Monday, October 25, 2004

El Regalo del abuelo

Lucía nunca creyó en los supuestos poderes de la Ouija, ese juego antiquísimo según el cual sirve como medio para comunicarse con los muertos. Ellos, se supone, guían las manos de la persona que lo juegue para así comunicarse.

Debido a su escepticismo nunca asistía a las reuniones donde sus amigos de la universidad lo jugaban. Pensaba que era sólo una tonta manera de perder el tiempo, pues los estudiantes nunca podrían creer en eso, eran demasiado superficiales y materiales como para creer en espíritus y demás cosas paranormales. Sólo que, la curiosidad, los alentaba a jugar con eso.

Rocío, su mejor amiga y compañera de clase, era la más entusiasta en que Lucía se incorporara a una de esas noches de juego. Además conocía la existencia de algo muy particular: una vieja ouija de madera que el abuelo de Lucía tenía secretamente resguardada en un gran ropero de su habitación. El señor había ya fallecido y nunca había hablado acerca de su juguete a sus familiares. La propia Lucía, mientras limpiaba el cuarto del anciano recién fallecido, lo había hallado en una caja llena de polvo y debajo de libros viejos.

- anda Lucía… es una reliquia excelente… seguro con ella si logramos contactar algún fantasma – le decía constantemente Rocío.

Pero no había dado su brazo a torcer… no hasta aquella noche.

Por fin Lucía aceptó a usar la ouija con sus amigos, con la condición de que fuera la primera y única vez que lo hiciera. Aprovechó que sus padres habían salido de viaje pues ellos le habían dicho claramente que nunca tocara las cosas de su abuelo. Accedió a jugarlo sólo para que cesaran sus constantes invitaciones y reproches de que no quisiera estar con ellos.

Llegaron a la hora pactada, las once de la noche. Era Rocío, con su novio y un amigo de la universidad llamado Mario.

- perfecto Lucía, verás que hoy será el gran día y te convencerás que esto sí funciona, te lo aseguro –

Colocaron la ouija en la mesa de centro de la sala y los jóvenes se sentaron a su alrededor. La primera en jugar fue Roció pero no lograba ningún resultado, no lograba captar ninguna presencia a pesar de invocar a los espíritus que podrían estar ahí presentes, le tocó el turno a los otros dos jóvenes con los mismos resultados. Insistieron en que era el turno de Lucía, y a pesar de no querer hacerlo, algo en ese instante le decía que lo intentara… que sólo una vez y nunca más lo haría de nuevo.

En el preciso momento en que Lucía tomó el señalador con sus dedos un aire helado entró por las ventanas. Las cortinas parecían haberse vuelto locas… pero extrañamente Lucía no sentía temor… una gran curiosidad se apoderó de ella. Quería saber más, experimentar más…

Los demás muchachos estaban intrigados por el repentino interés de su amiga y por las cosas poco comunes que parecían haberse desatado cuando sus dedos apenas habían tocado la madera. De repente Lucía comenzó a sentirse mal, muy mareada…

¡¡¡¡¡ahhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!!

El grito desgarrador se escuchó en toda la casa, parecía atacada por seres invisibles mientras mantenía las temblorosas manos en la ouija. Los chicos, espantados, reaccionaron y le despegaron las manos de esa cosa. Parecía tenerlas clavadas pues apenas entre los tres lo lograron mientras Lucía parecía a punto de estallar en esa inmensa agonía mental. Hasta que por fin se desmayó.

Mario la llevó en brazos a la cama mientras ellos trataban de reponerse de la impresión

La pesadilla que Lucía tuvo esa noche fue espantosa, se encontraba huyendo de algo o de alguien… no sabía a ciencia cierta de qué, lo único que sabía era que algo malo estaba tras ella…

La perseguía como si nunca se cansara, ella lloraba de la desesperación y la angustia… pedía a gritos ayuda, pero las altas horas de la noche eran las culpables de que las calles estuvieran tan solitarias. O por lo menos eso suponía. Cuando entró a una gran avenida iluminada pudo voltear y distinguir a sus perseguidores: sus amigos. Parecían poseídos, jadeaban y gritaban obscenidades. Tenían los ojos en blanco y la perseguían sin descanso.

