Tuesday, June 29, 2004

La Taberna al final de la calle

Hace unas horas me paso algo muy raro…

Recuerdo que agotado de la dura jornada de trabajo se me ocurrió ir a tomar un trago.

Generalmente iba a uno que esta cerca de mi hogar, a unas dos cuadras, y en él asistía infinidad de personas que yo conozco. Muchos compañeros de trabajo, por ejemplo, van a ese lugar llamado “El Gato Rojo” y siempre que me invitaban los acompañaba. La verdad nunca he sido un bebedor declarado o muy afín al trago, pero se apreciar la compañía de los amigos y sobre todo visitaba ese lugar para relajarme un poco y olvidarme de las presiones de la oficina. Francamente no tengo motivo para ser un borracho pues mi esposa es una excelente mujer, mi posición económica es estable y el trabajo a pesar de ser duro rinde los frutos deseados.

En fin, saliendo de la oficina uno de ellos me hizo la invitación para ir a ese lugar. Sinceramente no tenía muchas ganas y después de agradecerle le comente que mejor lo dejáramos para otro día. Venía camino a casa cuando tirado en la banqueta encontré una hoja de papel. Por curiosidad la levanté y leí que se trataba de la propaganda de una taberna.

Era curioso pues no parecía tener nombre, solo decía la dirección y una leyenda anotada en negritas: “Para los que desean más de la vida”

Simpático el slogan… sinceramente no se porque la idea de visitarlo me cruzó por la cabeza… era tarde, minutos antes Lucía me había llamado para avisarme que llegando a casa me daría una cena sorpresa y yo estaba cansado de la oficina.

Como quiera que haya sido me dispuse a ir a ese lugar. Al principio no sabía ni cómo llegar pues nunca había manejado por esas calles, preguntaba a los transeúntes y nadie me sabía dar la localización exacta. Después de un rato de dar vueltas ya harto de no dar con esa cosa… por fin lo encontré.

Al fondo de una calle sin retorno parecía haber un bar. La pinta por fuera no era muy buena, de hecho la calle misma se veía muy desolada y no veía algún poste de luz o cosa que se le asemeje. Sin embargo noté que una mujer muy extraña se dirigía hacia él. No pude distinguirla bien pero… era muy bella.

En el preciso momento en que esa mujer entraba sentí el vibrador de mi celular… era mi esposa.

- ¿Ya vienes en camino cariño?- me dijo dulcemente
- Mmmm… si mi vida, pero… -
- ¿Pasa algo? -
- Lo que sucede es que mi jefe me aviso de una reunión de última hora y es necesario que me quede un rato mas en la oficina… - le respondí
- Ok, no te apures, aquí te estaré esperando amor –

Cuando colgué me quede callado pensando en lo que había dicho. ¿Porqué haber despreciado mi casa para entrar ahí?. Bueno, sólo un rato para conocer el bar, me dije.

Al entrar encontré un ambiente poco usual por aquellos rumbos, muy… raro. Mesas pequeñas llenas de hombres y mujeres totalmente alcoholizados algunos y otros drogados, creo… Un olor bastante desagradable, escenas muy vulgares y explícitas de placer sexual en algunas mesas. Digo, había ido una vez en mi juventud a una casa de citas y hace como un año a un table dance pero esto era distinto.

Sentía un mar de miradas sobre mí y por un instante sentí temor de ser asaltado por algún tipo de esos. Extrañamente tan pronto como me miraron volvieron a sus actividades viciosas. A pesar de ese primer momento mi mente solo estaba al pendiente de una cosa: la mujer. La ví en la barra tomando una copa. Me acerqué y pude apreciarla de cerca: era hermosa. Pero de una belleza extraña, muy provocativa vestía con ropa ajustada y negra, usaba el cabello ondulado y largo. Muy negro, increíblemente negro. Su rostro era muy fino y el cabello no dejaba verlo en plenitud. Aún así se distinguía unos labios carnosos pintados de negro y unos ojos muy bellos. Verdes.

Sin dudarlo me senté junto a ella… me imponía su sola presencia de una manera tal que no podía siquiera verla a los ojos y hablar me costo mucho más de lo normal. Yo nunca tuve problemas de comunicación y era un hombre muy sociable pero en ese momento me sentí como un ratón frente al gato más grande.

Quería presentarme e invitarle algo…¡pero no podía hablar!, hasta que el silencio entre los dos lo rompió ella con una voz sensual y arrolladora.

