Friday, November 17, 2006

Lágrimas perdidas

La habitación es fría, se siente el ambiente pesado y lleno de amargura.

Pero quizás no tanta como la que se hallaba en el corazón de Carlos en aquel instante. Su mirada se perdía ante aquella lluvia de agosto. Mirando por la pequeña ventana del departamento hacia ninguna parte en realidad.

Hombre de 53 años, de rostro endurecido por la vida y piel morena llena de arrugas provocadas por su difícil ritmo de vida, fue, hasta hace unos años un prominente hombre de negocios en una de las empresas mas importantes de la ciudad. Ahora está acabado, física y sobre todo, moralmente.


Su duro corazón rompe el silencio con aquella áspera y ronca voz, en el cuarto…

- Eso querías, eso tuviste maldita perra…
- Sabes que nunca me gustó escucharte hablarme así papá…

La chica de aspecto triste y melancólico llevaba por nombre Sofia

- ¿Porqué nunca me quisiste?... ¿Qué de malo te hice yo para que así me trataras siempre papá?
- Siempre fuiste un estorbo, ¡lo arruinaste todo!...
- Yo no tuve la culpa de nada padre…
- ¡Si! Mi vida se fue al demonio desde que te apareciste hace años…
- Siempre me gritaste que yo había sido un accidente… un “maldito error de cálculo”
- Yo le dije a tu madre que no debíamos tenerte… pero ella, necia como era se negó al aborto. Estábamos bien sin ti… todo estaba bien, la amaba mucho. Pero llegaste y terminaste con su vida al mismo tiempo.
- No fue mi culpa… el parto se complicó debido a su enfermedad
- ¡Y ella no pudo salir adelante!... murió a las pocas horas de darte a luz… desde ese momento algo me dijo que habías nacido para hacer una desdicha mi vida.
- ¿Y por eso te empeñaste en agredirme?

Carlos se llevo las manos a la cara y tomó aire unos segundos…

- Fueron años malos, uno tras otro… la suerte, que antes me sonrió me abandonó. No podía llegar a casa a descansar a gusto pues tenías que estar llorando y gritando como desesperada.
- Era un bebé… ¿Qué más podía hacer?
- Tu llanto era como una pesadilla… más de una ves pensé en dejarte abandonada por ahí… no podía yo con esa responsabilidad… pues nunca desee tenerla. Además el dolor de la muerte de tu madre fueron dagas que se me enterraban cada día, cada mes y cada año que pasaba sin ella. Y tu me lo recordabas…
- Eso no justifica desquitarte con una niña indefensa…
- No lo niego, llegué muchas noches harto del trabajo y odiándote cada vez más… tu sola presencia me llenaba de odio… ¡por eso te golpeaba!
- Y Vaya que sacabas tu rencor en cada golpe que me dabas, pero creo que lo peor fue el daño psicológico que me diste… jamás escuche palabras de amor hacia mí, aunque todos los días lo deseaba y lo pedía al cielo.
- No te amaba, eras un estorbo, una inútil niña no deseada… luego vino el fraude de la empresa y la quiebra. Obviamente me quitaron el trabajo y con él caí mucho más.
- Yo trataba de animarte, tenía ya suficiente edad como para trabajar en algo…
- ¡No servías para nada!... tus míseras monedas que traías de vez en cuando a la casa nunca fueron suficientes para mitigar mi dolor y sobrellevar mi pena…
- Solo bebías y bebías… nunca quisiste buscar otro empleo o administrar lo que yo podía conseguir en la calle.
- Yo no podía renunciar al alcohol y cuando conocí a aquellas personas me hice adicto a esa mierda…
- Si, y los maltratos aumentaron también…
- Después, ya tenías edad como para hacer algo… jamás iba a permitir que fueras un bulto aquí nadamás… estaba convencido de que tenías que darme algo de lo mucho que me habías quitado… jejeje ¿pensaste que te ibas a ir? ¿ y dejarme morir aquí solo?...
- En verdad me encontraba tan desesperada que, a los 13 años quise escapar de aquí para jamás regresar…
- ¡Pero te atrapé! ¡Y, para que aprendieras a no hacer esas travesuras de niña estúpida tuve que ponerte un castigo!
- Cadenas… que marcaron mis delgados brazos desde ese instante…
- Te encadene y te dejé aquí todo el día sin comer… hasta que te arrepintieras de tu pecado y aprendieras la lección.
- De nada sirvieron mis súplicas para recibir tu perdón… no cediste papá. Te prometía que sería siempre una niña buena, pero no me escuchabas, estabas perdido en tu dolor.

Carlos dio la espalda a la ventana y se sentó en su viejo y desgastado sofá

- Hasta que por fin… una noche encontré para lo que eras buena…
- Si, lo recuerdo como si fuera anoche…
- Uno de mis amigos me trajo la coca a la casa y al mirarte ahí amarrada me pidió que te dejara estar unas horas con él… yo estuve de acuerdo pues me regalo el producto por ese favor… pero tu, cabrona… ¡no querías ayudarme!
- Tenía miedo papá…
- Tuve que darte unos cuantos golpes para que te calmaras y cooperaras… me fui y a mi regreso mi amigo ya no estaba… y para variar tu tirada como un trapo viejo en el suelo.
- Yo quise explicarte que fue lo que me hizo ese hombre sucio, pero nunca me escuchaste… no querías hacerlo. Fue tan... horrible...
- ¡Te quejabas de todo!.. ¿y de que otra manera iba a obtener dinero contigo?¡si eras una inútil!... además ya tenías edad suficiente
- Fue una pesadilla aun mayor a partir de ese día papá… ahí comprendí que de verdad nunca me ibas a querer. Temí que nunca lo harías...
- Tuvieron que pasar algunos años más para que fueras tomando gusto por esos trabajitos que hacías para mí…
- No les tomé gusto… cada vez que sucedía sentía que más me iba yo muriendo y tu nunca me quisiste ayudar. Me sentía tan vacía… como un objeto sin vida.
- Eras una perra… ¡solo para eso servías!... por lo menos con el dinero que me daban cada vez que venían esos tipos podía pagar el vicio.
- Yo pensaba que pronto se acabaría ese martirio… o por lo menos eso deseaba con toda mi alma. Las cadenas que me ponías cuando esos tipos terminaban de abusar de mí ya me quedaban grandes por lo delgada que estaba.
- ¡Pero no querías tragar!... eras peor que un perro callejero… tenía que darte patadas y meterte a la fuerza la comida a la boca para que no estuvieras tan flaca y les gustaras a mis clientes.
- Créeme que aguanté lo que pude papá… aún dentro de mi sufrimiento yo deseaba… que, de alguna manera… aunque fuera de esa… pudiera agradarte alguna vez.
- Nunca me agradaste… pero
- …
- Ahora que acabo de salir del hospital y los doctores no me dan más que unos días de vida, me siento mal…
- Lo sé…
- Hoy que siento la muerte cerca… pues ya no se puede hacer nada, mi salud esta acabada… todo lo que he tomado, lo que he bebido… y lo que he sentido está a punto de terminar para siempre conmigo. Y…
- …

Agachó la cabeza… se llevo las manos al rostro y sollozó…

- Me siento muy mal… tengo miedo… no quiero morir… temo por mi alma. Yo… nunca quise hacerte eso… yo…

Las lágrimas corrieron como ríos de sus ojos.

- Sé que es muy tarde para esto… pero… hija… perdóname… por favor… perdóname… te quiero…
- Por eso estoy aquí papá, te perdono… yo sabía y siempre tuve fé en que si me querías… y mira, ahora… por fin, me lo dices… no sabes lo feliz que me haces papá… yo siempre te quise y mi sueño de escucharte decir esas palabras hoy se hace realidad. Ni todas las marcas que me dejaste en mi cuerpo me hicieron perder la esperanza. Desgraciadamente ya no puedes escucharme… no sabes lo que daría por abrazarte y decirte que sí te perdono… pero… es tarde… ya estoy muerta.

Nunca sabrá si su disculpa fue escuchada, se encontraba solo en la habitación… y en su alma también.
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Sunday, February 05, 2006

La muerte del amor

Caminaba como un muerto viviente, sin ánimo, sin razón. Estaba plenamente convencido de que no tenía nada que hacer en este mundo.

Era David Herrera, hombre de negocios de 36 años y se dirigía al bar donde acostumbraba ir con Gina, su esposa. Pero ahora las cosas eran muy deferentes, aquellos buenos momentos, aquellas risas, aquella convivencia se habían esfumado. Gina tenía 3 meses de fallecida. Unos asaltantes habían profanado su hogar y la asesinaron a sangre fría. Él no pudo hacer nada por ella, cuando regresó de la oficina vio con horror el listón amarillo de la policía y camionetas del forense donde viajaba el cuerpo sin vida de su amada.

Todo fue tan repentino… tan macabramente rápido y cruel… por años habían buscado tener un hijo y apenas esa mañana le había llamado a la oficina para darle la noticia del bebé que venía en camino. David se sintió impotente, frustrado… pasaron varios días para que pudiera pronunciar palabra. El funeral fue muy duro para él, solo lloraba sin decir nada. Los testigos del entierro comentaban que había dos muertos ese día.

Familiares y amigos trataban de consolar y apoyar a David, pero él simplemente no les hacia caso. La depresión que a cada día lo atormentaba, crecía cada vez más. Él sólo quería a su esposa, estar con ella. La soledad que sentía amenazaba con volverlo loco así que había decidido terminar él mismo con su sufrimiento. Había comprado un veneno días antes y ahora, rumbo a aquel bar que tanto frecuentaba con su esposa apenas unos meses atrás, pensaba tomarse su última copa.

