Mi infierno
Mi vida siempre ha sido igual, nubes negras han estado sobre mi cabeza desde que tengo uso de memoria…
El arma es la única salida verdadera a este infierno que unos llaman vida. Para mí nunca lo ha sido, desde pequeño sufriendo los maltratos de mi padre. El gobierno lo obligaba a tenerme pues mi madre murió en labor de parto y nunca la conocí. Me recordaba una y otra vez la carga que yo representaba para él… de hecho nunca se preocupó por procurarme alimentación o educación.
Me crié en las calles, con chicos igual de desafortunados que yo. El viejo siempre se disculpaba pues mi abuelo nunca lo quiso, exactamente igual que en ese momento yo lo estaba viviendo con mi padre. A pesar de eso yo era un buen chico, trabajé desde muy pequeño haciendo malabares con una pelotita en las avenidas, cuidándome de los chavos banda mayores que yo, que generalmente eran los dueños de esas calles y que manejaban a todos los que pedíamos limosna. Entre ellos y mi padre mi vida era un constante sube y baja, me escondía en un viejo almacén siempre que mi padre, alcoholizado, llegaba a la casa a pegarme.
Estaba con él pues después de todo, era mi único lazo familiar… siempre soñé con poder romper con ese tipo de maldición familiar y formar una verdadera familia… una bella familia, como la que todo el mundo tenía… una buena esposa, un trabajo decente y decoroso, hijos que fueran mi orgullo…
Así transcurrió mi niñez y parte de mi adolescencia hasta que un día de tantos mi padre llegó mas enojado que de costumbre… no se que le pasaba pero estaba como fiera rabiosa gritando toda clase de injurias a todo el mundo… me golpeó y yo huí pues ya no aguantaba más eso… me fui a mi refugio y ahí me quedé un par de días…
Estuve pensando en lo que podría yo hacer para ayudarlo… a pesar de parecer loco, no quería perderlo… era mi padre después de todo y necesitaba ayuda… quería ayudarlo, quizás llevándolo a un hospital o centro de adicciones… mi bondad no me permitía olvidarlo así como así… sabía que si quería irme al cielo tenía que hacer cosas buenas.. eso lo escuchaba en las clases de catecismo de la iglesia cercana a dónde vivíamos.
Nunca hice mi primera comunión pues el sacerdote no me aceptó en las clases… decía que era un perdido y que ahí solo iban niños buenos… no entendió nunca que yo era uno de esos a pesar de mi aspecto y mi pobreza… quería irme al cielo… así que me metía sin que nadie se diera cuenta, me brincaba la pequeña acera y desde la copa de un árbol del jardín contiguo de la iglesia escuchaba muy atento todo lo que decían a los otros pequeños.
Y si yo podía salir adelante, sabía que también podía sacar adelante a mi padre… así que decidí regresar a mi casa y en el transcurso miles de ideas pasaban por mi cabeza, quizás en un tiempo pudiéramos llevarnos bien… le ayudaría a encontrar un trabajo y entre los dos sacaríamos adelante la casa…
Solo que no esperaba ver lo que ví esa tarde que llegué a buscarlo. Una bala le había atravesado el cráneo… desde la boca hasta la sien… aún estaba él sentado con la pistola en la mano derecha… todo lleno de sangre y yo sin palabras…
Parece que no tenía mucho tiempo de morir pues la policía llegó en esos momentos… una vecina había escuchado el ruido del arma y les había llamado… en vano fueron mis explicaciones tan escasas, debido a la fuerte impresión que tenía, pues no me creyeron y me llevaron a la tutelar de menores…
Me culpaban de tráfico de droga pues… mi padre acostumbraba comercializar cocaína en la zona y yo ni siquiera estaba enterado. Y como todos me señalaban como un vago, fue suficiente para sentenciarme como cómplice aún a mi corta edad.
Ahí pasé parte de mi juventud, por mi buena conducta al cumplir la mayoría de edad me dejaron en libertad. Tenía la firme convicción de enderezar mi camino, ahora estaba solo y debía forjar mi propio destino. Busqué algún trabajo que pudiera mantenerme con una vida decente, pero por mis antecedentes penales no pasaba de algún trabajito de cargador o cuidador de coches, en los cuales no duraba mucho pues generalmente me corrían. Preferían contratar personas con mejor aspecto que el mío.
Mi vida fue muy dura, traté de estudiar pero no podía hacerlo muy bien, sólo conseguí con muchos esfuerzos mi escolaridad básica, mientras trabajaba en el departamento de limpieza de un almacén. Ahí fue donde conocí a la que sería mi esposa. Ella era sirvienta y visitaba frecuentemente el almacén. Era hermosa, me enamoré perdidamente de ella. Sentía que mi vida mejoraba pues había encontrado el amor que siempre busqué.
Pero las cosas se volvían a complicar… en un arranque desenfrenado de pasión quedo ella embarazada… su patrona la corrió del trabajo y no me quedó de otra que responsabilizarme del fruto de nuestro amor. Traté de conseguir algo mejor pero nadie me aceptaba, así que con ese pequeño sueldo le pedí a mi amada que nos casáramos y que sacáramos adelante a la criatura. Ya tenía mi familia, la que siempre había querido, ella lavaba ajeno a los vecinos del precario barrio donde nos fuimos a vivir mientras yo me partía el lomo en el trabajo tratando de sacar lo más que pudiera.
Pero mi vida era un fracaso… me empezaba a deprimir a diario… encontré en la bebida una salida ante mi patética situación… mi esposa no era más optimista que yo, se quejaba toda la vida de los dolores del embarazo… tenía la presión del médico que me recomendaba cuidados y buena alimentación para ella... ¿cómo demonios me recetaba eso, si ni quiera teníamos para comer como humanos?.
Parecía flaquear cuando, en el momento menos esperado, llegó la hora del parto… hubo muchas complicaciones… me dijeron que el bebé estaba delicado y que mi esposa perdía muchísima sangre… el trabajo de los médicos duró varias horas mientras yo me desesperaba en la sala de espera.
- Lo siento de verdad… hicimos lo que estaba a nuestro alcance… su esposa no fue lo suficientemente fuerte para soportar el parto… -
No pude decir nada… quizás ya me estaba acostumbrando al sufrimiento…
Los años han pasado, aún recuerdo a mi linda esposa, con la que tantas veces hice promesas de amor hasta que la muerte nos separara y con la que había hecho tantos planes de vida…
Nada bueno me había sucedido desde que yo nací… mi hijo solo era un maldito eslabón más de mi desgracia. Cada vez que lo veía recordaba a mi amada mujer que dio la vida por él… ¿ y para qué?, ¿para venir a sufrir como yo lo he hecho a este mundo?... toda mi raza ha sido igual, estamos malditos, como todos los que viven aquí, una horda de seres malvados, egoístas e inhumanos… buscando satisfacer sus propios placeres aún a costa de los demás…
¿Y sigues preguntando que porqué voy a hacer esto?...
- No papá… por favor… juro que te amo…p…por favor… no me mates –
La vida es un infierno hijo… yo solo quiero que te vayas al cielo…










