Wednesday, December 22, 2004

Gracias

Hola, rara vez escribo palabras que no sean parte de historias, pero debido al fin de año y estas cosas que se acostumbran hacer, haré un recuento de lo que ha sucedido con este blog llamado "El Libro Negro"

Con mucho gusto veo que ha sido bien recibido y a pesar de que generalmente los posts son largos y entiendo que pesados para leer y que, aparte de eso, nunca los acompaño de imágenes, hay algunos osados que los leen.

Quiero agradecer a todos aquellos que durante estos meses que tiene de vida este blog (más que bitácora, yo llamaría "experimento y taller literario")lo han visitado, leído y comentado. Gracias entre otros, a Liz, Milo, Magda, Naunet, Slayer, Einherjer, Parkash y a todos aquellos que se toman un poco de su tiempo para leer mis historias. Sé que no es agradable leer tanto enfrente de la computadora y por lo mismo tienen más mérito al hacerlo. Pero ante todo, lo mejor para mí son sus comentarios, ya sean halagos o críticas, todo lo que ustedes puedan opinar de lo que escribo me sirve para poder mejorar en el futuro.

Gracias de nuevo y el próximo año seguira habiendo más relatos tratando estos temas que a casi todos nos gustan... sigan soñando, usen su imaginación y alimenten su alma y mente: lean libros.
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Tuesday, December 21, 2004

La Voz

¿Hasta que grado tiene tu subconsciente poder sobre ti?

Siempre creí que cada persona era responsable de sus actos, cada quien decide hacia que camino virar el rumbo de su vida. Si haces cosas buenas, se te premiará; si cometes cosas malas, arderás en el infierno… escuché miles de veces esas palabras cuando era yo un niño. Pero no creía que ese infierno era una simple y llana metáfora de lo que en realidad sucede cuando uno realiza cierto tipo de cosas malignas.

Aun recuerdo que acababa de terminar mis revisiones en la oficina escolar cuando recibí la llamada de mi esposa:

- ¿vendrás pronto a cenar cariño? – su dulce voz no ocultaba la preocupación que siempre mostraba cuando yo salía ya tarde del trabajo.
- Temo que será imposible amor, necesito arreglar algunas formas aquí en la oficina, trataré de apurarme pero lo más seguro es que no te vea hasta mañana que despiertes. Tengo muchos pendientes y no creo terminar hasta la madrugada… será mejor que no te desveles y te duermas –
- ¿seguro que estarás bien?... puedo esperarte, mañana es sábado y el niño no va a la escuela… -
- ya te dije, duérmete… llegaré bien –
- esta bien cariño, cuídate mucho –

Me podía fastidiar tantos cuidados de su parte… no era yo un niño al que todo tenían que hacerle, si quería cuidar a alguien para eso estaba el niño. No se cómo es que una mujer podía ser así, olvidarse hasta de ella misma por cuidar a los demás. Mi esposa no era fea ni tenía mal cuerpo, pero su bondad se hacía pesada y aburrida. Era una madre y esposa ejemplar en el sentido más noble de la palabra, pero el espíritu de una joven alegre, sensual y maliciosa nunca lo había tenido. Y ahora con el niño menos… sentía como si tuviera a mi madre en casa.

Lo que me gustaba de la docencia era la posibilidad de poder convivir con mujeres jóvenes con aquel brillo en los ojos que tanto me gustaba. ¡Esas si eran mujeres de verdad!, que no temían ni tenían prejuicios tontos que se convierten con el tiempo en un lastre que no las deja vivir… disfrutar…

Había una chica en especial… acababa de entrar a la universidad. Se llamaba Dyana y era una exquisita jovencita de escasos 19 años. A pesar de su corta edad tenía una figura que cualquier mujer envidiaría, y todo adornado con una dulce y, de aspecto frágil, rostro aperlado. La primera vez que la vi entrar al salón de clases no podía dar crédito a lo que estaba sucediendo por mi mente. Miles de ideas y sueños prohibidos desataba con solo poner mi mirada en ella. Parecía gustosa de atraer mi vista y con sutiles pero determinantes coqueteos se convirtió en un abrir y cerrar de ojos en mi alumna favorita.