Al llegar pidió la mesa de siempre y una copa de whiskey

Cada segundo ahí sentado le traía dolorosos recuerdos. Tantas y tantas veces habían salido a ese lugar Gina y él. Parecía que aún la veía sentada a su lado y haciendo tantos planes de vida juntos. Guardaba la pequeña bolsa con el veneno en la bolsa izquierda de su saco negro.

- Mesero… sírvame otra por favor…

La noche era aún joven… y era su última noche. La muerte podría esperar un poco más, pensaba.

El bar esa noche estaba muy solitario, perfecto para lo que iba a hacer David, aunque a estas alturas lo que pensaran los demás no le importaba. Quizás lo tacharían de cobarde, de usar la salida falsa, pero ellos ¿qué podían saber lo que sentía?. Era la única solución a su problema.

El tiempo pasaba, así como el alcohol en sus venas. A veces se le veía perdido en sus pensamientos, otras sollozando junto a la copa.

Ya era tarde y sabía que había llegado la hora. Pidió una copa más. Cerró los ojos por un momento y pensó: “Te amo Gina, pero ya no puedo más… no puedo estar sin ti”
Abrió los ojos y metió su mano buscando la bolsita con aquel polvo. De repente alzo la vista y observó una figura femenina. Era una mujer que se acercaba a su mesa. David prefirió dejar guardada la bolsita en su saco cuando notó que la dama se detuvo frente a él.

- Hola, ¿puedo sentarme?
- Eh… yo…

Aquella mujer era especialmente bella. Blanca, de cabello negro y abundante que caía con una gracia indescriptible sobre sus hombros. Usaba un vestido largo color vino y zapatillas a juego. Era alta y de silueta hermosa. David por unos segundos no supo que decir, pero no se opuso cuando ella se disponía a quitarse su abrigo y dejarlo a un lado suyo. La dama se sentó y con una voz muy serena le cuestionó:

- ¿Me permite acompañarlo? Veo que esta solo.
- Si… eh… la verdad es que no tengo mucho ánimo de conversar, discúlpeme, yo…
- Tienes una pena amigo.
- David… puedes decirme David
- Déjame adivinar David… ¿es una pena amorosa, cierto?
- Si… mi esposa… falleció hace poco. La extraño mucho
- Me imagino. ¿Y tanto tiempo de dolor no ha sido suficiente para desahogarte?.
- No te imaginas lo que siento… ella era lo mejor que tenía… y se me fue, como un suspiro
- Tienes que comprender que estas viviendo un nuevo ciclo
- Mi vida sin ella no tiene sentido
- ¿Sin ella?... ¿quieres decir que ya la olvidaste?
- ¡Por supuesto que no!, pero ya no esta conmigo… y eso duele. El amor se acaba con la muerte…
- No puede terminar algo que nunca existió
- ¡Pero claro que la amé!... solo mírame
- Entonces demuéstralo y sigue viviendo por ella,
- ¿Y ahora que tengo?... el dolor que deja su ausencia
- El amor no muere David. Uno mismo lo deja morir, con el olvido, con el egoísmo…
- No podré vivir sin ella… era mi todo… mi razón de ser, de existir
- Sólo es una separación física, ustedes dos siempre estarán juntos si así lo quieren. ¿O es que olvidarás todo lo que pasaron?..
- Soy débil… simplemente no puedo estar sin ella. No puedo vivir con su recuerdo, el no tenerla aquí, conmigo… es demasiado doloroso…

No pudo aguantar el llanto, se tapaba el rostro con sus manos. Como si con eso pudiera ocultar su gesto de impotencia o detener las lágrimas que salían de sus ojos.

- No podemos cambiar el destino David. La vida es así, nos guste o no. ¿Tienes idea de lo que ella sufre al verte así?
- No…
- Ella te ama, siempre te lo demostró. Lo que vivieron juntos fue maravilloso, pero nadie es eterno y aunque su cuerpo ya no esté en este mundo, su esencia, su alma y su amor sigue muy presente.
- ¿En dónde esta ella?...
- Dentro de ti David. Gina siempre estará acompañándote a todos lados, porque cuando se ama se entrega el corazón al de la otra persona. El cuerpo se acaba, pero al alma nunca. Y la suya está en tu corazón pues te la entregó desde hace mucho.
- Yo… no se….
- No estas solo, solo confundido. Alégrate por tener su amor y no la olvides nunca.
- Si… solo quisiera verla…
- Pues abre los ojos David… abre tu corazón.
- Sí…la amo…
- Bien. Sólo eso quería escuchar. Ahora debo irme.
- Eh… espera… gracias por la charla… pero ni siquiera te he preguntado tu nombre o…
- Eso no importa, preocúpate por disfrutar la vida y ya no vuelvas a sentirte solo.

Diciendo esto, la bella mujer tomo su abrigo y se marchó.

David se quedó muy pensativo. Tanto dolor le había hecho cegarse y mientras más se hundía, más dejaba morir a Gina. En realidad la muerte solo era física, la verdadera muerte de Gina la estaba ocasionando él mismo al no sentirla cerca.

- Disculpe caballero, la dama que acaba de salir me dijo que le entregara esto…

El mesero le entregó a David una pequeña cajita de madera que en la parte frontal tenía grabado su nombre y el de su esposa ya fallecida. Con mucha curiosidad, el hombre se apresuró a ver lo que le había dejado aquella dama misteriosa y pudo ver un anillo de oro. Como si lo supiera miró la parte interna del anillo y pudo leer la leyenda:

Ni la muerte nos separará

David se quedó mudo… era el anillo de bodas de Gina. Aquel que él mismo había colocado en el féretro minutos antes de que enterraran a su mujer. Creyó que con él se iría su vida y su amor.

- ¿Le sirvo algo más caballero?...

David tenía la mirada perdida, después de unos segundos simplemente se dirigió al mesero y con una sonrisa en el rostro le dijo…

- No amigo… creo que es hora de ir a casa.
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Friday, December 30, 2005

Una salida

- ¿Quién… quién eres tu? – dijo débilmente Carlos

El extraño se acercó lentamente a la cama, poco a poco la mísera luz de aquella habitación iluminó su figura. El tipo, de unos 60 años, medía no menos de 1.80 y vestía un viejo traje negro. Parecía sacado de una obra de teatro dramática o de la época victoriana europea. Sus ojos hundidos figuraban ante todo a pesar de su delgadísima figura. De no ser por el porte cualquiera juraría que estaba ante un moribundo.

- No te conozco…

El tipo se paro a un lado de la cama y lo miró con lástima…

- Mírate nada más como estás Carlos.
- ¿Quién eres?... nunca te había visto
- Te conozco muy bien, y he venido por ti – dijo el extraño hombre con una voz profunda y a la ves elegante.
- ¿A qué te refieres?... no entiendo…
- Solo mírate… estas sufriendo demasiado ¿no es así?
- Si…
- El dolor es insoportable…
- ¿Cómo lo sabes?
- Sé muchas cosas. Pero no te preocupes, estoy aquí para ayudarte.
- Ayudarme… ¿y cómo me podrías tu… ayudar?

El hombre se sentó junto a la cama y le dijo al oído…

- a morir…

Carlos sintió un escalofrío en ese momento y aunque le dolía todo el cuerpo trató de hacerse a un lado. Le dio un horrible miedo aquella persona tan extraña.

- ¡doctor!, ¡enfermera!... ¡vengan por favor! – gritó desesperado con la poca fuerza que tenía aún.
- No te molestes amigo, nadie te esta escuchando…
- ¡Di que quieres de mi!...
- Ya te lo dije, ayudarte simplemente. Ese es mi trabajo… y más en esta situación en la que estas…
- Vete, quien quiera que seas… no me siento nada bien
- Ya lo se… ¿recuerdas el accidente?

Como un espasmo eléctrico Carlos recordó aquel rechinar de llantas, todo sucedió tan rápido y a la vez tan lento… sintió que todo había acabado, que su vida llegaba hasta ahí.

- Si, era lo mas lógico… lo mejor para ti. ¿Te acuerdas cuando sentías al auto dar vueltas y vueltas?. Partes del auto salían volando y los vidrios se destrozaban. Cada trozo de vidrio sentías que se te incrustaba en el rostro y en el cuerpo.
- Cállate…
- Y lo peor eran tus piernas… atrapadas entre los fierros retorcidos. Y la espalda también sufrió mucho. Al no usar cinturón de seguridad recibió un daño enorme. Tu cuello, un brazo lo tienes roto. Y ni hablar de las piernas.

Carlos empezaba a sufrir más por los recuerdos de aquella noche que por lo mal que estaba en ese momento.

- Créeme que los doctores hicieron lo que pudieron… bueno, casi todos, pero tu situación estaba tan grave y tus piernas tan mal que nada se pudo hacer para salvarlas. ¿Cómo se siente ser medio hombre?... ¿eh?
- ¡Lárgate!...
- Mmm… no seas ingrato Carlos, recuerda que vengo a darte una solución a tu problema…
- ¡No quiero nada de ti!... ugh…

Un dolor espantoso recorrió desde la base de su columna vertebral hasta su cabeza y cuello.

- ¿Ves?... lo mejor que te hubiera sucedido era morir esa noche. ¿Para qué te aferras a la vida si estas en ese estado?. Eres un guiñapo.