- Lejos de casa ¿no?- me dijo
- Ehh… si… algo, pero se me antojó un trago –
- Que bien –
- ¿Cómo es que vienes a este sitio tan vulgar? – le cuestioné.
- Me gusta, la gente que viene aquí es sincera y sabe lo que quiere –
- Debería darte miedo convivir con tanto malviviente y vicioso –
- Los vicios aquí es lo de menos… por cierto, ¿Qué te atrajo de este lugar? –
- Para serte sincero… vi cuando entraste y me pareciste una mujer muy bella, digna de conocer en persona – le comenté.

En ese momento sólo pude distinguir una pícara sonrisa en su rostro… yo miraba cómo tomaba con suavidad la copa y bebía de una manera tal que… me seducía con cada sorbo…

- ¿Tu sabes como se llama este sitio? – le pregunté
- Como quieras llamarlo… cada quien lo nombra como lo desea. ¿Ves a ese hombre de la esquina?, se llama Alex, perdió a su familia en un accidente automovilístico y su trabajo en un instante… - me platicó.
- Pues se ve muy contento bebiendo y platicando con esa prostituta, perdón por el término – contesté.
- Esta muy contento aquí, no le hace falta nada… -
- Sí, eso veo –

Estuvimos charlando mientras bebíamos y bebíamos… una botella, otra… ni siquiera estaba al pendiente de mi reloj y el celular lo había apagado. Me sentía sumamente satisfecho y con unas ansias enormes de hacer el amor con esa enigmática mujer. Su cuerpo me invitaba a acariciarla… y a pesar de tomar lo mismo parecía ella muy normal, siempre igual de sexy.

- ¿No crees que ya es hora de regresar a tu casa? – me preguntó
- No lo creo… ¿para qué querría hacerlo? –
- Como quieras, sólo preguntaba. Dime algo… ¿no estas satisfecho con tu vida, cierto? –
- No… creo que no… siempre me he matado trabajando y siendo una persona buena ante los ojos de los demás, pero no he ganado nada, mi vida es aburrida y sin sentido – le contesté
- ¿Eso crees?... ¿mereces más? –
- Claro que sí, estoy dispuesto a hacer de mi vida un placer. Para eso vivimos ¿no?, para disfrutar –
- Muy cierto –
- Por eso me encuentro tan a gusto aquí… aquí soy libre de hacer o decir lo que se me venga en gana –

Fue entonces cuando mi razón sucumbió ante mi deseo de poseer a esa mujer y le dije que nos fuéramos a otro sitio, a solas. Ella me miró de nuevo y sonrió. Tomó su bolso sin decir palabra alguna y salió de allí.

Contento por mi logro salí tras ella y logré verla caminando por la banqueta casi a obscuras…

Apresurado corrí hacia donde se detuvo y a media calle le grité que me esperara, que si aceptaba mi invitación…

De espaldas me dijo:
- No hace falta, nos veremos mucho –
- ¡Perfecto! y a todo esto, ¿como te llamas? –
- Satanás – contestó

Solo recuerdo haberme quedado sin habla y escuchar los sonidos del cláxon de un camión que parecía acercarse a gran velocidad mientras mis ojos veían lo que en verdad ocultaba ese cabello. Volteó y pude ver su rostro por completo…

Estoy tirado en el pavimento bañado en sangre, supongo que por el nivel de alcohol que tengo en mi cuerpo la policía pensará que no me fijé en el camión y se lo dirán a Laura.

Esa mujer me está mirando, la logro ver en la puerta de ese lugar…

Creo que me está esperando…
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Friday, June 25, 2004

Desde mi ventana

Nací con una enfermedad degenerativa, año con año pierdo movilidad en todo el cuerpo. He escuchado a los médicos decirle a mi madre que es poco probable que llegue a cumplir 20 años. Desde los 4 no puedo mover la pierna derecha y a los 7 ya no sentía ninguna de las dos, así como tampoco mi brazo izquierdo. Mi espalda y tronco dejaron de hacerse presentes hace 3 años. Hace menos de un mes celebré mis 19 años en silencio… tampoco puedo siquiera pronunciar palabra entendible. La parálisis en mi rostro no me lo permite.

Perdí por completo mi sentido del tacto, los otros 4 funcionan correctamente aún… y son los que me mantienen.