Eran más rápidos que ella, hasta que por fin la atraparon en un callejón sin salida…

- ¡no, suéltenme! - , les gritaba desesperada mientras ellos la apresaban y la manoseaban, le rasgaron las ropas y sentía un millar de manos tocarle con insana audacia. La tiraron al suelo entre los tres y mientras forcejeaban la lamían y besaban. Parecía que querían poseerla cual viles demonios.

En eso Lucía vio una botella rota en el asfalto, cerca de la basura del callejón… como pudo logró zafarse y alcanzarla con una mano…

- ¡¡¡mueran, tomen esto malditos!!! – gritó con llanto en los ojos mientras los apuñalaba una y otra vez…

Eso hizo con saña sin igual… hasta que los tres cayeron muertos… despedazados…

Fue en ese momento que despertó sudando en su cama… lo único que deseaba fervientemente era darse un baño y descansar plácidamente en su casa. Eran ya muchas emociones para una noche… aún no podía entender exactamente qué era lo que había pasado y se atormentaba su mente tratando de encontrar las respuestas a tantas interrogantes que parecían sin sentido. Seguramente sus amigos se ya estaban satisfechos por aquellos sucesos raros… esperaba que ya no siguieran molestando con usar esa maldita cosa una vez más.

Cuando despertó no recordaba gran cosa de lo sucedido… sólo le dolía un poco la cabeza, pero sintió alivio al saberse segura en casa… empezaba a amanecer ya. Fue a la cocina a tomarse un vaso con agua y se sentó unos minutos en la silla del comedor.

De repente algo malo sintió a sus espaldas… giró la cabeza…

Se quedó sin habla.

Horrorizada, la chica, le levantó de su asiento… sus ojos reflejaban miedo… el más grande que había sentido…

La ouija estaba en la mesa de centro. Y sus amigos tirados en el suelo destazados… había charcos de sangre por toda la habitación… así como en la blusa y el pantalón de Lucía.
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Wednesday, October 20, 2004

Mihcailhuitl

Muchas cosas se dicen de este pueblo. Los habitantes son gente callada y reservada. En todo el año abunda en el pueblecillo éste un aire de tristeza y de gris desencanto.

Enclavado en la parte más alta del estado se localiza este pequeño poblado llamado Tlacuilán. Poco se sabe de su existencia, ni siquiera en los mapas generales de la sierra norte puede encontrarse fácilmente. Apenas se toma en cuenta para el mundo en general, pero su importancia es de enormes proporciones.

Como parte de una expedición con fines recreativos dí con este lugar. Mi intención original era sólo hacer una breve parada en este sitio para, al día siguiente seguir su recorrido hacia el oeste y, en breve, llegar a las famosas caídas de agua del estado.

No fue fácil llegar, el camino era inhóspito, el bosque era el constante guardián de aquellos vastos terrenos. Los pocos caminos que existían no tenían pavimentación y generalmente era tierra y lodo. Caminé kilómetros desde la última señal de civilización en San Bartolo hasta aquí… me pareció la forma más rápida de llegar a las cascadas. Soy reportero de profesión, fotógrafo por vocación y las aventuras siempre me han llamado poderosamente mi atención y exigido tiempo… disfruto mucho mis viajes. En esas cascadas sabía que podía tomar fotos excepcionales al mismo tiempo que descansar del barullo de la gran ciudad y su fría gente. En ese sentido tenía ya la experiencia de que la gente de pueblo es muy cálida y te brindaba lo que bien tenía por natural hospitalidad.

Pero aquí es distinto. La gente es desconfiada y cautelosa en extremo con los visitantes. Acostumbrado a un trato amable de la gente de pueblo que a veces visitaba me extrañó mucho la actitud de estos indígenas. En general las calles parecían siempre desiertas, cual pueblo fantasma, las empedradas avenidas me regalaron imágenes sin igual para mi cámara fotográfica. Muy rara vez me encontraba gente en la calle. Algunas tímidamente salían con los hijos a la espalda o cargando pesados bultos o baldes de agua en la espalda. Era una mañana fría, y el cielo apenas se dejaba ver. La niebla estaba muy baja, me imagino que natural, por la altura a la que estábamos.