Carlos sabía que el extraño tenía razón… el accidente fue muy aparatoso y de consecuencias graves. Le amputaron las dos piernas, estaba paralítico hasta el cuello y apenas y había salvado su brazo izquierdo. El derecho estaba roto. Los paramédicos lo sacaron unos segundos antes de que su auto explotara pero la sangre corría por toda su piel, rasgada por los vidrios. De eso ya tenía 2 semanas pero el dolor no cesaba ni por un instante. Los doctores le aseguraban que era un milagro que se hubiera salvado. Pero el estar en esa situación y saberse inmóvil para el resto de su vida era lo peor que le pudiera haber pasado.

- Entiéndelo amigo. Ya nada tienes que estar haciendo en esta tierra.
- Por algo sigo aquí… ¿no crees?
- Jejeje… ¿no me digas que crees en esos “designios divinos”?. Por favor, solo mírate en un espejo. Ya no servirás para nada. Apenas y puedes mover la cabeza, lo demás nunca podrás. Estás confinado a una silla de ruedas y a ver como pasa la vida enfrente de tus narices. Solo serás un estorbo.
- Pero… debo luchar… por mis hijos… estar con ellos
- ¿Y que vas a hacer en ese estado?... solo les estorbaras en su vida. Además… ¿crees que te perdonarán tu gran pecado?... ¿o ya no te acuerdas?...
- Cállate…
- ¿No me digas que ya lo habías borrado de tu memoria?... mmm mal, mal, mal…
- Yo, no quise… es que…
- De nada te vale lloriquear amigo. Solo estás recibiendo lo que mereces. ¿Cómo crees que se sienten tus niños de saber que su papi hizo lo que hizo?...
- ¡Cállate, por favor!...
- ¿Crees que te perdonaran algún día que le quitaste a su mami?
- Yo no sabia… no fue mi culpa… lo juro…

Carlos sabía a lo que se refería aquel extraño. Sabía muy bien lo que había causado ese accidente en la carretera. Pero no quería recordarlo. Se decía a si mismo a cada momento que no lo había hecho consciente. Que no había sido su culpa. Pero el extraño le había abierto esa herida que era aún mayor que las de su cuerpo.

Aquella noche Carlos había bebido mucho. El día en la oficina había estado pesado y era viernes. Como todos los fines de semana gustaba de ir a un bar de poca monta cerca de su casa. En aquel lugar se reunían personas de no muy buena reputación. Y las sexo-servidoras que acudían ya conocían muy bien a Carlos. Especialmente una, que era con la que estaba siempre.

- ¿Lo mismo de siempre cariño?

Carlos, cansado de su vida familiar pesada y tediosa se desahogaba con la ayuda del alcohol y la compañía de su sexy amiga. Pero especialmente aquella vez tomo demasiado. Tanto que al llegar a casa su esposa le reprocho el estado.

- ¿Recuerdas cuando llegaste a casa?... tu mujer te grito y te reprochó tu estado…
- ¡No!... solo estaba preocupada por mi…
- Lógicamente que te enfureciste y la empujaste
- No quise hacerlo…
- ¿Y Tampoco quisiste golpearla hasta que tu mano te doliera?
- No fue mi culpa… es que estaba muy borracho… el alcohol…
- El alcohol, el alcohol… por favor… no te escudas en ese pretexto tan viejo… tu no amabas a tu esposa
- ¡Claro que si!... y a mis hijos…
- Nada de eso amigo, ebrio lo único que hiciste fue realizar lo que siempre pensabas… querías deshacerte de ella, por eso la empujaste tan fuerte, se golpeo en la cabeza y murió al instante.
- ¡Pero yo no quería matarla!...
- ¿Y porque huiste tan cobardemente después? Sabias perfectamente lo que habías hecho…
- Estaba confundido… solo quería irme de ahí… tenia miedo… no sabía lo que había hecho… yo…

En ese momento no pudo soportarlo y Carlos derramo algunas lágrimas…

- La amaba… nunca quise que esto sucediera…
- ¿en serio la amabas?... ¿y por eso te ibas a embriagar con esa prostituta todos los fines de semana?... no seas ridículo.
- Me merezco esto… merezco estar aquí
- Eso es lo que te hace pensar tu estúpido sentimiento de culpa. Pero no, estas sufriendo por gusto amigo. Y déjame avisarte que estas condenado a muchos años de sufrimiento. Esto no es nada, créeme.
- Pero no puedo morir y dejar a mis hijos… soy su padre…
- Te aseguro que ellos no querrán saber nada de ti. Nunca te perdonarán que asesinaras a su madre.

Carlos recordaba todos los momentos de felicidad con su familia. Su querida esposa, todas aquellas veces en las que jugaban con sus hijos. De las reuniones familiares. Nunca supo en que momento cayó en esas tentaciones que lo llevaron a ese trágico desenlace. Pensaba en su esposa… muerta, por su culpa.

- Compréndelo amigo. Deja de aferrarte a vivir. Lo que viene para ti no es vida, sufrirás mucho, créeme. Yo puedo ayudarte. Solo ven conmigo y el dolor terminará. Es lo más sencillo.

Vio como el extraño se levanto y se dirigió a la puerta sin hacer ningún ruido

- Piénsalo amigo, pero no demores mucho. Muy pronto vendré de nuevo para saber tu decisión.

Carlos se despertó tan rápido como nunca lo había hecho. Sudaba a mares y su corazón palpitaba velozmente. Estaba solo en la habitación del hospital.

- ¿Se siente bien señor? – le dijo la enfermera que entraba en ese momento y que posteriormente se dirigió a la ventana para abrir las cortinas y entraran las primeras luces de la mañana.
- Si… creo… solo fue una pesadilla
- Bien, trate de descansar…

Pero Carlos no podía hacerlo. No después de aquel sueño tan aterrador. Sabía que era una pesadilla pero, quizás producida por remordimientos, por sentimientos de culpa que no lo iban a dejar vivir tranquilo nunca.

Ese día iba a ser intervenido quirúrgicamente, varios órganos internos estaban en muy mal estado y una barra de acero del auto le había perforado el estómago. Necesitaban operarlo esa misma tarde.

- Le recuerdo señor Silva que necesitamos de toda su ayuda y fortaleza para que la operación sea un éxito. Debe de hacer su parte y luchar para seguir viviendo, la voluntad de un paciente es crucial en casos como estos, ¿comprende?.
- Si doctor…

Esa tarde rumbo a la sala de operaciones Carlos solo pensaba en una cosa. El daño que le había hecho a sus hijos era irreparable, nada les traería de vuelta a su madre. Él no tenía derecho a vivir después de aquella noche. Y el dolor… el saberse inútil para siempre… pero por otro lado... sus hijos… quedarían solos…

Dios… ¿Qué hago?...

- Relájese, en unos segundos comenzara a sentir sueño…

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- ¿Y bien Carlos?... toma mi mano y ven conmigo...
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Tuesday, August 16, 2005

La Jaula

1.- Descanso merecido

Aquel día comenzó de una manera poco usual.

Después de 10 meses de intenso trabajo en el laboratorio ya era necesario tomarme unas vacaciones. Mi cuerpo ya me lo exigía a gritos, así que decidí quedarme a descansar en mi casa en Snt Goutherson, a las afueras de la ciudad.

Era una pequeña villa alejada de todos mis clásicos problemas mundanos. Conseguí el dinero suficiente para hacerme de esa propiedad y aprovecharla en mis escasos días de descanso. Aquel era el lugar perfecto, teniendo a las montañas como panorama principal y el bosque como el marco perfecto los días eran como una inyección de serenidad y lucidez mental. Un paraíso de paz y tranquilidad.

Mi propiedad no era demasiado ostentosa o grande, más bien era lo justo para estar confortable y a gusto. Estaba solo, lo que menos quería era seguir tratando con gente después de tantos meses de interactuar forzosamente. La sociabilidad desde pequeño me había dado la espalda.

-Bah, para lo que necesito personas en este lugar – me decía a mi mismo, a la vez como consuelo para dar respuesta a mi mente que me cuestionaba mi notable aislamiento de los demás. Mis fieles compañeros de vida se encontraban ahí, acompañándome por si necesitaba de sus conocimientos. Cuatro enormes libreros llenos de una selecta colección de tomos de todos los géneros. Obviamente predominaban los de ciencia, sabía que teniéndolos a ellos ganaba mucho más que a una bola de creídos investigadores que creen saberlo todo y que no saben hablar de otra cosa que sus metas y logros.

Sí, tenía colegas con los que platicaba amenamente en los laboratorios, pero ninguno respondía a mis expectativas. Bueno, ninguno con excepción de una doctora recién egresada y que acababa de entrar a trabajar en la empresa.

Su nombre era Hillary Somers. De tez blanca, muy clara y complexión delgada llamó poderosamente mi atención desde ese día que me la presentó el Dr. Hawk.

- Dr. Walton, quiero presentarle a la señorita Somers, Srita, él es mi colega el Dr. Walton - me presentó mi colega
- Mucho gusto Srta., llámeme Dick – me apresuré a decir
- Un placer Dick, yo me llamo Hillary, sé que aprenderé mucho a su lado.

Algo en ella me dejó pasmado. Tenía yo mucha fama de ser un tipo un tanto frío –una roca de laboratorio- decían algunos compañeros a espaldas mías, pero aquella joven mujer me estaba recordando que tenía sentimientos a pesar de todo. Su enorme sonrisa me hechizó y su fino y terso cutis llenaron mis pupilas de algo que nunca había experimentado.