Mi padre nos abandono cuando nací y el doctor le dio la desagradable noticia… creo que en ese momento su deseo más ferviente fue no haberse acostado esa noche de copas con mi madre para así no cargar con semejante estorbo. De todos modos prefirió irse y nunca más regresar…

En cuanto a mi madre… tuvo que ingeniárselas para vivir a mi lado. Sé que me odia por lo de papá, pero lo bueno es que tiene trabajo. Lo consiguió después de años de alcoholismo y perderse en drogas, bueno, aún se droga pero ya no es tanto como hace años que mis abuelos le dieron la espalda culpándola de haberse metido con ese “maldito vago jodido” (así llamaban a mi padre). La he visto… nos hemos visto y hemos discutido infinidad de veces en silencio. Ella desde esa esquina y yo aquí viéndola desde la ventana. Desde ese lugar todas las noches siento como si me cuidara, se que en el fondo me quiere, aunque nunca me lo diga o siquiera se acerque y me abrace. Debe de quererme… debe de sentir algo por mi, aparte de repulsión y en el menor de los casos: indiferencia.

En su rostro demacrado puedo ver un pequeño (pero existente) indicio de cariño. No la culpo cuando me gritaba y con el llanto en los ojos me reprochaba haberle arruinado su vida. Le agradezco que con el paso del tiempo sus maltratos hayan cesado y que actualmente no quiera ni entrar a mi cuarto. Sólo lo hace para darme de comer en la boca y cambiarme de ropa.

¿Cómo decirle que la amo y que si no la abrazo y se lo digo es porque no puedo?. ¿Cómo decirle que no pierdo la esperanza de escuchar alguna vez de sus labios un “te quiero hijo”?... antes de que muera.

Aunque mi vida parezca no tener valor alguno creo que no es así. Cuando llueve y las gotas quedan impregnadas en el vidrio de mi ventana puedo ver lo que los otros no parecen poder apreciar. Miro con tristeza como esas personas de los edificios cercanos sufren, se odian entre si y pelean como si fueran enemigos.

Contrastes, eso veo. La enormidad del cielo y debajo de él una multitud que olvida lo que es tener capacidades normales, bajo el influjo de soberbia, avaricia, una búsqueda de poder inhumano… el que da el dinero. Se metan entre sí y a cambio de unas monedas dan su cuerpo y no se dan cuenta que con él se va también su esencia, su alma misma…

Todo pareciera ser gris y confuso… vidas que no lo son y vicios que pululan en el aire infectando a todo ser humano. Una escoria llamada civilización que acaba poco a poco con los sentimientos y valores de un ser que, en principio, fue echo a imagen y semejanza de un ser divino.

Al caer la primera gota del cielo y mirar a través de ella todo pareciera cambiar, la luz aparece como un acto de magia y me permite visualizar una gama de colores increíble… colores que el mundo tiene pero que parecen estar olvidados y que si llegaran a nuestro interior cambiarían perspectivas y cultivarían esperanza en los descuidados y fragmentados corazones.

Me llena de una satisfacción inmensa el sentir el aire fresco de una tarde lluviosa o el mirar hacia al cielo y ver caer las gotas de lluvia en la noche…

Sentado en esta silla de ruedas vivo.

Todos creen que mi existencia es vacía y mi madre que no debería de haber nacido… yo creo que se equivocan.
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Tuesday, June 22, 2004

El Ente (7)

Capítulo 7 – El ente

Apenas tenía fuerzas de mirar mi reloj: las 11:40 de la noche… estaba exhausto, confundido, enfermo y con un miedo terrible… minutos antes había encontrado más dibujos… eran espantosos… tanto el dibujo en sí como lo que significaban. Encontré uno que representaba un cuarto… y a un hombre tocando el violín… esa “cosa” era un ser pensante que me estaba espiando… esa maldita cosa me había estado observando no se con que fines…

Un poco más abajo en mi camino topé con algo desagradable… era un animal muerto, degollado… aun había sangre fresca que manchaba mi ropa al pasar, creo que era una liebre o algo así… ahora sabía de donde sacaba “eso” la “tinta”. En eso escuché de nuevo un grito… ¡Edith seguía viva!... pero más que un grito de dolor más bien parecía un lamento… sudando y con todo el temor en mi ser tomé mi revólver dispuesto a matar de una vez por todas a eso, fuera lo que fuera…

Baje un poco más… mi linterna ya no daba mucha luz… creo que las baterías estaban bajas… hacía demasiado calor… transpiraba yo demasiado y mi respiración era alarmantemente rápida… empecé a ver en la pared un dibujo escalofriante: un hombre excavando por una cueva pequeña, con una linterna en la mano, hecho con la sangre fresca, seguramente no tenía mucho tiempo de haberse realizado… me quede sin habla.