Se daba el lujo de rechazar a los estudiantes, por más galantes y caritas que se le acercaran, cosa que la hacía aun más llamativa. No perdía la oportunidad yo de buscar tener momentos a solas con ellas con pretextos escolares. A pesar de todos los sentimientos insanos que ella provocaba, mostraba una angelical y dulce expresión que acababa hasta con el hombre más experto en las artes amatorias. Pensaba yo frecuentemente en ella y en sólo tener una noche a su lado.

Y esa noche había llegado al fin. Con una excusa estúpida a mi parecer, la convencí de que se quedara en la universidad hasta que terminaran las clases. Me respondió que si y, como si se muriera de ganas por hacer lo que yo deseaba ese día había asistido a clases mucho más provocativa que de costumbre.

Una vez que acabara con mis pendientes en la oficina, nervioso y entusiasmado como un niño con juguete nuevo, tomé mi abrigo y bajé velozmente hacia el estacionamiento de la desolada universidad, en donde ella había quedado de esperarme.

- ¿está listo profesor? –
- sí, disculpa la tardanza Dyana, es que me entretuvieron algunos papeles que tenía pendientes –

Sin decir más se subió al auto… parecía todo tan perfecto, acto seguido de que estábamos en marcha sentía su mirada perforarme por completo, nada me hacía dudar que esa era la noche esperada. Siempre le había interesado a ella, quizás será por la manía de las jovencitas de tener relaciones con algún maestro, o haya sido lo que haya sido, el hecho era que iba en camino a saciar mis más bajos instintos. Ella iba muy callada todo el viaje, ninguno de los dos tenia intenciones de pronunciar frases que a final de cuentas salían sobrando.

Sin decir una palabra, llegamos al hotel, los dos estábamos de acuerdo en lo que iba a suceder esa noche. Apagué mi celular, ya tenía todo planeado en qué excusas decir en mi casa, con mi mujer… y hasta en el colegio, cuando el portero me preguntaba las razones por las cuales me iba yo a quedar tan tarde y cerrar las puertas le había inventado tener pendientes urgentes que revisar. Por mi manera de ser tan correcta no dudó en confiar en mí.

Cuando entramos al cuarto se sentó delicadamente en la cama y me miró fijamente mientras mis nervios y mi ansiedad estaba al tope. Me acerqué a ella y cuando estaba a punto de besarla me sorprendió con sus palabras:

- No quiero hacerlo profesor – me dijo muy decidida.
- ¿Qué?... pero… aceptaste venir hasta aquí ¿no?... sabías el motivo verdadero por el que te había citado esta noche… - le respondí aún con incredulidad por lo que acababa de escuchar de sus carnosos labios carmín.
- Piense en su familia, esto que quiere hacer no es lo correcto –

Yo no podía dar crédito a lo que oía… me había puesto todo en charola de plata, habíamos venido hasta aquí y justo en el momento cumbre me dice algo así… por un momento recordé a mi esposa y a mi pequeño hijo de 6 años que me esperaban en casa… pero su recuerdo se desvaneció gracias al instinto animal que se apoderaba de mí en ese instante.

- Dyana… piénsalo un momento, ¿quieres?... nadie sabrá nunca esto, ni a ti ni a mi nos conviene… ¿cierto?, no tiene nada de malo, quedará entre los dos… ¿si?- le dije en un tono bastante desesperado, como tratando de remediar tremendo error de su parte.
- No quiero hacerlo, déjeme ir – al decir eso, su rostro mostraba totalmente lo contrario a lo que decía, su mirada era de fuego y sus labios pronunciaban cada palabra al compás de un sensual movimiento que hacía que mis ojos y mi alma bailaran con ella.

En ese instante algo se desató dentro de mi, quizás opresión contenida durante tantos años… mi familia era muy recatada y de costumbres morales muy cerradas, nunca me había permitido tener novia, hicieron que terminara mi carrera para poder pensar en eso. Anna, mi esposa la conocí, por ellos… era la hija de un amigo de mi padre, educada del mismo modo que yo, pero aún más dócil en su manera de actuar. Prácticamente toda la vida me había dicho lo que debía de hacer, nunca me dejaban elegir… siempre reprimido y viviendo de un modo que no me gustaba.