Era una sustancia extraña que recorría por mis venas y arterias todo mi cuerpo. No era lo que la gente común conoce como top model, pero su belleza era muy enigmática y elegante. Una dama como mis ojos nunca habían visto. Su caminar era de manufactura totalmente sensual pero su edad la ocultaba con una extraña inocencia.

Sí, solo a ella le permitiría el paso a ese, mi lugar privado.

Y casi como si nos comunicáramos telepáticamente, acto seguido sonó mi teléfono celular.

- Maldición… debí haberlo dejado en casa – me reproché en voz alta. Aunque yo sabía que el motivo por el cual me lo llevaba a mi viaje de descanso era porque inevitablemente era mi única conexión con el mundo normal y mi trabajo que tantas satisfacciones me había dado.
- ¿Hola, Dick?...

Reconocí la voz de Hillary de inmediato.

- Vaya, Hillary… tanto tiempo
- ¿Asi es verdad?
- Puedo preguntar ¿Cuál es el motivo de tu llamada? Me intriga saberlo, sobre todo después de 3 años de no vernos…
- Mira, para serte sincera te necesito Dick
- ¿Podrías decirme para qué?
- Es por mi trabajo nuevo, necesito de tu ayuda y de tus conocimientos. ¿Podrías hacerme el favor de venir?
- ¿Ahora?... ¿es tan urgente?
- La verdad si Dick, discúlpame si te molesto, me enteré por el laboratorio que estabas de vacaciones… pero de verdad apreciaría mucho tu ayuda. Por favor…

Nunca entendí el porqué de mi debilidad tan palpable ante esa mujer, los mortales comunes le ponen nombres cursis… “enamoramiento” era el mas común.

- ¡Perfecto! Paso por ti en una hora…

Nunca debí aceptar…



2.- Hillary


Vaya, mis vacaciones tenían los minutos contados, me hacía a la idea de que sólo sería algo rápido y en cuestión de horas estaría de regreso en mi anhelado lugar de descanso.

Que equivocado estaba.

Era algo extraña la súbita aparición de Hillary después de 3 años de haber renunciado de los laboratorios donde trabajábamos juntos.

Mi trabajo consiste, fundamentalmente en el estudio de la mente humana, en el departamento de Neuro Análisis. Soy el médico científico encargado de un proyecto iniciado por el Dr. Mayers enfocado a los límites del hombre relacionado con su mente. Hacemos investigaciones enfocadas a conocer la respuesta del cerebro humano a situaciones extremas y su reacción en el organismo. Entre esas situaciones de las que hablo se encuentra un sentimiento muy común llamado “miedo”.

El concepto de miedo es definido de la siguiente forma en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua: " (Del latín metus) Perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario. Recelo o aprensión que uno tiene de que le suceda una cosa contraria a lo que desea. El grande o excesivo. Insuperable. El que, imponiéndose a la voluntad de uno, con amenaza de un mal igual o mayor, le impulsa a ejecutar un delito; es circunstancia eximente de responsabilidad criminal".

Según esta común definición, el miedo modifica nuestra forma de estar sobremanera, ya sea por algo interior o exterior, real o ficcional. En los laboratorios estudiábamos las causas que originan miedo en un ser humano, las cuales serían la exposición a una estimulación traumática, la exposición repetida a una exposición sub-traumática (sensibilización), la observación directa o indirecta de personas que muestran miedo y la recepción de información que lo provoca.

Hay muchos tipos de miedo, por ejemplo, el miedo neurótico. También los miedos agudos, provocados por estímulos o situaciones tangibles y que se disipan con facilidad cuando se retira o evita el estímulo que los ha suscitado; frente a los miedos crónicos, que son más complejos y pueden estar o no ligados a un origen tangible que los provoque. El proyecto que manejábamos consistía en infundir miedo a los sujetos para analizar sus límites, pero encontramos que era algo muy delicado y peligroso.

Tratar de llegar a los límites de la mente humana es riesgoso pues no se sabe con exactitud hasta dónde podríamos llegar sin hacer daño permanente a la persona que estábamos analizando. Mi ética me detuvo hasta cierto momento de avanzado el proyecto y decidí echar marcha atrás antes de que algo peligroso sucediera. Temía que nuestros sujetos salieran afectados irreversiblemente y el proyecto se canceló indefinidamente… cosa que no agradó mucho a Hillary.

- Deberíamos seguir Dick. Esto es algo muy importante que nadie ha investigado a fondo – me decía.
- La mente no es algo con lo que debemos de jugar Hillary, además las investigaciones pueden dañar a los sujetos… ya lo hemos hecho con animales de prueba y has visto los resultados…
- Lo se Dick, ¡pero estamos hablando de una mente humana! ¿Cómo podriamos conocerla si no la investigamos?
- ¿Y si dañamos a estas personas? ¿no te importa su vida?
- Son los riesgos que se corren siempre…
- Lo siento, yo soy el encargado de dirigir esto y me niego a seguir…

Hillary entro de lleno a ayudarme en ese proyecto y me parece que se involucró demasiado pues semanas después de cancelar las investigaciones renunció a los laboratorios de manera súbita.

Y desde ese día no había vuelto a saber nada de ella, se borró del mapa y de mi vida. Aunque nunca pasó a mayores convivíamos demasiado, prácticamente diario estábamos juntos y aunque nunca se habló de una relación sentimental, creo que no hubo necesidad de ello. Yo la quería y la extrañé mucho cuando se desapareció. La busqué por meses pero nunca contestó su teléfono y en alguna ocasión hasta me animé a ir a buscarla a donde vivía solo para encontrarme con un aviso de “en venta”.

Me debe muchas explicaciones, sobre todo ahora que tan repentinamente vuelve a mi vida.



3.- Proyecto Miedo


Desde el balcón de mi casa de descanso miro al horizonte impacientemente.

Tiene 3 años que no la veo y muchas preguntas en la cabeza. Llegará de un momento a otro, desde aquí veré su auto.

Es una lástima tener que irme y dejar este lugar, sobre todo porque mis próximas vacaciones no creo que sean antes de septiembre del año próximo. Parece una estupidez cancelarlas por ayudar a una mujer que no me correspondió nunca y que se alejó de mi sin decir una palabra siquiera.

- Por fin – me dije al ver estacionarse el Ford negro en la entrada.

Baje corriendo a abrirle y recibirla. Al principio no pensé que era ella la misma joven que había llegado como ayudante al laboratorio hace ya casi 8 años. Se notaba muy cambiada, no supe especificar exactamente qué era lo diferente en ella, quizás su vestimenta tan formal, su corte de cabello tan discreto o su poco maquillaje que la hacían ver más grande de lo que era. Si acaso tenía 34 años… pero aún así m seguía gustando y aunque lo oculté, me dio mucho gusto volverla a ver.

- Disculpa la tardanza, parte de la carretera estaba cerrada
- No hay problema, si he esperado 3 años, unos minutos más no harán gran diferencia
- Entiendo a lo que te refieres, antes que nada te debo una disculpa Dick, pero he estado muy ocupada en mis cosas… tu sabes, el trabajo nos absorbe mucho…
- Si, supongo… ¿quieres pasar a tomar algo y platicar?
- Mmm… preferiría que mejor nos fuéramos de una vez y te platico en el camino
- ¿Ir?, ¿a dónde exactamente?
- A mi lugar de trabajo, necesito de tu ayuda allá. No está tan lejos de aquí como parece…
- ¿Es tan urgente que no puedes ni pasar a descansar un rato? Toma en cuenta que el cielo esta nublado y se avecina una tormenta.
- Por eso mismo, será mejor que cuando esté el mal tiempo nosotros estemos en los laboratorios donde trabajo.
- Esta bien, voy por mi saco y nos vamos… ah, por cierto… me da mucho gusto volver a verte…
- Igual a mi Dick… te extrañé mucho…

Preferí no responder a eso último y meterme por mi saco a la casa. ¿De verdad me extrañó?. Parecía muy difícil de creer.

Ya de regreso en el coche emprendimos el viaje. Durante los primeros minutos ninguno de los dos pronunció palabra, si acaso una mirada rápida para confirmar que estábamos ahí presentes y eso era todo. Noté que tomaba un camino alterno de la autopista que yo no frecuentaba. Daba hacia el norte, hacia las montañas. Pocos autos circulaban por ese lado del camino y por ende, podíamos viajar a una velocidad alta, además la amenaza de tormenta estaba cada segundo más latente y en aquella época del año no son nada condescendientes las lluvias.

- ¿Y bien?... ¿que ha sido de tu vida Hillary?, ¿en que trabajas ahora? – le comenté ya desesperado de tanto silencio incómodo.
- Sigo estudiando la mente Dick, pero ahora en otros laboratorios. No te preocupes, no falta mucho para llegar…
- ¿Y para qué me necesitas?¿en qué podría yo ayudarte?. Si mal no recuerdo eras una investigadora brillante y nunca requeriste de mi ayuda para tu trabajo.
- Gracias por los halagos, pero aprendí mucho de ti mientras trabajamos juntos
- Si, fue una buena época…
- Necesito tu participación en unas investigaciones que tengo a mi cargo en estos momentos, ¿sabes? tu tienes una gran experiencia en ese tema.
- Debe de ser algo muy importante, mira que llamarme así de repente…
- Si Dick, fue por eso… y porque en realidad quería volver a verte…

Estaba un poco confundido y un tanto incrédulo de su cariño hacia mí, así que mejor decidí no meterme en problemas y no responder nada.