Seguí hacía abajo cuando… sentí que no estaba solo

Moví temblorosamente la luz… y la vi

Esa cosa… era espantosa… totalmente peluda, con forma humana… o semi-humana, con grandes garras, una cara horrible, no podía distinguirle la cara, parecía no tener nariz, con una boca muy pequeña, sin orejas y con los ojos cerrados… lo mas repugnante es que tenía patas traseras como de un animal… como de un cerdo y las delanteras eran casi humanas… con 4 dedos…

Yo estaba totalmente paralizado… lo alumbraba… parecía estar muy ocupado haciendo algo, parecía no percatarse de mi presencia. Mi corazón latía demasiado rápido y todo mi cuerpo temblaba… estaba en una posición como agachado… y supongo no medía más de un metro de altura.. estaba inclinado haciendo algo… cuando de repente… terminó lo que realizaba.

Con un espanto indescriptible pude ver su obra: estaba dibujando… ¡¡a mí!!... pero también se había puesto él mismo… era una escena que me heló la sangre: esa cosa mordiendo y alimentándose de un hombre.

En ese momento escuché un grito muy lejano… en la poco cordura que aún me quedaba reconocí la voz de Edith… fue ahí cuando entró en mi un pánico increíble: ¿¿Cómo es que Edith estaba viva si yo la había escuchado claramente aquí abajo??

Segundos después el ente, al terminar su sangrienta obra se volteó hacía mí… yo con horror saqué mi pistola con el último soplo de fuerza… disparé tres veces pero no hicieron daño a esa cosa… ni siquiera me sirvieron para que Edith me escuchara… ella seguía gritándome que dónde estaba…

Ya estaba muy lejos de la superficie… el ente abrió lentamente los ojos… espantoso el momento aquel: eran rojos como la sangre… sólo rojos, sin pestañas, párpados o algo así… eran enormes… también de su boca salió ese aire que por muchos días me había dado escalofríos y con un lamento chillante susurró:

Ayúdameee amigo… aquí… estoyyyyyy… atrapada….. soy Edithhhhh… estoyy aquí abajooo… veen porr… favor….

Yo estaba totalmente paralizado… ese ser maldito me había engañado… me había atraído hasta su guarida… Edith estaba sana y salva… afuera buscándome y gritándome… y yo aquí solo… enfermo, cansado… y sin poder hacer nada…

No estaba loco… pero nadie me creyó… ni Edith escuchaba los ruidos infernales de esta cosa… las balas no lo hieren y estoy a su merced… siento frío.

Espero morir pronto… dejé mi mente desconectada del dolor de mi cuerpo al recordar todo esto… ya no siento mi brazo y alcanzo a sentir la sangre escurrir por todo el cuerpo

No pienso en mi cruel muerte… no pienso mejor en nada… y cierro los ojos…




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El Ente (6)

Capítulo 6 – La entrada a la cueva


Llegué y rápidamente entre por el pequeño espacio, quitando con las manos todo aquello que me pudiera estorbar… aún alcancé a escuchar un grito más de mi amiga. Fue muy cercano, me dispuse a romper la piedra…

¡¡¡Estoy aquí abajoo, ven por favor!!! - suplicaba

Veía la hora cada 5 minutos, temeroso de que cada minuto que me tardara fuera una oportunidad menos de ayudar a Edith… las 8:30 y no había roto por completo la piedra.

Hasta que por fin pude empezar a romperla. Terminé quitando los trozos de piedra con las manos… como pude iluminé con la linterna eso que había descubierto. Era un pasadizo… pero ninguna seña de alguien o algo ahí… necesitaba mis pastillas para poder seguir adelante… no recuerdo ni cuantas me tomé…

Increíblemente ese tipo de pasaje parecía estar labrado en la tierra… como una caverna. Apenas y podía moverme… hacia mucho calor, demasiado…
Tenía una posición muy incómoda, sólo podía cambiar boca arriba o boca abajo, pues no tenía espacio suficiente para siquiera agacharme… iluminé las paredes… aun con la luz muy baja pude ver algo increíble: parecían dibujos….

