La Taberna al final de la calle
Recuerdo que agotado de la dura jornada de trabajo se me ocurrió ir a tomar un trago.
Generalmente iba a uno que esta cerca de mi hogar, a unas dos cuadras, y en él asistía infinidad de personas que yo conozco. Muchos compañeros de trabajo, por ejemplo, van a ese lugar llamado “El Gato Rojo” y siempre que me invitaban los acompañaba. La verdad nunca he sido un bebedor declarado o muy afín al trago, pero se apreciar la compañía de los amigos y sobre todo visitaba ese lugar para relajarme un poco y olvidarme de las presiones de la oficina. Francamente no tengo motivo para ser un borracho pues mi esposa es una excelente mujer, mi posición económica es estable y el trabajo a pesar de ser duro rinde los frutos deseados.
En fin, saliendo de la oficina uno de ellos me hizo la invitación para ir a ese lugar. Sinceramente no tenía muchas ganas y después de agradecerle le comente que mejor lo dejáramos para otro día. Venía camino a casa cuando tirado en la banqueta encontré una hoja de papel. Por curiosidad la levanté y leí que se trataba de la propaganda de una taberna.
Era curioso pues no parecía tener nombre, solo decía la dirección y una leyenda anotada en negritas: “Para los que desean más de la vida”
Simpático el slogan… sinceramente no se porque la idea de visitarlo me cruzó por la cabeza… era tarde, minutos antes Lucía me había llamado para avisarme que llegando a casa me daría una cena sorpresa y yo estaba cansado de la oficina.
Como quiera que haya sido me dispuse a ir a ese lugar. Al principio no sabía ni cómo llegar pues nunca había manejado por esas calles, preguntaba a los transeúntes y nadie me sabía dar la localización exacta. Después de un rato de dar vueltas ya harto de no dar con esa cosa… por fin lo encontré.
Al fondo de una calle sin retorno parecía haber un bar. La pinta por fuera no era muy buena, de hecho la calle misma se veía muy desolada y no veía algún poste de luz o cosa que se le asemeje. Sin embargo noté que una mujer muy extraña se dirigía hacia él. No pude distinguirla bien pero… era muy bella.
En el preciso momento en que esa mujer entraba sentí el vibrador de mi celular… era mi esposa.
- ¿Ya vienes en camino cariño?- me dijo dulcemente
- Mmmm… si mi vida, pero… -
- ¿Pasa algo? -
- Lo que sucede es que mi jefe me aviso de una reunión de última hora y es necesario que me quede un rato mas en la oficina… - le respondí
- Ok, no te apures, aquí te estaré esperando amor –
Cuando colgué me quede callado pensando en lo que había dicho. ¿Porqué haber despreciado mi casa para entrar ahí?. Bueno, sólo un rato para conocer el bar, me dije.
Al entrar encontré un ambiente poco usual por aquellos rumbos, muy… raro. Mesas pequeñas llenas de hombres y mujeres totalmente alcoholizados algunos y otros drogados, creo… Un olor bastante desagradable, escenas muy vulgares y explícitas de placer sexual en algunas mesas. Digo, había ido una vez en mi juventud a una casa de citas y hace como un año a un table dance pero esto era distinto.
Sentía un mar de miradas sobre mí y por un instante sentí temor de ser asaltado por algún tipo de esos. Extrañamente tan pronto como me miraron volvieron a sus actividades viciosas. A pesar de ese primer momento mi mente solo estaba al pendiente de una cosa: la mujer. La ví en la barra tomando una copa. Me acerqué y pude apreciarla de cerca: era hermosa. Pero de una belleza extraña, muy provocativa vestía con ropa ajustada y negra, usaba el cabello ondulado y largo. Muy negro, increíblemente negro. Su rostro era muy fino y el cabello no dejaba verlo en plenitud. Aún así se distinguía unos labios carnosos pintados de negro y unos ojos muy bellos. Verdes.