Ya era hora de ser libre y actuar a mi manera… odiaba las malditas reglas que todos tenían y me habían impuesto desde niño… que si lo bueno, que no hagas lo malo… mi cuerpo me gritaba desesperado por dejarlo vivir, mi alma por ser libre…

Esa noche era la ocasión perfecta para hacer lo que nunca había podido hacer: dejarme llevar por los placeres y hacer las cosas sin preocuparme por los demás… así que no estaba dispuesto a dejar pasar esa oportunidad.

Mientras todas estas ideas rondaban por mi cabeza, Dyana tomó su mochila y se dirigía a la puerta… de un salto desesperado le cerré el paso y la tomé fuertemente de los brazos.

- Mira niña, no me gusta que me hagan perder el tiempo… ¡no dejaré que te vayas pequeña zorra! –

Lo que siguió segundos después no tenía cabida en mi religiosa educación, deje salir todos mis deseos, los enfoque en el placer de aquella noche, le gritaba y la golpeaba ferozmente. Ella intentaba escabullirse pero no lo lograba, era demasiado débil para competir con un hombre a ese grado extasiado… no pensaba, sólo actuaba, mordía, ría, vociferaba…

No me di cuenta en qué momento la golpee tan fuerte que dejó de respirar… cuando la calma volvió en mí repare que estaba tirada sin moverse más… estaba tan golpeada que ni siquiera podía yo saber cuál de ellos había sido el culpable en cortar de tajo su joven vida.

Al ver aquello no sentí miedo… al contrario… me sentía satisfecho, libre al fin.

Me las arreglé para sacar el cuerpo sin ser visto por el encargado del hotel y en la total negrura de la noche fui a tirar el cuerpo a un lago en los límites de la ciudad. Llegué en la madrugada a mi casa y me acosté. Más parecía un autómata que un ser humano, no pensaba en nada esa noche.

Pasaron los días y parecían las aguas volver a calmarse en mi interior… trataba de no pensar más en esa noche… mis deseos parecían haberse saciado con lo sucedido en aquel sucio cuarto de hotel. Todavía pasaban en la televisión o en algunos diarios notas acerca de la desaparición de la chica. Aunque a ciencia cierta nadie había levantado una denuncia la policía hacía sus investigaciones pertinentes, yo mismo había denunciado su ausencia en clases para no parecer un sospechoso tan obvio. Un día, en los archivos de la universidad encontré que Dyana no contaba con parientes cercanos… no había datos de sus padres o de hermanos… extrañamente parecía no tener un historial… entonces… ¿cómo se había inscrito tan fácilmente?... ese colegio era reconocido por sus estrictas reglas en cuanto a documentación necesaria para inscribirse.

Sin pensar más en eso, decidí olvidar el asunto y seguir mi vida normal.

Había pasado ya un año de aquellos hechos, la policía olvidado el asunto, para mi sorpresa, en una inspección que se realizó en los alrededores de la ciudad (incluyendo al lago aquél), no se encontró nada… parecía que no habían quedado rastros de la chica y eso ayudó a que más rápido de lo normal se olvidara el caso.

Pero empecé a valorar a mi familia, no había vuelto a mentirle a Anna, me empezaba a gustar llegar temprano a la casa y jugar con el pequeño Ben. Disfrutaba su compañía y amaba a mi esposa, era tan dedicada… empezaba a sentirme a gusto con lo que tenia… feliz y satisfecho con mi vida y mis seres queridos.

Y como si se tratara de una maldición súbitamente me vino a la memoria Dyana. La primera vez en forma de sueño. Parecía que había vuelto a mi mente para cobrar venganza…

“hazlo… sabes que es lo justo…”

Aquella frase retumbó en mi mente una noche que la escuché mientras terminaba de trabajar en la escuela. Al principio pensé que había alguien ahí cerca o que me estaban jugando una broma estudiantil. Pero al cerciorarme que no había nadie un escalofrió sentí en todo el cuerpo, desde la médula hasta las yemas de los dedos…

- vaya, necesito vacaciones – pensé.