¡Dibujos de mi casa!... mis ojos y mi mente estaban totalmente confundidos… ¿Qué clase de animal podía haber hecho eso?... eso solo un ser inteligente… un hombre, quizás… parecía un tipo de pintura rupestre de tono rojizo… logre ver la vieja casona donde yo vivía… seguí alumbrando y excavando… conforme avanzaba seguía viendo dibujos distintos… mas adelante encontré una figura que al principio no sabía lo que era… después sudé cuando supe lo que era… era una mujer… era Edith…

No sabía que pensar, no sabía donde estaba y lo peor: qué exactamente era lo que vivía o había estado habitando en ese lugar tan extraño… sólo sabia que tenía miedo…

Ya no escuchaba a Edith desde hacía un rato… quizás eso… ya la había matado…pero… seguía excavando…



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El Ente (5)

Capítulo 5 - Solo

Después de ese incidente tan desagradable yo no quería volver a saber de ese maldito jardín y no me paré ahí en más de una semana… mi vida era estar en mi despacho tocando mi violín y nada más. Ya no iba ni al pueblo y diario iba Edith a animarme a salir, a tener mi vida normal… menos patética diría yo.

Pero mi existencia estaba cada día peor, era frecuente escuchar cosas raras… pero lo peor era el sentir el ambiente así… me mantenía vivo por las visitas de mi amiga, mis pastillas y mi violín. De vez en cuando ella le marcaba al doctor por teléfono para hacer citas, pero constantemente le aseguraba que no era necesario… una vez lo llevó a la casa y casi a la fuerza le comenté mis angustias… pero no sirvió de mucho, me recomendó reposo y no suspender mi tratamiento. Yo le argumentaba a Edith lo que me pasaba y le contaba las cosas raras pero ella nunca me creyó.

- Nunca he escuchado nada amigo… y me he pasado varias tardes contigo y nunca he oído nada de lo que me cuentas, te lo juro – me decía

Yo no lo entendía, ¿Por qué ella no escuchaba esos infernales gemidos y lamentos?

Así pasaron los días… mi amiga me había sugerido que viera a otro doctor o que me cambiara de casa, al principio no lo creía necesario, a pesar de todos mis problemas en ese lugar tenía (por momentos) la paz que tanto había buscado… la soledad que por un lado amaba y por el otro me daba tanta inseguridad al vivir ahí.

Estuve pensándolo mucho, y al ver que Edith dejó de visitarme tomé por fin la decisión de salir al pueblo y al costo que fuera contratar algunos trabajadores a que cercaran mi propiedad para tener una pequeña fortaleza y olvidarme de todo tipo de cosas extrañas provenientes de ese bosque.

Al salir a la cochera y volver a subir a mi olvidado auto escuche algo que me estremeció: ¡un grito de mujer que venía del bosque!
Lo primero que pensé es que alguien había entrado a mi propiedad o del otro lado del bosque y sufrido un accidente. Salí del auto para tratar de escucharlo de nuevo…

Y entonces la escuche: ¡¡era la voz de Edith!!

¡¡¡Ayúdame amigooo… por favor!!! – era el grito

No sabía que pasaba, ¿cómo había llegado ella ahí?, así que corriendo regresé a la casa, tomé la pistola y salí a buscarla. Seguía oyendo sus gritos de pavor… pero ahora junto con los lamentos de esa cosa. Hasta que llegué a la cueva. De ahí provenían.

Yo gritaba desesperadamente que esperara unos minutos, que regresaría con ayuda… regresé a la casa, tomé el teléfono para pedir ayuda a la policía del pueblo… pero no había línea… bajé al auto, pero estaba vacío el tanque de gasolina… estaba desconectado del mundo… el camino a pie me tomaría cerca de 3 horas… ¡no podía perder tanto tiempo!

Así que tomé una soga más grande, un cincel, un martillo, la linterna, mi revólver y el último frasco de pastillas que tenía.

Para esos momentos estaba agotado más mental que físicamente… me sentía débil y muy agitado. Pero aún así salí corriendo hacía la cueva.

Ví mi reloj y eran las 7:00 p.m.