Hubo un momento en el que no reconocí el camino. Había avanzado unos 20 kilómetros hacia el oeste y dado vuelta en una zona desconocida para mí. Prácticamente nos internamos al bosque con dirección a las faldas de las montañas. Sea a donde fuera que estuviera la empresa para la que ella trabajaba no parecía una zona adecuada para ella.

- Muy escondida para ser algo legal – pensaba.

El cielo ya estaba negro y soplaba un aire muy fuerte. Viramos hacia la derecha del camino para encontrarnos con otro un tanto escondido, casi a mitad del bosque y después de andar unos 10 minutos más nos estacionamos en la entrada de lo que parecía una bodega abandonada.

- Hemos llegado
- Eso veo… ¿y aquí trabajas?... no tiene mucha pinta de ser un laboratorio.
- Entiendo lo que piensas, los laboratorios están adentro, esto es solo un camuflaje para no tener visitas inesperadas.

No me daba buena espina todo eso, pero era inútil pedirle que regresáramos, la tormenta estaba ya empezando a caer y ni siquiera estaba seguro del camino para regresar yo solo.

- Debo decirte que este lugar tiene el nombre clave de CR-12 y son laboratorios aunados con células del Gobierno Federal. Los gastos corren a cargo de ellos, nosotros solo trabajamos aquí lo que nos ordena la militancia. Por eso parece a primera vista muy clandestino todo esto. – me dijo Hillary mientras bajaba del auto
- Entiendo… ¿y que es lo que están estudiando?
- La resistencia mental del ser humano

Al escuchar eso me vino a la mente todo aquello que había pasado tres años atrás y que habían causado la renuncia de Hillary de los laboratorios donde laborábamos. Cada momento que pasaba me interesaba el saber lo que ella quería realmente de mi, pero ya me lo sospechaba…

Entró tecleando una clave numérica en un panel que se encontraba escondido en la entrada. Se abrió un seguro y entramos a un pequeño cuarto de acero, éste tenía un nuevo panel y ella sacó de su bolso una tarjeta, la deslizó rápidamente y entramos a un ascensor. Erróneamente supuse que los laboratorios estaban dentro de la montaña, pero ahora veía que no, se encontraban abajo. Y ahí nos dirigíamos.

No se exactamente cuantos pisos bajamos, de repente la puerta del elevador se abrió y caminamos por un pasadizo muy oscuro que daba a una puerta de acero con un nombre grabado al frente

Proyecto Miedo

Entramos por esa puerta y encontramos algunos médicos e investigadores trabajando delante de equipo muy sofisticado. Algunos los conocía, pero otros muchos nunca los había yo visto en mi vida.

- Dick, te presento a mi jefe, el Dr. Manik, Dr Manik, ét es el Dr. Dick Walton, del que tanto le he hablado – dijo Hillary para presentarme con el sujeto de larga barba blanca y complexión delgada que tenía enfrente de mí y que fue a recibirnos.
- Mucho gusto Dr. Walton… es un gran honor tenerlo aquí.
- Igualmente…
- Venga por aquí por favor, quiero mostrarle nuestro trabajo…

El sujeto tenía unos 60 años y una voz que parecía sacada de un cuento de historias de terror para niños. Como de ultratumba, diría mi madre. Pero lo seguimos Hillary y yo.



4.- Las Pruebas


Hillary, el tipo ese y yo caminamos por un largo pasillo hasta llegar a un tipo de laboratorio donde se encontraba un hombre, al parecer dormido recostado en una cama y con aparatos de rastreo neuronal a su alrededor.

- La Dra. Somers me platicó que usted en sus investigaciones alguna vez trató el tema del miedo, sus causas y efectos en los seres humanos…
- Efectivamente, teníamos la intención de llegar a conocer los límites de resistencia del hombre ante situaciones que le causaran temor, y por lo que veo, ustedes están trabajando cosas similares.¿cierto?
- Efectivamente, como usted sabe la ciencia conoce muy poco de la grandeza y poder del cerebro humano. Apenas y se tiene conocimiento de algunos padecimientos y trastornos, pero nada significativo. El Proyecto Miedo es una investigación profunda de todo los trastornos que pueda resentir y experimentar la mente.
- Pero como usted debe de saber eso es muy peligroso pues no sabemos con lo que nos podríamos encontrar o hasta que punto esos estudios dejaran secuelas graves a la mente de un hombre.
- Así es, y por eso mismo nosotros intentamos estudiarlo todo siempre y cuando no afectemos a los sujetos de investigación que amablemente se prestan a nuestras investigaciones como a nuestro amigo que vemos aquí sedado. Lo he traído hasta acá para que supervise nuestros logros, en unos minutos haremos una sesión tipo B de causantes intimidatorios con esta persona.

El Dr. Manik se puso tras un aparato neural y dijo a un ayudante que accionara unos controles para empezar con las pruebas.

El sujeto acostado en la cama estaba sedado. Era conocido por el Dr. Walton que cuando esas pruebas se hacían lo más recomendable era realizarlas con personas que no estuvieran despiertas pues podría traer graves consecuencias el shock de las descargas neurales que provocarían el miedo con la mente atenta de la persona.

- En estos momentos estamos mandando al cerebro información de algo muy común que nos afecta a todos los seres humanos y que nos produce temor: fobias. Se encontró que este sujeto de prueba desde niño a experimentado fobia a los insectos y, con impulsos y sensaciones que le hagan pensar que esta recostado en una cama llena de insectos, arañas y gusanos analizamos su respuesta y sobre todo, sus límites. – dijo Manik

Hillary le ayudaba desde una consola que había en el otro extremo de la habitación mientras yo miraba fijamente las pruebas.

El hombre empezó a tratar de gesticular palabras… gruñía… se movía en la cama y sus dedos empezaban a moverse inconscientemente por los impulsos lanzados a su cerebro. Esas pruebas las había yo realizado años antes en mi laboratorio y sabía que se realizaba por niveles. Cada nivel era más potente y contenía más información para producirle miedo al hombre. Me dirigí a la computadora y chequé que estaba en nivel 2.

- Una persona común al nivel 2 comienza a sentir molestias, pero este amigo esta, de cierta manera “entrenado” para soportar más… mucho más…

Rápidamente el aparato que se encontraba conectado al cerebro del hombre realizó un zumbido y supe que el nivel había aumentado.

Yo sabía que la potencia del nivel 3 era suficiente para hacer los estudios sin dañar a la persona que era sujeta al experimento. Pero algo me decía que el Dr. Manik no estaba satisfecho con eso. El tipo acostado en la cama empezó a emitir sonidos raros y a moverse un poco más en la cama. Los niveles en la computadora indicaban que su corazón palpitaba rápidamente.

- Nuestro amigo aún no esta asustado – me dijo Manik
- ¿Esta bromeando? – repliqué
- Estoy asegurándolo amigo Walton… nuestro sujeto aún puede soportar más. Hillary, nivel 4 por favor.

Hillary obedeció y subió al nivel 4 las pruebas. El hombre frunció el seño, empezó a quejarse demasiado y a moverse violentamente en la cama. Dos ayudantes de Manik lo sujetaron de los brazos. Era asombroso como el sujeto seguía sin gritar… cuando yo estudiaba esas reacciones notaba que todos durante el nivel 3 gritaban. Nunca me imaginé ver lo que estaba presenciando en ese mismo instante.

- ¿Qué hace?...
- Lo que ve Dr. Walton, analizar las reacciones de un hombre con nivel 4 en su mente.
- Pero eso no es posible, ¿cómo logra que soporte tal descarga neural?
- Previamente se le prepara Dr….
- ¿Prepara?... y ¿cómo?
- Nivel 5 Dra. Somers – me interrumpió Manik

Antes de que pudiera yo decir algo, el grito de aquel hombre retumbó en toda la sala.

- ¡¡¡¡¡¡Agghhhhh!!!!!!

Sus puños se apretaban así como su mandíbula. Empezó a sudar.

- Mírelo Dr. Walton… hemos avanzado mucho ¿cierto?. En estos momentos nuestro amigo se enfrenta a sus mayores fobias, siente como las arañas lo atrapan en sus redes.
- ¡Pero puede afectarlo de por vida sometiéndolo a esos niveles de angustia! – le grité
- No si se sabe trabajar con eso Dr. , nosotros estamos convencidos de que con su valiosa ayuda podremos llegar a los límites sin dañar seriamente al ser humano.
- Así es Dick, por favor, ayúdanos… imagínate el enorme conocimiento que podríamos tener en nuestras manos. Sería un gran paso para el conocimiento de nuestro propio organismo. – interrumpió Hillary
- ¿Y exactamente en que quieren que les ayude? por lo que veo, ustedes tienen mejor equipo que nosotros en mi laboratorio.
- Estamos desarrollando una fórmula que “entrene” al ser humano para hacerlo más fuerte y resistente a lo que le causa miedo. ¿Se imagina lo benéfico que podría ser eso?, está comprobado que un gran porcentaje del daño que sufre una persona es causado por su propia mente. Al encontrar una fórmula de esa clase estaríamos dando al hombre una capacidad de resistencia del doble o triple de lo normal. Estamos hablando que podríamos conocer nuestros límites mentales y manejarlos para jamás sentir miedo, atrevernos a hacer cosas que antes solo soñábamos, ¡seremos capaces de crecer y ser una especie mejor!.

Me quedé callado, comprendí que Manik estaba plenamente convencido de lo que hacía. Mi prudencia me dijo que mejor le siguiera la corriente.