Llegué muerto de cansancio a una pequeña fonda. Un tipo apenas me vió y bajó la mirada. Sus ojos se perdían en aquel sombrero de palma… todo hubiera sido muy malo de no ser por la única sonrisa que ví esa mañana. La de una indígena ataviada muy humildemente y que atendía en ese lugar. Apenas y ganaba lo suficiente para comer pero doña Dolores sacaba adelante a su pequeña y a sus ancianos padres.

La pequeña hija de Dolores tiene problemas mentales, la cuidan mucho tanto sus abuelos como su mamá.

“mih…mih…mihcail…huitl” – repetía constantemente.

Mientras jugaba con su muñeca de trapo en el suelo, era lo único que trataba de balbucear. En verdad era una niña muy tierna y a pesar de su problema físico y mental era muy despierta y sabía muy bien que era lo que sucedía en el pueblo.

A mis cuestionamientos acerca del significado de esa palabra a los pobladores siempre recibía negativas o, en el peor de los casos, huían y se perdían entre la espesa niebla de aquella mañana. Dolores, después de mucho insistir me comentó:

“Significa día de muertos en náhuatl, señor”

Yo sabía muy bien que esa mañana de noviembre todo el mundo celebra el famoso Día de muertos y le lleva comida a sus muertos al panteón… o ponen ofrendas en algunos otros lugares… pero en este extraño sitio parecía que era al revés. Aquí no se acostumbraba rendirles un homenaje o cierto culto con tono festivo este día. Según las leyendas que me había platicado Dolores, por alguna extraña razón, todas las almas malas se levantaban ese día… nunca nadie debía salir de sus casas esa noche pues las almas de los condenados del pueblo rondarían por todos lados a partir de la medianoche. Y toda aquella persona que fuera atrapada por ellos sería eternamente condenada a penar. Aún si era de espíritu noble o sincero. Ellos sólo buscaban alimentarse con almas inocentes para que los acompañases por siempre.

Obviamente lo tomé como tradiciones tontas… no entendía como era posible que en pleno siglo XIX todavía existiera tanta ignorancia. Pero en fin, accedí a hacer lo que ella me recomendó: esconderme y no salir ni por un instante a la calle después de que el párroco tocara las campanas.

La luna apareció más cerca que nunca. Y muy brillante, iluminaba mucho más que los míseros faroles y lámparas que se encontraban prendidas en cada humilde hogar.

Se comenzaron a escuchar ruidos extraños, el aire, como si tuviese vida propia, soplaba de un lado para otro con inusitada agresividad. Parecía enojado, temeroso… parecía advertir la maldad. El pecado de los hombres salía de la tierra esa noche.

Corrí por mi cámara fotográfica, pero sin explicación alguna, no pude tomar fotografías, el lente parecía tapado. Como si algo le estuviera impidiendo ver lo que estaba sucediendo en esos instantes tan dramáticos. Traté de limpiarlo con lo que pude, pero una especie de neblina gris no dejaba ver absolutamente nada. Ni con mis instrumentos y aparatos para el flash y la iluminación conseguía nada. El flash no servía. Parecía como si de repente se hubiera descompuesto… y hacía apenas unas horas estaba tomando fotografías en la plaza.

Repentinamente hizo un aire helado, en cuestión de minutos pareció cambiar la tranquilidad de esa noche y dar paso a un estado de tensión indescriptible… todo mi cuerpo temblaba, pero más que por la temperatura… por esos inexplicables e insólitos momentos.

Lamentos por doquier… gritos de clemencia, risas de maldad….

Las calles están cerradas. La pequeña capilla local tocó ya las campanas. Ya avisó que se aproxima la hora de su llegada, de su despertar.

Alcanzo a ver a los últimos pobladores corriendo temerosos a sus casas… Dios… no puede ser… Lupita… se quedó en la plaza…

“Lupita, ven aquí!!!... no los mires!!!” – le grité desesperado

“m…mihcailhuitl, ¡mihcailhuitl!”

¡¡¡¡aaaaaaaaaaghhhh…!!!!