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El Ente (4)

Capítulo 4 – El regreso

No sé hasta que hora de la madrugada pude conciliar el sueño, lo que si recuerdo es que a primera hora del día siguiente fui al pueblo a buscar a Edith. Le conté todo y le aseguré que se lo que sea iba a matar a esa cosa ese mismo día. Se ofreció a acompañarme sólo si prometía volver a tomar mis medicamentos. A pesar de su escepticismo acepté y nos dirigimos al jardín. Llevaba mi pistola cargada, una linterna y una soga, por si había que bajar un poco.

Llegamos hasta el lugar que, a pesar de ser casi mediodía se sentía una extraña sensación en el ambiente. Le mostré a Edith la pequeña cueva, se asomó un poco, la revisó y me dijo:

- Pues por el tamaño no debe de ser un animal muy grande, seguramente es una zorra o algún tipo de cerdo salvaje –

Procedí a quitar las hojas y escombros que había alrededor de la entrada, metía la linterna y parecía que la luz no servía de nada… apenas alcanzaba a ver algo… en sí nada en concreto. Así que hice acopio de falsa valentía y empecé a entrar poco a poco en ella… casi a rastras podía moverme… empezaba a hacerme falta un poco el aire del exterior… ni siquiera podía ver hacia atrás, no me era posible voltearme… mi ropa estaba llena de lodo pues pecho tierra era la única manera de avanzar.

Hasta que la linterna, después de avanzar unos 4 o 5 metros en línea diagonal, topo con algo… la luz dejaba ver por fin algo: una pared… mas que una piedra parecía una loza muy bien formada… traté de quitarla pero no pude moverla ni un ápice… de hecho apenas podía moverme yo…

Se veía de un grosor bastante grande, imposible de romper con algo que tuviera a la mano… mientras Edith en la superficie me esperaba y gritaba a cada rato preguntándome de mis posibles hallazgos…

En vista de que no conseguiría nada así decidí dejar ese tema por lo menos hasta que al día siguiente regresara con el material adecuado para tratar de mover o romper esa gran entrada de piedra.
Camino de regreso a la casa escuché lo que parecían unos pasos…

- ¿Oíste eso? – susurré
- ¿Qué cosa? -
- ¡Un ruido!... como pasos…. ¿en verdad no los oíste Edith? – le dije en un tono más nervioso
- No… nada

En eso sentí de nuevo el aire helado… escuché el lamento de nuevo!!... pero como si estuviera a tres metros de mí… con miedo miré detrás de mi… ¡¡¡y vi algo negro ocultarse entre los árboles!!!.

Mi corazón latía demasiado y quedé en shock unos minutos creo, solo recuerdo sentir la mano de Edith que me preguntaba preocupada qué me pasaba.

- ¡Respóndeme!, ¿¿¿estas bien??? -
- Eh… -
- Ven, vamos a la casa… necesitas tus pastillas y recostarte un poco – me decía


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El Ente (3)

Capítulo 3 – La cueva

Todo había seguido su curso normal por unos días, el incidente de aquella noche había quedado como una anécdota y mi afición por las pastillas para el stress estaba aminorando.

Ya tenía una semana sin saber de Edith, siempre me juraba que la visitaría al día siguiente pero por desidia o por simple afición al tocar mi violín todas las tardes me lo impedían.

Hasta que esa tarde, alrededor de las 6, “eso” volvió a interrumpir mi aparente tranquilidad. Acababa de dejar en su estuche mi preciado instrumento cuando ese escalofrío volvió a apoderarse de mi cuerpo y mi mente… me quede quieto… esperando a escuchar de nuevo el “gemido” o lo que haya sido… no me movía, tratando de escuchar algún indicio de ese animal que podía haberse colado, o alguna persona que estuviera cerca… nada. Silencio total. Di un paso y en ese momento ¡el gemido de nuevo! pero ahora mas fuerte… mi instinto de supervivencia hizo que reaccionara hacia donde había provenido el ruido en estado de defensa… provenía de una esquina de la habitación, la esquina más obscura del cuarto, donde los rayos del sol habían desaparecido primero. Prendí las luces pero no vi nada. Acto siguiente escuché ruidos como de pasos en la maleza, muy rápidos. Me asomé y ¡¡vi algo que se perdía entre los árboles y la maleza del bosque!!... pero, si eso había sido el causante del gemido ¿Cómo se movió tan rápido para desaparecer de la habitación y aparecer segundos después en el jardín?

Estaba convencido de que era un ser humano o un animal, lo que fuera tendría que ser sumamente veloz y negro.