“regresé por ti… “

Eso se oyó aún más claro… ¡pero no había nadie!... ¿acaso era yo mismo?... ¿podrían ser los remordimientos de aquellos sucesos con Dyana?... la voz parecía provenir de mi mismo, ni siquiera era la de ella… tan dulce y a la vez provocativa…

Cada día que pasaba no dejaba de pensar en aquello… no podía así de fácil olvidarse tal acto de brutalidad… sabía que había yo hecho algo malo, muy malo… pero quería remediarlo… a toda costa…

Fui una noche al lago aquel donde tiré su cuerpo… hablé y hablé… estaba arrepentido de todo…

- Sé que me escuchas Dyana… no hay nada que pueda reparar mi gran error… sólo te pido que me perdones… estoy arrepentido… -

A pesar de lo que pensé ese día no tuve respuesta alguna de “la voz”.

Decidí hacer las pases con Dios, había vuelto al camino de la religión y trataba de ser buen hombre y buen esposo… cada vez que escuchaba esa voz reprochándome cosas me sentía cada vez peor… me quitaba la paz que tenía…

“No puedes huir a tu destino… tu lo forjaste”

- ¡No!, sé que he pecado pero estoy arrepentido de corazón… de verdad… - me repetía constantemente.

Un día en la iglesia, hable con el sacerdote y me confesé… me escuchó y me recordó que Dios perdona a los que de corazón se arrepienten… ¡yo lo era!, detestaba el recordar aquella noche en la que perdí toda noción de inteligencia y madurez. Estaba loco, y el escuchar a cada momento esa voz me ponía peor… ¡no me dejaba vivir!

Pero una noche… parecía todo que había vuelto a la normalidad… me encontraba yo en la casa esperando a Anna y a mi pequeño que habían salido de compras al supermercado. De repente tocaron a la puerta. Era ya muy tarde y no esperaba a nadie. Anna traía llaves… en ese momento me percaté de lo tarde que ya era y que ellos aún no habían llegado.

- ¿Es usted el señor Planck? ¿Robert Planck? – me dijo un agente de la policía.
- Si… ¿qué sucede oficial?... ¿qué pasa? –
- Siento darle esta noticia señor, pero encontramos el auto de su esposa al fondo de una barranca… parece que perdió los frenos del auto y se estrelló… su esposa falleció y su hijo está grave en un hospital – me dijo.

Al escuchar eso sentí que mi vida se destrozaba… se caía en pedazos… como un frágil cristal que yo había roto por mis estupideces…

“Tu tuviste la culpa… los niños malos reciben su castigo”

- ¿porqué me atormentas así?¿qué debo hacer para no volver a saber mas de ti?, ¡malditas seas! – gritaba esperando que Dyana me diera la solución…

Ese fue el día mas largo de mi vida… mi hijo tenía graves heridas en la mayor parte de su cuerpo… salió disparado del auto por el impacto tan fuerte y tenía muchas conmociones. Los doctores luchaban por salvarlo… mientras, en la capilla que estaba cerca del hospital yo le rogaba a Dios por su vida…

Cerca de 6 horas duró la operación para tratar de salvarle la vida y al final, nada sirvió… mi hijo murió en el quirófano.

Regresé devastado a mi casa… yo había tenido la culpa de todo eso…seguramente el perder a mi familia había sido el castigo por mi grave pecado… no podía huir a mi destino, era yo un pecador y mi arrepentimiento parecía no serle suficiente a mi Dios.

Y ahora me ha vencido esa voz, esa voz interna que me grita desesperadamente por hacer lo justo, lo que se debe hacer…

Ya no tengo otra salida, ésta arma me dará mi merecido y a la vez el justo castigo por mis pecados. Esa mujer me lo exige, su compañía constante terminará pronto…

La veo, parece que por fin estará en paz… se acerca y siento un viento helado entrar por mis venas al mismo tiempo que estremece todo mi cuerpo. Siento como si bailara una danza macabra que se apodera de todo mi ser. Si, ella me dará el valor de jalar del gatillo, sólo era cuestión de dejarla entrar y aceptar mi maldad…

“yo te ayudaré… sólo ríndete…”

¿Tendré el perdón divino si lo hago?... ¿podré salvar mi alma?...