Ya no está… desapareció la pequeña…

Ya es tarde. Dolores mira la ventana, pero no la abre. Sabe que ya no tiene caso, sabe que sus esfuerzos y cuidados fueron en vano estos años. Su niña ya no está. Y ella no hace nada. Sólo mira hacia la ventana y se queda callada. Me parece ver el brillo de una lágrima correr por su morena mejilla…

Dicen que esta noche los muertos se levantan de sus tumbas… que olvidan el eterno descanso del alma para volver…

Generalmente eso se dice como costumbre….

Aquí en verdad sucede…

Los he visto.
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Sunday, October 10, 2004

Fuego Nocturno

No estaba segura de lo que hacía… quizás como una venganza o desahogo de la opresión de su familia, pensaba. Como hubiese sido había tomado la decisión de salirse de su hogar, a cualquier parte, donde sea… menos regresar a esa gran jaula de oro. Deseaba vivir su vida, disfrutar su juventud… irradiaba inocencia, pero a su corta edad estaba muy decidida a disfrutar como cualquier mujer. Ya no eran tiempos de estar con tantos cuidados innecesarios, se decía a si misma.

No sacó sus pertenencias, sólo salió corriendo sin rumbo fijo, buscando el calor en otro lado, el sentido de la pertenencia… nunca se supo a gusto en ese ambiente tan sórdido y banal. Emociones y experiencias era lo que deseaba…

Quizás ese rumbo no era el adecuado para una señorita de su condición social y clase, ese barrio tan paupérrimo y lleno hasta la médula de vicio no era su lugar… ¿o quizás si?

Entró a aquel podrido lugar lleno de desdichados, drogadictos y jóvenes sin esperanza… eran como muertos en vida, sus ojos habían perdido el brillo de la ilusión. Como marionetas sin alma. Todo era muy extraño pero vagamente conocido… quizás se había soñado alguna vez ahí… pidió una bebida y mientras fumaba un cigarrillo trataba de comprenderse en ese lugar, los motivos que la habían llevado ahí, así como lo que deseaba encontrar en él. Apenas y sabía tomar el cigarrillo pero ambicionaba experimentar los gozos mundanos a costa de lo que fuera.

Predominaban los atuendos negros y las cabezas rapadas… piercings y el olor a marihuana o algo parecido… pero de repente su mirada se fijó en una figura del fondo. Sentado, muy bien acompañado por dos chicas se encontraba un hombre fuera de lo común. No sabía cómo describirlo, si empezar por su atuendo tan simple pero a la vez perfecto, su larga y ondulada cabellera negra o aquella mirada perturbadora. Aunque quería no podía dejar de mirarlo, él se levantó lentamente y con movimientos infernalmente cautivadores se dirigió hacia ella.

La chica sintió la mirada arrolladora de aquel extraño. Nunca lo había visto pero se le hacía tan familiar… como si él fuera el hombre de sus sueños prohibidos, el hombre que ella esperaba hallar algún día. Como dagas sus ojos se clavaron en ella… entraron lentamente y un fuego parecía carcomerle las entrañas, todo su cuerpo se estremecía al mismo tiempo que el extraño empezaba a acercarse a ella.

No hubo necesidad de palabras ni de saludos, ella sabía que había encontrado a su hombre ideal y que esa noche sería inolvidable. Que aquel personaje la estaba esperando y que era justamente lo que buscaba. Él estaba dispuesto a enseñarle.

“Hola… me… ¿invitas una copa?”

No sabía a ciencia cierta que decir pues su sola presencia era suficiente. Se quedó parado frente a ella unos segundos, cruzaron miradas y sin decir nada, el extraño partió de aquel lugar. Ella despertó de aquella especie de trance y sin dudarlo lo siguió. Imitando su comportamiento la chica no pronunciaba palabra y se limitaba a caminar tras el hombre.
“¿Qué estoy haciendo aquí?... ¿siguiendo a un total desconocido?... sí, precisamente, haciendo lo que siempre me prohibían, yendo contra las reglas que siempre me imponían mis padres…” pensaba ella.

El camino era muy solitario y oscuro, se guiaba simplemente por la figura y el porte que tenía aquel sujeto… caminaron varias cuadras hasta que por fin llegaron a un enorme edificio viejo. Parecía abandonado, ella nunca había pisado esos inhóspitos lugares.