Bien dicen que la curiosidad mató al gato y haciendo a un lado mis temores decidí eliminar “eso” cualquiera que fuera con mi revólver. Salí de la casa, cerré todo con llave para evitar que alguien entrara en mi ausencia y me dirigí hacia el jardín.

Pasé hierba alta, madera caída y arbustos y hojas secas… al voltear sólo miraba como mi pequeña mansión vieja y descuidada se iba perdiendo… yo decidido avanzaba y avanzaba hasta que al entrar al bosque mi valor iba decreciendo y mi angustia en franco aumento me pedía que lo sensato era regresar y averiguar eso al día siguiente con los débiles rayos del sol de mediodía. Había ya caminado bastante y estaba a punto de darme la vuelta de regreso cuando pude ver en la base de un viejo y enorme árbol una especie de cueva pequeña. No medía mas de 15 centímetros de diámetro, me acerqué y pude ver que en realidad era mas grande pero que los arbustos tapaban su real dimensión. No se me ocurrió llevar una linterna y no podía ver casi nada.
Caía ya la noche y mi sensatez por fin ganó a mis ganas de aventura y decidí mejor regresar al día siguiente para encontrar a esa cosa que parecía tenía ahí su escondite.

Regresé lo más rápido que pude pues el que la noche me tomara por sorpresa ahí no era una idea muy grata para mí.

Al regresar cené algo rápido y me metí a la cama, no sin antes, claro, cerrar todo perfectamente… y así me pasé la noche entera pensando en lo que había ahí en mi casa. Me daba vueltas por la cabeza infinidad de animales o seres capaces de hacer eso… sólo que ninguno real.


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El Ente (2)

Capítulo 2 – Un ruido extraño

Recuerdo perfectamente que fue un sábado por a tarde cuando, en la sala de la casa, Edith y yo estábamos enfrascados en una amena charla cuando de repente se oyó un ruido muy fuerte afuera.

- ¿Oíste eso? – le pregunté a mi amiga
- No, no escuché nada… - me respondió ella
- Mmmm, no es la primera vez que se escuchan ruidos extraños provenientes del jardín. – le comenté
- Vaya, no sería nada raro escuchar ruidos amigo, sabes que el bosque empieza en los límites de tu propiedad, hay muchos animales habitando por ahí. – dijo

No me convenció mucho su explicación pero no dejé que eso interrumpiera nuestra tarde tan amena. Una vez que Edith se había marchado subí a mis habitaciones pues el día había estado un poco pesado. Afuera la noche estaba muy tranquila, más de lo normal. Ya me había yo acostumbrado a la tranquilidad y silencio de esa casa, pero en especial ese día estaba muy silencioso. Me acosté en mi cama y podía escuchar los latidos de mi corazón que latían a un pulso un poco más acelerado que de costumbre.

Fue entonces que de repente sentí un aire helado en todo mi cuerpo, como si las ventanas se hubieran abierto de par en par, extrañado me recosté y giré la vista para cerciorarme que en verdad un ventarrón hubiese abierto mis ventanas, pero no. Estaban intactas. Ese extraño escalofrío fue el preámbulo a algo peor: un gemido.

Lo escuche muy claro, me levanté de mi cama extrañado y prendí la luz, ¡podía jurar que eso que lanzó el gemido estaba justo en mi cuarto!... pero eso era imposible, al prender la luz no había nada, estaba completamente solo. Cheque la puerta de mi habitación y estaba cerrada con llave y las ventanas también, perfectamente cerradas…

No supe que pensar, sólo sabía que mis nervios hacían acto de aparición pues desde niño fui temeroso y un tanto supersticioso. Me volví a acostar… después ya nada pasó.

Al día siguiente tomé las llaves del coche y realice mis compras habituales, me encontré un poco antes de subirme al coche a Edith y le comenté lo que había pasado la noche anterior.

- No te preocupes, sólo fue tu imaginación. Tu mismo viste que estaba cerrada tu habitación ¿no?, quizás el “gemido” que escuchaste lo imaginaste por los nervios. Por cierto, ¿sigues tomando las pastillas que te recomendó el doctor?. - me dijo
- Sí, las sigo tomando… no se, de todos modos creo que tengo que darme una vuelta por el jardín, a todo esto ni siquiera he empezado los trabajos de remodelación o por lo menos para cerrar lo que es mi propiedad – le dije

Su explicación (y el hecho de que mis nervios anteriormente me habían jugado algunas bromas) hizo que regresara un poco mas tranquilo a casa y que al poco tiempo olvidara el incidente.