“es demasiado tarde para eso… tu alma no tiene salvación… dispara de una vez…”

El frío interno desaparece cuando mi cabeza retumba por la explosión… un calor que siento familiar me aprisiona… mientras alcanzo a ver que la mujer cambia de forma a algo que nunca había visto… alguien que quería que lo acompañara a su hogar, que se metió en mi cabeza porque yo lo dejé y que me convenció a darle mi alma perdida y confundida… alguien que jugó conmigo y mi mente débil, ¡la muerte de mi familia no era el castigo... era una prueba de fé y arrepentimiento!... y ahora es tarde, aquel ser...es el maligno…

Tiene una sonrisa maliciosa con la que saborea su victoria…
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Wednesday, December 08, 2004

El espejo de la señora Duvall

La señora Duvall siempre padeció del mismo problema: vanidad.

Desde jovencita, viendo fotos de aquel entonces, fue bella. De una belleza muy especial, tierna pero a la vez sensual, delicada pero al mismo tiempo agresiva… de grandes ojos verdes con un brillo casi mágico, piel blanca y muy tersa como de recién nacido y sobre todo unos labios carnosos de seductora presencia que invitaban a ser probados.

De esbelta figura y refinadas facciones la chica sabía sacarle aún más provecho a su belleza pues siempre estaba al pendiente de su cuidado personal.

Nunca le faltaron pretendientes, chicos que la admiraban cuando caminaba frente a ellos, deseosos de poseer a semejante diosa. Ella disfrutaba los suspiros que arrancaba al pasar pero nunca quiso nada serio con uno de aquellos admiradores. Siempre estuvo más preocupada por verse bien y por ser admirada que por otras cosas…

Se cuenta que la estancia de su casa siempre estaba llena de arreglos de hermosas rosas que le hacían llegar, dulces o regalos sumamente costosos, como si quisieran comprarla con detalles o halagos. Eso nunca le importó, rechazaba a cualquier hombre que quisiera proponerle una relación formal. Decía que no tenía tiempo de ser una mujer de hogar, un ama de casa cualquiera.

Pasaba gran parte del día arreglándose en su habitación, tenía infinidad de prendas de vestir, maquillaje y joyas, pues su situación económica familiar era bastante acomodada. Pero había algo muy especial que guardaba con sumo recelo en un pequeño cajón de su tocador… un espejo muy fino, heredado de su abuela, con incrustaciones de diamantes y bañado en oro. Elegantemente adornado con un marco formado por rosas que, cuando ella se miraba en él, enmarcaban a un rostro casi divino…

La obsesión que tenía con el espejo iba creciendo con el paso del tiempo, a diario se miraba en él, pasó a ser su objeto favorito y no lo compartía con nadie. Tanta importancia tenía el hecho de admirarse en el espejo que cuando, una mañana de invierno, le comunicaron del grave accidente que sus padres había sufrido en la carretera, ella casi ni se inmutó… nada podía distraerla de los momentos de comunión que existían entre el objeto y ella. Era casi una religiosa unión la que los unía…

Ella había heredado todos los bienes con la muerte de sus padres y eso la condujo a un aislamiento notable con la gente que vivía cerca de ella. Los sábados acostumbraba organizar cenas en su casa, era el único día que socializaba y que usaba como pretexto para recibir a los caballeros que la pretendían.

Fue entonces, en la celebración de su cumpleaños número treinta, que llegó a su vida un joven de distinguido y apuesto porte. Recién había llegado de un viaje por Europa y asistía a la fiesta acompañando a un amigo que pretendía a la señorita Duvall. Desde el primer contacto visual entre ellos dos ella sintió algo que nunca había sentido por nadie. Se olvidó por unos instantes de ella y comenzó a pensar en aquel hombre.

Sólo que él no tenía el mismo entusiasmo, le alababa su gran porte y belleza pero no la amaba. Muy duro golpe para su ego recibió ella cuando él se negó a declararle su amor y proponerle matrimonio.

Dicen que no podía ella concebir tal tontería… ¿Cómo era posible que la despreciara a ella?... ¡siendo que muchos matarían por estar en su lugar!...