Subieron rumbo al segundo piso de aquel peculiar lugar… tan oscuro, tan desolado, tan solitario… tan perfecto. Una gran escalera partía desde ese lugar y el extraño sin decir palabra comenzó a subir.

Nunca pronunciaba palabra alguna aquel sujeto, sólo subía y subía escalones de ese edificio que parecía tener proporciones babilónicas… pisos y pisos… escalones carcomidos ya por el paso de los años… parecía no tener fin. Hasta que por fin llegaron. Parecía una habitación especialmente acondicionada para una noche de pasión… aunque no se respiraba aire de amor, más bien de deseo carnal… deseo animal…

Las paredes eran negras y estaban adornadas con extraños mensajes en algún idioma que ella desconocía, parecían jeroglíficos sacados de algún libro antiguo… en el centro del cuarto había una gran cama bellamente ataviada con enormes sábanas… había una rosa roja en la almohada derecha. Parecía que estaba ya esperándola. Que todo era perfecto y que era el momento justo… el pecado de la carne y la pasión sin freno pululaba en ese lugar…

En un instante el desconocido se le acercó y le tomo la mano… ella estaba hipnotizada con la mirada de su acompañante, con un tierno beso en la mano le daba a entender que ya era la hora… se abrazaron… él la acariciaba, le besó el cuello y con un suspiro apenas muy leve logró hacer que un escalofrío circulara por todo el cuerpo de la chica.

Comenzó muy dulcemente y conforme los segundos de ternura transcurrían sus movimientos eran mas fuertes, mas firmes… la seducción era su arma y la sensualidad su tarjeta de presentación… la llevó a la cama y mientras le quitaba sus prendas las dulces sábanas acariciaban como si tuvieran vida propia a la mujer… la atrapaban, la sostenían para que su amo hiciese con ella lo que deseaba… de cualquier forma no ponía mucha resistencia ella… con los ojos cerrados no podía más que disfrutar tanto placer… se sentía protegida y nada pasaba por su mente en esos instantes…

Con habilidad felina se acercaba a ella, sus grandes manos tocaban a la vez con firmeza que con dulzura sus pechos… ella al instante quedó a su merced y conforme pasaba el tiempo estaba más que dispuesta a todo… cada segundo era una eternidad de placer, cada gota de sudor que recorría su cuerpo la llevaba al mismísimo éxtasis.

Las manos del desconocido con una maestría sin comparación tocaban y acariciaban en los lugares exactos, con la velocidad y precisión necesaria… a pesar de estar muy frío su cuerpo ardía en pasión. Ella lo disfrutaba, no podía creer tanta desenfrenada pasión en un solo hombre…

La noción del tiempo se perdió por completo, minutos, horas… daban lo mismo en tal experiencia. El extraño posaba sus labios en su cuello como la seda misma sobre su cuerpo… ella sintió la rosa que se colocaba en su cuello muy lentamente… se acercaba y con sus pétalos acariciaba su piel… mantenía los ojos cerrados… sabía que la rosa se encontraba ahí… cuando, en el momento exacto… su cuerpo se estremeció… sus extremidades se tensaron y su sangre parecía hervir dentro de ella como un volcán a punto de explotar… las espinas de la rosa se habían incrustado en su interior… lo que siguió fue un karma total… su alma liberada, sus deseos más ocultos salían como ventiscas de un aire prohibido… el aroma del deseo se hacía presente cada instante…

¡¡¡Gritaba de éxtasis!!!, ¡¡se carcajeaba victoriosa!!...

Al despertar, un tiempo después, ya no estaba el extraño… su cuerpo se encontraba lleno de sangre y así, desnuda como se encontraba, trataba de recordar lo que había sucedido…

Había un ventanal enorme del lado derecho del cuarto… ella intuitivamente se asomó y a pesar del vértigo natural de estar tan alto y poder observar toda la ciudad no tuvo miedo. La luna era enorme y como juez de tal acto los miraba asombrada. La mujer orgullosa y satisfecha se encontraba. Ella se sentía afortunada, una rara implosión de poder pareció llegarle de repente. Se sentía fuerte… se sentía viva!!

Un brillo maligno surgió en sus bellos ojos… mientras se tocaba las marcas del cuello.