- ¿Y quiere que le ayude a encontrar esa fórmula química que inhiba al ser humano a temer?
- Asi es mi querido Dr. Walton, ya hemos avanzado pero necesitamos de su ayuda. No se preocupe por el aspecto económico, será bien recompensado, además en el nivel conocimiento ganará enormidades con esto.
- Solo sería poco tiempo Dick, estamos muy cerca de lograrlo. Por favor, quédate conmigo.

Mire a Hillary y quizás el hecho de querer saber exactamente lo que se tramaban esas personas acepté a quedarme a colaborar con ellos.

- Esta bien, acepto ayudarlos… aunque sólo sea un tiempo, mis investigaciones personales serán reanudadas en unos días.
- No se preocupe Dr. Walton, estoy seguro que se sentirá como en casa con nosotros y se interesará tanto en las pruebas que usted mismo no querrá irse.
- Si, puede ser que tenga razón Dr. Manik.

El sujeto de prueba fue dormido de nuevo, con él descansé yo también…



5.- Sospechas


Hillary me acompañó a lo que sería mi laboratorio privado y después a mi habitación. Ese lugar estaba tan alejado de la civilización que era preferible que los investigadores vivieran ahí para seguir trabajando día y noche.

Ya una vez en mi habitación Hillary se quedó unos segundos a platicar conmigo.

- Así que por esto renunciaste a los laboratorios Hillary…
- Si Dick, desde hace tres años trabajo aquí a las órdenes del Dr. Manik
- Veo que no desististe de tus ideas. Pensé que te habían quedado claros los peligros de estas pruebas…
- Estoy consciente de ellos Dick, pero me interesó muchísimo el tema. Estos tres años he aprendido mucho aquí y me gusta trabajar acerca de esto. Pero ¿sabes?, te extrañé y siempre quise que me acompañaras.
- ¿Porqué te desapareciste sin decirme nada? ¿Por qué no me buscaste?
- Pues… no lo sé… sabía que tu te oponías a estas investigaciones y temí que al saber a lo que me dedicaba me dejaras de hablar. Pero ahora es distinto, si, quizás el Dr. Manik te necesite para sus trabajos pero yo te necesitaba junto a mi Dick…

Nunca me esperé el beso que me plantó en ese momento. Fue algo tan dulce… y removió en mi muchos sentimientos…

- No sabes lo feliz que estoy de que seremos compañeros de nuevo Dick, gracias por aceptar quedarte aquí y ayudarme
- Eh… si… aunque como le dije al Dr. sólo sea durante unos días.
- No importa, me siento muy segura de que estés ya aquí.

Cuando cerró la puerta de la habitación me quedé más confundido que nunca. Hillary siempre me gustó, pero ese no era el lugar ni el momento más romántico que pudiera yo imaginarme. Estaba decidido a andar con mucho cuidado… la verdad no me creía completamente lo que quería el Dr. Manik. No me daba buena espina.

Los días pasaban en aquel enorme lugar. Era un complejo bastante moderno, unas instalaciones muy bien planeadas, ductos y pasillos que se conectaban entre si ocultos en la base de aquella montaña. No pude salir en quien sabe cuantos días, ahí si estaba, literalmente, desconectado del mundo. Cada día que pasaba ahí metido analizaba cada rincón de aquel lugar y trataba de ocultarme de las cámaras de seguridad que estaban por todos lados. Mis ayudantes seguían mis instrucciones aunque ya se contaba con trabajo bastante avanzado. Usábamos analgésicos y sustancias infraestamínicas llamadas Orphus Cerebel, que estan destinadas a vertirse mediante inyecciones hacia los vasos sanguíneos y viajar hasta el cerebro humano. Trabajamos sobre una sustancia que segregan los moluscos que ayuda a hacer más resistente a las membranas del cuerpo humano. No era un trabajo sencillo, el tratar de hacer al ser humano más resistente hacia el dolor psicológico era una complicada misión, sin embargo estábamos cerca de lograrlo.

Mientras yo buscaba la manera de entrar a los salones de Manik y a su laboratorio privado para saber mucho más de lo que ahí pasaba. Su laboratorio particular era el único lugar al que nadie tenía acceso. Manik se pasaba largas cantidades de tiempo ahí metido. Algo que me llamó poderosamente la atención era el hecho de que, a pesar de ser un órgano de investigación gubernamental nunca vi soldados. Los guardias de seguridad no me convencían del todo de trabajar para el gobierno.

Hillary trabajaba muy cerca de mí, parecía que los buenos tiempos habían regresado, el estar con ella era lo único agradable en todo aquel lugar.

Llegó el gran día en el que pudimos aislar varios componentes dañinos de la solución y tener la mezcla lista. La que nos ayudaría para saber la verdadera resistencia del hombre ante el miedo.

- ¡Lo felicito Dr. ! hemos dado por fin con la fórmula… - me dijo Manik con gran gozo
- Bueno, aun faltan hacer las pruebas necesarias… tendremos que analizar que de verdad funcione como lo planeamos…
- No se preocupe por eso, los cálculos indican que sí funcionará. Yo me encargaré personalmente de hacer las pruebas a los sujetos.
- ¿Podría estar yo presente Dr. Manik?
- Preferiría que no amigo, usted ya nos ha ayudado demasiado y no quisiera quitarle mas su tiempo. Muchas gracias por su valiosa ayuda Dr. Walton. Mi gratitud se verá reflejada en su cuenta bancaria el día de mañana.
- Sabrá que no lo hice por el dinero, me interesa ver los resultados…
- No se preocupe, en su momento le haremos llegar a su casa un reporte de todo lo que logramos gracias a su ayuda. Entiendo que mañana comienza de nuevo sus investigaciones normales y no quiero distraerlo aún más… - me dijo Manik
- Mañana a primera hora puede regresar a su vida diaria Dr. Walton, disfrute su última noche aquí. – añadió al momento de retirarse a su laboratorio.
- ¡¡Felicidades Dick!!, ¡lo hiciste! – me gritó Hillary mientras entraba a mi laboratorio a abrazarme.
- Sí Hillary, parece que ya quedó todo listo…




6.- La Jaula


Esa noche no pude dormir… daba vueltas en la cama pensando en miles de cosas. Muchas interrogantes tenía en la cabeza. Durante todos esos días había analizado el lugar y sus trabajadores. No parecía nada malo, pero la manera de ser del Dr. Manik, así como su reacción al querer hacer él solo los experimentos finales sin mi presencia no me habían agradado.

Y además, algo había en su laboratorio privado que me llamaba a investigar. Algo me decía que ahí encontraría muchas respuestas… así que me levanté y fui al dormitorio de Hillary.

- ¿Dick?... ¿Qué pasa?
- Necesito hablarte de algo importante…
- Si, dime…
- ¿Alguna vez has entrado al laboratorio de Manik?
- No, nunca lo he hecho, como sabes esta prohibida la entrada
- Quiero entrar Hillary
- ¿Estas loco? ¿Para qué?
- Hay algo que no me gusta en todo esto… siento que Manik nos miente y sus verdaderas intenciones las oculta… ¿Te fijaste como le disgustó la idea de que me quedara a ver los resultados?
- Bueno, eso se debe a que él es un poco ególatra y supongo que querrá tener la satisfacción de ser el primero en comprobar nuestras hipótesis
- No, estoy seguro que es algo más…
- ¿Y como pretendes entrar? El lugar esta lleno de cámaras y la puerta solo se abre con una combinación que él conoce.
- Mmm… la puerta no es la única manera de entrar. Me he fijado que los ductos de ventilación son lo suficientemente grandes como para poder pasar por ahí
- ¡Dick!... ¿y si nos descubren?
- ¿Nos? – pregunté extrañado y a la vez contento
- ¿Qué? ¿acaso pretendes hacer esa locura solo?... no me voy a quedar aquí a esperarte. Yo te acompaño.
- Esta bien, quizás necesite ayuda… vámos

Nos dirigimos con cautela a una habitación donde previamente había yo visto que la ventilación estaba un poco cuarteada. Era la única manera que se me ocurría de entrar.

Con cuidado y si hacer mucho ruido logré romper esa parte para hacer una grieta lo suficientemente grande para entrar. Ella entro primero, fue mucho más fácil para ella pues su anatomía le ayudaba enormemente. Yo tuve un poco más de problemas para escabullirme por ahí, aunque no soy obeso pero ese lugar no estaba echo precisamente para que alguien como yo se deslizara cómodamente.

No estábamos muy lejos del laboratorio de Manik y gracias a mis cálculos y al haberme quedado varios días a trabajar ahí sabía mas o menos el camino correcto.

Por un momento me detuve a razonar lo que estaba haciendo… no creía que Manik estuviera muy contento si nos descubría, pero quería saber qué era lo que se tenía entre manos y sobre todo cerciorarse de que su fórmula no fuera a usarse para fines perversos.

Después de minutos que parecieron horas de arrastrarse por esos canales llegamos al laboratorio. Bajamos cuidadosamente y sin hacer mucho ruido. Noté que no habían cámaras de vigilancia en esa sala, supongo que porque sería muy fácil ir al cuarto de vigilancia y ver lo que hacía Manik. Aunque eso confirmaba que no era nada bueno lo que él investigaba en ese lugar.

Lo primero que hacía diferente a ese lugar de los demás laboratorios era una gran ventana de unos 5 metros de largo por dos de altura.