Pasaba días de confusión y depresión en su hogar… pero decidió jugar una carta hasta el final, sabía que él se iba a regresar a Europa y que nunca volvería, pero antes que eso pasara ella lo había invitado a una cena de despedida en su casa… así que llegó el día y ella, dispuesta a todo, en una íntima y privada habitación alejada del barullo de la fiesta se le ofreció…

- No te vayas… te quiero conmigo, tómame… - le dijo desesperada a él

Los sirvientes cuentan que al día siguiente vieron salir de la habitación de ella a aquel hombre…

Pero de ella no supieron nada hasta dos días después que decidió salir de su cuarto, tenia los ojos irritados de la cantidad de lágrimas que había derramado todo ese tiempo, cuando entró el ama de llaves pudo ver en la cómoda del cuarto una carta de ese hombre en la que le decía que él nunca la había amado y que se iba esa misma tarde…

Ante esa situación la mujer decidió enclaustrarse en su hogar, ya no recibía a ningún otro hombre y dejó de organizar fiestas en su casa… se le veía muy acabada emocionalmente, pero entonces, regresó a algo que había dejado olvidado por aquellos sucesos: su espejo.

Nada la hacía cambiar de parecer o de actuar, a los 8 meses de aquella vez tuvo un hijo de aquel hombre, no dejó que ningún médico la atendiera y ni siquiera acudió a un hospital para atenderse, los sirvientes dicen que no se cuidaba y que ellos mismos recibieron en trabajo de parto al bebé.

Ella nunca se hizo cargo del niño, les pagaba a las muchachas que tenía a su servicio para que amamantaran al niño y lo cuidaran…

El tiempo pasaba y a pesar de ser una mujer ya madura seguía conservándose muy bella, pero eso no le era suficiente, siempre se enojaba pues quería recuperar la juventud que se le estaba ya escapando de las manos…

Cuando su hijo cumplió 10 años decidió mandarlo a un internado, pagó grandes cantidades de dinero para prácticamente deshacerse de él… en un diario que se encontró hace poco de ella se leían estas palabras:

“El niño es una carga, un lastre que tengo que cargar como un castigo a mis pecados… mis pecados de enamorarme de ese maldito hombre… lo odio, como a nadie, a él y al fruto de ese error que fue el amarlo: el niño… me desharé de él para enfocarme en lo que de verdad es importante… recuperar mi belleza…”

Los años pasaron y aquel niño se hizo hombre, pasó muchas dificultades en la vida pues nunca recibió ni un solo centavo de la fortuna de la señora Duvall… y mientras él vivía en la pobreza ella se había refugiado por completo en su habitación. Ya con seis décadas de vida encima seguía teniendo las mismas ideas… y en lugar de madurar cada día que pasaba empeoraba más y más…
Se decía que cuando uno caminaba por los pasillos aledaños a su gran habitación podía escucharse a la señora Duvall conversando con su espejo…

Su vida era un tormento psicológico, lo más preciado y su mayor tesoro siempre fue su belleza, pero al pasar de los años se iba desvaneciendo poco a poco. Así que ella se refugió en la complicidad de su espejo, aún siendo ya una anciana seguía siendo igual de soberbia que siempre… ella seguía viendo a la hermosa jovencita que era antes sólo a través de ese espejo… mandó a tirar a la basura todos los demás que tenía en su habitación, corrió a la servidumbre y se quedó sola.

Eso hasta que hace unos días su tan amado espejo desapareció… dicen que se encontró a la vieja Duvall muerta en su cuarto al poco tiempo. Tomó un cuchillo de la cocina y se desfiguró el rostro… parece que al perder a su cómplice no encontró ningún otro lugar donde reflejar su tan preciada belleza y decidió quitarse la vida.

Si, todo eso fue cierto… tan cierto que ella nunca recordó que su hijo la necesitaba, que deseaba su compañía y añoraba palabras de aliento en momentos difíciles…

Aún así solo vine a decirte que te amo mamá… espero que por fin encuentres descanso aquí en tu tumba

Ah, por cierto, te traje… tu espejo…
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