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Saturday, June 19, 2004

El Ente

Capítulo 1- Recuerdos


Ya sólo es cuestión de tiempo… empiezo a sentir frío…

Se lo dije a Edith… se lo dije varias veces, tanto a ella como a los demás… no entiendo porqué nadie me creyó…

Parece que fue ayer cuando supervisaba los trabajos de la mudanza. Que el piano aquí, la sala allá, que tengan cuidado con la lámpara estilo victoriana que me había regalado mi madre... y por supuesto en mis manos mi tesoro más apreciado: mi antiguo y fino violín.

Edith me había aconsejado esa vieja mansión alejada en los límites de la ciudad para cambiarme ahí… sinceramente nunca me gustó la idea de irme a vivir ahí, sólo consideré esa opción por la paz y tranquilidad que daban a mi alma tanta soledad. Sólo por eso tome la decisión, para poder tocar todo el tiempo y a gusto mi hermoso instrumento musical. En cuanto a la lejanía con el poblado más cercano no era algo que me importara mucho, de por si, las grandes aglomeraciones de seres humanos no me agradaba… me sentía más solo, mas insignificante “vivir” en una sociedad industrializada llena de robots humanoides, esclavos del consumismo y viviendo bajo la pesada sombra del tiempo y el dinero.

Mi posición económica era envidiada por muchos, demasiados “amigos” me habían olvidado al no recibir de mi parte ni un centavo por su amistad, muchos me habían dado la espalda por el simple hecho de ser como soy. Los pocos sinceros no vivían cerca, sólo mi querida Edith, amiga mía desde la escuela… la única que no volteaba la cara cuando yo la miraba. El dinero a mi me tenía sin cuidado, aunque debo de reconocer que heredar la fortuna de mi madre me había vuelto un holgazán y si a eso se le une el hecho de que desde mi infancia me refugié en los libros y sobre todo en la música hicieron de mi un tipo aislado y solitario… un millonario excéntrico del que se hablaba mucho en el poblado… quizás eso influyó en mudarme en esa casona. De todos modos había algo en ese lugar que no me gustaba.

Una vez instalado (bueno, con la mayoría de los muebles tapados con mantas) me senté en el sillón del despacho. Éste sitio contaba con una estancia grande y justo enfrente de mi sillón había un ventanal que daba hacía el jardín. Éste a su vez, era una enorme extensión de terreno, la mayoría cubierto por maleza, pasto seco y ramas quebradas, hasta el fondo empezaba un viejo y olvidado bosque, que limitaba el pueblo… y la civilización. Obviamente mis propiedades tenían un límite, solo que no estaban delimitados físicamente, tenía que mandar a construir una barda o algo.

Recuerdo que miraba tranquilamente la puesta del sol desde mi sillón cuando tuve la sospecha de escuchar un ruido proveniente de fuera. Me asomé pero no vi nada…

-seguramente es una ardilla o un ratón de campo en el jardín- pensé

Así transcurrieron mis primeros días viviendo en los límites del poblado, como añoraba tanto la soledad, mi desconfianza llegaba a tales límites que no contrataba ni un chofer que me pudiera llevar en el auto al pueblo. Salía solo dos o tres veces a comprar víveres y sólo lo necesario para vivir. La gente del pueblo me veía y lograba escuchar sus chismes o murmuraciones. Nunca les daba importancia, lo que sí es que de vez en cuando visitaba a Edith unos minutos, ella era mi única conexión con el mundo exterior, me acompañaba y me contaba muchas cosas de su vida, de sus problemas… y a veces hasta tomábamos un buen café y hasta bromeábamos de cosas mundanas.

Me duele mi brazo izquierdo… pero no debo de perder la cordura, necesito seguir recordando todo… no tengo que pensar en esto que me esta pasando ahora…


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Thursday, June 17, 2004

Introducción

Ya que se dice por ahi que la red y todo eso del ciberespacio son el futuro de las comunicaciones y que el papel ya no tendrá cabida en nuestra cultura tomaré esto como un libro que iré escribiendo poco a poco... un ejercicio literiario en donde trataré de sacar mis pocas o muchas cualidades para escribir lo que me venga en mente.
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