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Friday, October 01, 2004

Una esperanza

He perdido la cuenta de los días… llevo ya muchos aquí… pero debo encontrarla…

Aún no puedo entender, ni nunca lo haré, las razones que llevan al hombre a cometer tan despiadados actos. Pareciera que Dios no les otorgó sentimientos al igual que a todos los demás.

¿Qué motiva a un hombre o mujer a privar de su libertad y de su vida un semejante? ¿un simple motivo material como el dinero?¿cuánto cuesta un alma?

¿cuánto vale mi hija?

Con nada puedo aminorar el dolor que he sentido todos estos meses… siento un enorme vacío que nada en este mundo puede llenarme, me han quitado mi motivación y mis ganas de seguir viviendo.

Mi vida empezó a quebrarse en el momento en que oí su voz al teléfono:

“Mami… ayúdame por favor… sácame de aquí”

Si tan solo hubiera estado con ella… si la hubiera acompañado al colegio… hubiera, palabras, sólo palabras vanas… insulsas excusas inútiles que ahora ya no sirven para nada. Pero por Dios que no pude… me encontraba yo en el trabajo partiéndome el lomo para poder mantenernos…

En la fábrica absorbían casi todo mi tiempo, salía en la madrugada de la casa y regresaba a veces sólo para darle las buenas noches a mi pequeña. La descuidé mucho, sí lo se… ¡pero estábamos solas!... no tenía mas remedio que salirme del hogar para poder traer el pan a la mesa.

Ella, una adolescente ejemplar… una excelente estudiante. Todo el tiempo me recordaba sus anhelos de alcanzar algún día una vida mejor. Más tranquila o desahogada. Le atraía la carrera de medicina y se esmeraba en sacar buenas notas todos los años. Luchaba y luchaba, siempre pensando en superarse y salir de nuestra precaria situación.

Nunca me reprochaba el no pasar mucho tiempo con ella, me entendía y sabía perfectamente que no tenía otro remedio más que irme… sabía que el no contar con su padre me complicaba mucho más las cosas. Él nunca la quiso y apenas se enteró de que yo estaba embarazada y se largó. No tuve más remedio que hacer las veces de padre y madre en una ciudad a la que apenas estaba conociendo. Ya ni pensar en regresar al pueblo, mis padres me corrieron cuando se enteraron de que andaba con ese. Mi natural inexperiencia me hizo ilusionarme en aquel hombre de mundo que me prometía miles de cosas bonitas si me acostaba con él.

Los errores se pagan, pero creo que ya he pagado demasiado…

Estábamos solas pero ella nunca se quejó de ello, al contrario, con su optimismo lograba sacarme sonrisas aún en condiciones muy malas económicamente hablando… siempre confiaba en que la situación mejoraría.

Pero la desgracia vino a mi vida aquel verano. Unos vecinos me comentaron que vieron salir a mi hija rumbo a la escuela como cada mañana. Todo parecía normal y no faltó el acostumbrado saludo de su parte… sólo que ya nunca llegó a la escuela.

Yo regresé a las 10 de la noche con un extraño presentimiento.

El sepulcral silencio que encontré al llegar esa noche me ha acompañado como un mudo testigo de mi desdicha. Todo estaba en tensa calma, su habitación intacta, tal y como ella la dejaba antes de salir…

En un instante mi vida había cambiado totalmente… ese tipo me habló por primera vez en la madrugada de el día siguiente:

“Tengo a tu hija… dime una cosa mujer… ¿la amas?”

Con mi corazón palpitando excesivamente rápido le contesté:

“Por favor… no le haga daño… es sólo una niña… ¿Qué es lo que quiere?”

Un viento frío como daga entrando por mi cuerpo sentí con su respuesta…

“Solo divertirme…”

y colgó…

No me es posible describir la incertidumbre que tuve esos días posteriores a la primera llamada.

No había vuelto a saber nada ni de mi hija ni del secuestrador… miles de ideas pasaban por mi mente… mis mas grandes miedos y pavorosas pesadillas no me dejaban ni un segundo en paz… ¿cómo estaba mi pequeña?...

