo castigo por mis pecados. Esa mujer me lo exige, su compañía constante terminará pronto…
La veo, parece que por fin estará en paz… se acerca y siento un viento helado entrar por mis venas al mismo tiempo que estremece todo mi cuerpo. Siento como si bailara una danza macabra que se apodera de todo mi ser. Si, ella me dará el valor de jalar del gatillo, sólo era cuestión de dejarla entrar y aceptar mi maldad…
“yo te ayudaré… sólo ríndete…”
¿Tendré el perdón divino si lo hago?... ¿podré salvar mi alma?...
“es demasiado tarde para eso… tu alma no tiene salvación… dispara de una vez…”
El frío interno desaparece cuando mi cabeza retumba por la explosión… un calor que siento familiar me aprisiona… mientras alcanzo a ver que la mujer cambia de forma a algo que nunca había visto… alguien que quería que lo acompañara a su hogar, que se metió en mi cabeza porque yo lo dejé y que me convenció a darle mi alma perdida y confundida… alguien que jugó conmigo y mi mente débil, ¡la muerte de mi familia no era el castigo... era una prueba de fé y arrepentimiento!... y ahora es tarde, aquel ser...es el maligno…
Tiene una sonrisa maliciosa con la que saborea su victoria…