- ¿Una ventana?... ¿para qué si estamos debajo de la tierra? – le pregunté a Hillary señalándole lo que había visto.
- No lo se Dick… este lugar me da miedo…

Y tenía razón para temer. Cuando nos acercamos al vidrio polarizado vimos que del otro lado había una imagen que nunca olvidaría en toda mi vida. La ventana daba para un enorme y oscuro lugar que parecía no tener fondo. Como si estuviéramos viendo un precipicio o el cráter de un volcán desde la superficie. Era increíble… un lugar que parecía salir de las pesadillas de cualquier ser humano. Era inmenso… las paredes de ese precipicio eran de piedra, parecía una formación natural en donde se había construido alrededor los laboratorios. Esta cosa estaba justo al centro de todo. Y esta habitación era la única con vista al precipicio. Estaba muy oscuro y aunque me asomé no pude precisar el tamaño, parecía no tener fondo.

- ¿Para que demonios será este lugar Hillary?
- No lo se Dick… pero… ¡Mira allá arriba!

No me había percatado pero hasta arriba se encontraba un armatoste de acero que parecía… ¡una jaula!

- ¡Dick, ven a ver esto!

Hillary estaba en los comandos y computadoras principales del lugar, encontró archivos de las pruebas que realizaba Manik a escondidas de nosotros. No podía creer lo que veía. Guardaba archivos de videos de todos los experimentos en su computadora y lo que ví fue escalofriante. En ese momento supe para qué era ese enorme lugar y esa jaula tan extraña.

Por increíble que parezca las pruebas que yo había visto durante esos días no eran nada absolutamente con lo que hacía Manik en este lugar. Pudimos ver con horror videos de cómo torturaban mentalmente a varios hombres y mujeres. Los tenían desnudos y enjaulados. Manik los analizaba como si fueran bestias, a su antojo les mandaba imágenes e impulsos neurales para infundirles todo el temor posible.

- ¿y porqué una jaula Dick? – me preguntó Hillary
- Por lo que veo son muchas razones… Manik pretende llevar a la práctica el miedo en todas sus formas para sus sujetos de prueba, no le basta con los impulsos e imágenes que transmite a sus cerebros. En este enorme lugar podemos encontrar fobias que todos tenemos… a las alturas, a la soledad, la claustrofobia de estar encerrado en esa jaula de acero pendiendo en un abismo negro… la soledad misma, el miedo a la muerte, el dolor físico. En esa jaula se pueden llevar al límite las hipótesis de ese loco. Pero obviamente es inhumano.

Hillary y yo nos quedamos callados mirando aquellas atrocidades, durante meses o quizás años Manik habia hecho pruebas prohibidas con humanos sólo para saciar su sed de conocimiento. Los gritos de desesperación y las expresiones de angustia de los sujetos eran escalofriantes. Manik subía niveles en su cerebro como pisos un elevador… nivel 6, 7… 8… al llegar al 9 aquellos hombres y mujeres morían después de minutos de sufrimiento increíble. Pude reconocer al mismo sujeto de la fobia a los insectos como gritaba como poseso… suena imposible, pero su cuerpo empezó a fabricar tumores, rasguños y heridas… ¡de la nada!... como si los insectos en su mente él los hiciera reales de tanto daño a su mente. Las pruebas que hacía Manik eran muchísimo más fuertes de las que yo llegué a ver, empezando porque él nunca sedaba a los pacientes, y eso era doblemente mas delicado.

- Diablos… no puedo creer esto… pero sabía que Manik nos mentía y que algo perverso se traía entre manos Hillary… ¡debemos escapar y destruir todo lo que realizé!
- No si yo no lo permito… - se oyó en un rincón oscuro de aquella sala… era Manik y sus guardias que esperaban pacientemente para entrar en acción.



7.- Planes revelados


- Vaya Dr. Walton, parece que ya descubrió mi secretito – dijo Manik saliendo de las sombras
- ¿Pero… cómo pudo hacer estas atrocidades? ¡no le importa la vida humana!
- Cuando se está tan cerca de tamaño descubrimiento científico siempre se tiene que sacrificar algo Dr. Walton… usted sabe que era necesario experimentar con hombres para ir por buen camino.
- Maldito sea… nos utilizó para todo esto… ¿Qué pretende hacer con mi fórmula?
- Lo que usted se imagina Walton… por fin puedo encontrar los límites del hombre hacia las adversidades, las fobias, miedos, temores y todo aquello que la mente no comprenda. Con su fórmula podré dar más resistencia a un hombre y ver hasta dónde puede sufrir sin morir como las débiles especies que somos.
- Es imposible conocerlo todo Manik, aún con esa fórmula usted nunca sabrá los secretos del perfecto funcionamiento humano.
- Pues no es tan perfecto amigo mío… el miedo nos hace más débiles de lo que en realidad somos, el miedo sólo nos lleva a la perdición, pues es lo que nubla nuestro futuro…
- ¡Pero es lo que nos hace humanos!... es inútil negarlo y tan sólo la muerte es capaz de librarnos de él.
- Precisamente Dr. Walton… yo lograré vencerlo y si es necesario que mueran los sujetos de prueba, que así sea.
- ¡Esta demente!

En un arranque de valentía que solo da el mismo miedo al que pretendíamos atacar, me moví lo más rápido que pude, empuje con todas mis fuerzas a un guardia mientras le quitaba su arma. Todo pasó en fracciones de segundo, di vuelta y jalé el gatillo contra el otro guardia. Le dispare dos veces…. Y otras dos al guardia al que yo había empujado. Cuando miré a Manik ya tenía en su poder a Hillary.

- ¡Ni un movimiento más Walton!... no dejaré que eche a perder todos estos años de investigaciones… ya solo falta la prueba final y que, gracias a su ayuda y fórmula pronto se hará realidad y veré coronados todos mis esfuerzos. Apuntaba con una pistola al rostro de mi querida Hillary que estaba muerta de miedo…
- No haga una tontería Manik… suéltela
- Jaja, no está en posición de exigir nada… ¡tire su arma! – al momento de decir esto último accionó un mecanismo y el vidrio enorme subió y dejo la vista hacia aquel gran vacío.
- Ande, tírela ¡ahora!... acérquese lentamente y láncela

Hice lo que me pidió tratando de pensar en cómo salir de esta situación con vida… aventé el arma… ni siquiera se escuchó el ruido de haber caído. Parecía tener cientos de metros de profundidad aquel lugar…

- Bien hecho Walton… ¿sabe qué? después de todo creo que se merece ver el resultado de su trabajo… ¿y que mejor que con su amiguita como sujeto de prueba?
- ¿Qué pretende hacer Manik?
- Muy sencillo…

Tecleó una clave en un panel y un ruido estruendoso se dejó oir en aquel lugar… la jaula comenzó a moverme mediante un mecanismo y se dirigía hacia donde estábamos nosotros. Llegó y se abrió mecánicamente una compuerta. Era justo del tamaño de un hombre y pretendía meter ahí a Hillary.

- ¡Dick… ayúdame por favor! – me gritó

Fue entonces cuando encontré el segundo justo para hacerlo… cuando Manik se disponía a meter a Hillary dentro de la jaula me lancé contra él. Hillary ayudó pues se quitó rápidamente dejándonos a Manik y a mí al borde del abismo aquel. Con todas mis fuerzas golpee a Manik para que cayera al vacío. Su edad avanzada no le ayudó y fácilmente resbaló, no sin antes tomarme de la pierna y hacerme resbalar a mi también.

Como pude logré detenerme de un lado de la jaula para no caer mientras él me tomaba aún mi pie… era muy doloroso y temí por mi vida… cuando de repente se escuchó un disparo que dio justo en la cabeza de Manik. El disparo provenía de su misma pistola accionada por Hillary.

Momentos después ella me ayudó a subir a salvo…

- Parece que lo logramos Hillary… estuvo cerca – dije mientras me reponía de todo aquello que acabábamos de pasar…
- Así parece Dick… todo salió a la perfección
- Tenemos que destruir todo esto para que estas atrocidades no se repitan y salir de aquí cuanto antes, me he fijado que hay poca seguridad y tu conoces todas las claves para los accesos y puertas, podremos salir sin un rasguño si nos damos prisa… sólo hay algo que no comprendo… ¿cómo es que supo Manik que estaríamos aquí esta noche?
- Yo se lo dije

Cuando escuche eso realmente sentí un escalofrió recorrer mi cuerpo… y más aun cuando sentí el frío de la pistola en mi nuca.