Me pasaba los días enteros junto al teléfono esperando una llamada, una señal de que mi criatura estuviera con bien… o quizás como un milagro, mirarla entrar de nuevo, regresar a la casa como si nada hubiera pasado… abrazarnos y darle un beso para recibirla… que entrara la luz de nuevo a mi ser.

Acudí a buscar, más bien a suplicar, ayuda a las autoridades. Pero me topé con indiferencias y esperanzas falsas que no me aliviaban en nada absolutamente. Me alegaron que harían las investigaciones pertinentes y que sólo podía esperar noticias… ¿ellos que sabían lo que estaba sintiendo?.... “esperar”… se dice tan fácil, como si fuera sencillo ver caminar lentamente las manecillas del reloj, imaginando que el ser más querido puede estar sufriendo cosas espantosas…

Por fin volvió a llamar el tipo aquel… yo esperaba que me fijara alguna cantidad de dinero para la recompensa… pero este hombre era cruel conmigo, sólo llamaba para burlarse de mi.

“Devuélveme a mi niña, le daré lo que sea… por favor…”

“Es inútil lo que hagas, ella ya es mía… te la arrebaté y ni tu ni nadie puede evitarlo”

“¿Cuánto quieres?... puedo conseguirte algo….?”

Pero mi desesperación y llanto no lograban ablandarlo…

“No se trata de dinero mujer… eres una muerta de hambre, sé como ganar más con ella…”

Sus llamadas eran muy cortas y desesperantes, la policía nunca demostró ganas siquiera para ayudarme a buscarlo… a saber dónde estaba mi hija… me argumentaban que ya estaban investigando, pero nada más…

Me sentía más sola que nunca. En la fábrica me despidieron, no escucharon mis razones por las cuales faltaba y decidieron mejor deshacerse de mí. Ya no les convenía.

“Escúchala, es una niña maleducada que no quiere cooperar… ¡anda perra, acércate al teléfono y dile que disfrutas de mi compañía! Jajaja…”

“¿mamá?... ya no puedo más…”

Mi corazón estallaba en pedazos al escucharla, sentía que en cualquier momento perdería la poco cordura que aún me mantenía en pie… siempre tuve la esperanza de que la recuperaría y que volvería a verla viva algún día. Sabía que no podía abandonarla en manos de ese loco, ella me necesitaba, no me podía permitir desfallecer en ese momento…

Me empecé a enfermar severamente de los nervios, odiaba ya el maldito timbre del teléfono… no quería volver a levantar la bocina… pero era mi única conexión con ella.

Las llamadas continuaron, aunque más esporádicas…

“¿sabes?, me encanta verla llorar… ya la enseñé a no hacer ruido… me dedico sólo a ver como las lágrimas ruedan sobre sus tiernas mejillas… sus lágrimas son deliciosas”

Parecía que nunca terminaría ese martirio, hasta que un día me contestó el teléfono ella…

“Dile que me mate mamá… ya no lo soporto… ruega a Dios que de una vez me lleve con Él… “

“¿Qué te ha pasado hija?, ¿Dónde estas?”

“Te amo mamá…”

Fue lo último que me dijo antes de que se cortara la comunicación…

Esa noche ya no pude más y lloré como nunca lo había hecho… un llanto despiadado, gritaba, me carcajeaba de una manera pavorosa… clamaba al cielo del porqué de ese dolor tan grande a mi y a mi hija. Alguien inocente no podía, no debía, sufrir tanto…

Han sido ya 6 meses desde esa última llamada… he caminado, buscado por todas partes, preguntado… investigado a cada una de las personas que viven en la ciudad… pero nadie sabe nada… nadie me entiende…

Hace 3 días di con este llano enorme a las afueras de la ciudad… se usa como basurero creo… hay muchos desperdicios, tierra y animales pudriéndose… lodo ha llenado mis descalzos pies mientras busco desesperadamente a mi pequeña…

Sé que su cuerpecito está aquí… ayer encontré entre los escombros la medallita que siempre traía colgando y que yo le regalé en un cumpleaños…

¡En este lote baldío debe de estar!...

Ya no tengo más motivos para vivir que el verte de nuevo, el encontrarte hija…

Espérame… ya falta poco… ya estoy muy cerca…
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