Sin dudarlo me senté junto a ella… me imponía su sola presencia de una manera tal que no podía siquiera verla a los ojos y hablar me costo mucho más de lo normal. Yo nunca tuve problemas de comunicación y era un hombre muy sociable pero en ese momento me sentí como un ratón frente al gato más grande.
Quería presentarme e invitarle algo…¡pero no podía hablar!, hasta que el silencio entre los dos lo rompió ella con una voz sensual y arrolladora.
- Lejos de casa ¿no?- me dijo
- Ehh… si… algo, pero se me antojó un trago –
- Que bien –
- ¿Cómo es que vienes a este sitio tan vulgar? – le cuestioné.
- Me gusta, la gente que viene aquí es sincera y sabe lo que quiere –
- Debería darte miedo convivir con tanto malviviente y vicioso –
- Los vicios aquí es lo de menos… por cierto, ¿Qué te atrajo de este lugar? –
- Para serte sincero… vi cuando entraste y me pareciste una mujer muy bella, digna de conocer en persona – le comenté.
En ese momento sólo pude distinguir una pícara sonrisa en su rostro… yo miraba cómo tomaba con suavidad la copa y bebía de una manera tal que… me seducía con cada sorbo…
- ¿Tu sabes como se llama este sitio? – le pregunté
- Como quieras llamarlo… cada quien lo nombra como lo desea. ¿Ves a ese hombre de la esquina?, se llama Alex, perdió a su familia en un accidente automovilístico y su trabajo en un instante… - me platicó.
- Pues se ve muy contento bebiendo y platicando con esa prostituta, perdón por el término – contesté.
- Esta muy contento aquí, no le hace falta nada… -
- Sí, eso veo –
Estuvimos charlando mientras bebíamos y bebíamos… una botella, otra… ni siquiera estaba al pendiente de mi reloj y el celular lo había apagado. Me sentía sumamente satisfecho y con unas ansias enormes de hacer el amor con esa enigmática mujer. Su cuerpo me invitaba a acariciarla… y a pesar de tomar lo mismo parecía ella muy normal, siempre igual de sexy.
- ¿No crees que ya es hora de regresar a tu casa? – me preguntó
- No lo creo… ¿para qué querría hacerlo? –
- Como quieras, sólo preguntaba. Dime algo… ¿no estas satisfecho con tu vida, cierto? –
- No… creo que no… siempre me he matado trabajando y siendo una persona buena ante los ojos de los demás, pero no he ganado nada, mi vida es aburrida y sin sentido – le contesté
- ¿Eso crees?... ¿mereces más? –
- Claro que sí, estoy dispuesto a hacer de mi vida un placer. Para eso vivimos ¿no?, para disfrutar –
- Muy cierto –
- Por eso me encuentro tan a gusto aquí… aquí soy libre de hacer o decir lo que se me venga en gana –
Fue entonces cuando mi razón sucumbió ante mi deseo de poseer a esa mujer y le dije que nos fuéramos a otro sitio, a solas. Ella me miró de nuevo y sonrió. Tomó su bolso sin decir palabra alguna y salió de allí.
Contento por mi logro salí tras ella y logré verla caminando por la banqueta casi a obscuras…
Apresurado corrí hacia donde se detuvo y a media calle le grité que me esperara, que si aceptaba mi invitación…
De espaldas me dijo:
- No hace falta, nos veremos mucho –
- ¡Perfecto! y a todo esto, ¿como te llamas? –
- Satanás – contestó
Solo recuerdo haberme quedado sin habla y escuchar los sonidos del cláxon de un camión que parecía acercarse a gran velocidad mientras mis ojos veían lo que en verdad ocultaba ese cabello. Volteó y pude ver su rostro por completo…
Estoy tirado en el pavimento bañado en sangre, supongo que por el nivel de alcohol que tengo en mi cuerpo la policía pensará que no me fijé en el camión y se lo dirán a Laura.
Esa mujer me está mirando, la logro ver en la puerta de ese lugar…
Creo que me está esperando…