- ¿Qué… qué haces Hillary? – dije incrédulo
- Te decía que todo salió a la perfección mi querido Dick, pero según mis planes… no según los planes del pobre diablo de Manik
- ¿Qué me tratas de decir?... ¿qué es todo esto entonces?...
- Mi pobre Dr. Walton… nunca te diste cuenta… ¿verdad?... desde que te conocí en los laboratorios donde trabajábamos supe que tu eras la persona que me iba a ayudar a realizar mis investigaciones personales. Cuando renuncié lo hice decidida a seguir con los proyectos que gracias a ti se truncaron y conseguí hacer esto que ves aquí.
- Pero… ¿Manik, que papel juega en todo esto?
- Él solo fue un peón en mi tablero… el pobre todo el tiempo pensó que era él quien mandaba en este lugar, pero realmente era yo quien movía los hilos. Este lugar se mantiene gracias a mi dinero, el gobierno nada tiene que ver, tenías razón en tus sospechas acerca de estar oculto y nunca ver un soldado. Yo misma la contraté sin revelarle mi identidad para no hacer mi participación en esto tan obvia a tus ojos y creyeras que yo era la víctima que no sabía nada. Cuando te necesité solo moví los hilos necesarios y te traje de vuelta conmigo.
- Eres una… ¡me engañaste!
- Debo de agradecerte salvarme de ese tonto de Manik hace unos minutos... pensé que todos mis planes se venían abajo
- ¿Y porqué no me dejaste morir junto con él hace unos momentos?...
- Ah, porque te tengo a ti algo especial mi querido Dick… ya que tu fuiste pieza fundamental en lograr esto, serás el primero en comprobar que mis hipótesis hacer del miedo son ciertas… llegarás a conocer el límite de tu miedo y gracias a tu fórmula tardarás horas, quizá días en saberlo…

Acto seguido sentí un fuerte calor en la nuca…



8.- Final


Después de eso… no recuerdo nada…

Solo haber despertado desnudo en esta… en esta enorme jaula…

Dios… parece una pesadilla. ¿Qué será de mí?... ¿Cómo es que pudo engañarme de esta manera Hillary?. Sí, ella lo planeo todo desde un principio y yo nunca me di cuenta de su macabro plan…

Estoy helándome… del frío y del miedo… ya sé lo que me espera estando aquí… sé que nadie me puede escuchar y mucho menos ayudar. Me duelen los brazos… supongo que por las inyecciones de la fórmula que yo mismo ayudé a realizar y que hará mi agonía el doble o el triple de lenta de lo que debiera ser.

Estoy perdido…

Casi puedo mirar a esa mujer despreciable del otro lado de aquella ventana polarizada… sé que está ahí… pendiente de cada segundo de mi sufrimiento. Esta feliz de verme aquí, gozando mi dolor… mis muñecas y tobillos están morados por estos hierros que me atan al suelo…

No puedo ni explicar con las palabras adecuadas el sentimiento de soledad y pesadumbre que hay en el ambiente. Hace demasiado frío y por la enorme distancia a la que esta la jaula del suelo, un eco enorme.

¿Cómo puedo escapar?... quiero vivir… nunca debí venir hasta este infernal lugar…

¡No!... oigo ese ruido… los buitres ya están aquí… empiezan a subir hasta donde estoy… desde pequeño he temido a esas aves de carroña… éstas ¿serán reales?... ¿o ella esta manipulando mi mente y poniéndome a prueba?

La puerta de arriba comienza a abrirse, es cuestión de segundos que entren y vengan por mí… esa maldita no solo se conforma con mi dolor mental… ahora querrá hacer las pruebas de resistencia física conmigo como conejillo de indias… esos animales vendrán a abrir mi piel y comer mis órganos sin que yo pueda siquiera morir…

¡siento sus miradas!, ¡me miran!... ¡miran a su comida!... malditos animales…

¡esos infernales aleteos de nuevo!.... y en el fondo, ¡la risa de esa mujer!... ¡ya están aquí!...

¡¡¡Auxilioooooo!!! ¡¡¡Hillary, maldita seas!!!
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Tuesday, July 26, 2005

Placeres ocultos

Richard era en realidad un buen hombre, casado con una bella mujer de nombre Sarah había formado una familia americana de buena finta. Tenían una hija de 12 años a la que nombraron Linda en honor a la suegra de Richard.

El tipo, dedicado de tiempo completo a la medicina era un notable ciudadano de Allenton, Pennsylvania. Conocido por todos por su carácter serio y ecuánime, así como por su gran capacidad de servicio, era un hombre respetado en los alrededores. Era un excelente padre, comprensivo y amoroso, su adoración siempre fue su hija Linda a la que consentía aún más que a Sarah, por lo general iban en familia a la capilla de la iglesia que estaba solo a algunas cuadras de su vivienda. Era muy común que en las fiestas de sociedad con fines altruistas fuera invitado de honor y era muy solicitado para dar conferencias de medicina en la Universidad Estatal, sus conocimientos lo avalaban como uno de los mejores en su área. Múltiples diplomas y reconocimientos adornaban las paredes de su estudio. Mantenía en riguroso y estricto orden sus actividades diarias, muy temprano se dirigía a su consultorio particular en el que se mantenía prácticamente todo el día, regresaba entradas las 9 o 10 de la noche a su casa a cenar con la familia. Muy pocas veces se les veía salir de vacaciones o de paseo, muy normal en la vida de un doctor de reconocido prestigio que siempre estaba al pendiente de la salud de sus enfermos. Su vida, a riesgo de parecer ante los ojos de los demás, monótona en realidad no lo era tanto.

Richard tenía un hobbie muy personal y del que nadie tenía conocimiento.

- ¿Richard Herber?, paquete para usted… firme aquí, por favor – dijo un mensajero a las puertas de su casa
- Gracias…

Generalmente Sarah y la joven Linda acostumbraban ir los fines de semana a visitar a los abuelos en New York, dejándolo de tres a cuatro días en promedio una vez al mes. Richard tenía mucho trabajo en Allenton como para acompañarlas, así que se había hecho una costumbre el dejarlo solo en casa algunas ocasiones.

Era sábado, no había ido a trabajar en todo el día precisamente para estar presente cuando su paquete llegara proveniente de New York y él mismo pudiera recibirlo. Se aseguró de cerrar muy bien las cortinas de su despacho y se acomodó en su sillón favorito.

Se sentía muy cómodo, a pesar de lo que estaba a punto de hacer.

El teléfono interrumpió esos segundos de tranquilidad con un timbrazo fuerte.

- ¿Richard? ¿cómo estas amor?... te llamé al consultorio pero me dijo tu secretaria que te habías sentido mal y que no habías ido a trabajar – preguntó angustiada Sarah
- Oh, no te preocupes, no es nada cariño, solo una pequeña jaqueca
- ¿pero te sientes bien amor?
- Claro, para serte sincero sirvió como pretexto para quedarme en casa a descansar, sabes que tiene mucho que no tomo vacaciones
- Si, entiendo… me lo hubieras dicho y venías con nosotras a New York
- Me hubiese gustado pero sabes que no puedo desatender mi trabajo tantos días, hoy estaré aquí en la casa descansando y reponiendo fuerzas, mañana temprano regreso al consultorio.
- Esta bien, solo hablé para saber como estabas, te pasaré a Linda, quiere saludarte…
- Si cariño, te amo….
- ¿Papá? Te extraño mucho… ¿Por qué no nos acompañaste a ver a los abuelos?...
- El trabajo hija, ya sabes…
- Si, ya lo se… espero que para la próxima si nos acompañes, al rato iremos a pasear y de compras por la 5th Avenue
- Diviértanse mucho hija, aquí las estaré esperando
- Si papá, te quiero mucho
- Y yo a ti, pequeña

La verdad es que odiaba mentirle a su familia, las quería demasiado. Pero su hobbie era mejor tenerlo oculto y más a la vista de su esposa e hija.

Tomo el paquete que había dejado en su escritorio y lo abrió. Tomo una de las cuatro cintas de video que contenía la caja perfectamente sellada y la colocó en su aparato reproductor de video que se encontraba justo debajo de una gran pantalla enfrente de su sillón favorito.

Le subió al volumen, justo para que los vecinos no escucharan y él disfrutara completamente cada sonido emitido.

Era un video de pobre calidad, pero el producto en sí tenía un gran valor para él. Justo como lo había pedido, de tez blanca, rubia y de escasos 14 años de edad. Comenzaba con imágenes algo violentas, la chica estaba atada a una silla y parecía drogada.

Había pedido exactamente que el hombre la desvistiera muy poco a poco, el Dr. Richard tenía gustos selectos hasta para esas cosas y le desagradaba la rudeza. Su dinero le había costado – y demasiado – para que el tipo del video acabara rápido con ella.

Una vez desnuda el tipo la acariciaba muy lentamente, sus pezones, su delicada y tierna piel, aunque la escena parecía grotesca por la diferencia entre aquel obeso, moreno y enorme sujeto y la jovencita, al Doctor le excitaba en demasía aquellas imágenes. Al mismo tiempo que en la grabación el tipo negro metía su mano por todo el cuerpo de la chica y ésta se convulsionaba; Richard hacía lo mismo con su miembro.

Cada gesto de sufrimiento de la chica, cada respiración agitada era saboreada a distancia por el Doctor. Como si emanara de la pantalla el sudor de aquella joven mujer, el cuerpo de Richard se enchinaba y sus venas saltaban en sus sienes.
El tipo negro del video tiro al suelo a su cautiva, agresivamente abusó una y otra vez de ella. La joven, aún amordazada era capaz de saltar alaridos en verdad terroríficos, veía con horror como aquella bestia humana la ultrajaba a voluntad. Los minutos parecían horas, pero aún así era poco para lo que el Doctor quería, ya le había sucedido que en varias películas que había adquirido la presa ni duraba mucho viva. En este caso los 45 minutos que tenía de ser violada la joven le seguían pareciendo poco. A esas alturas del video aparecía la misma joven atada con las piernas abiertas y con dos tipos encima de ella – un tercero se les había unido minutos después – el cabello largo de la chica se encontraba empapado, así como su rostro de una mezcla de sudor, lágrimas y semen de tres hombres distintos.

El Doctor desde su asiento disfrutaba cada imagen, cada sonido, por momentos olvida quien era y que lo que hacía no estaba bien visto por la sociedad… o que los vecinos podrían escucharlo… su mente estaba fija en aquellos desagradables actos. Justo cuando sentía llegar su clímax, vio como la chica detuvo los latidos de su maltrecho corazón.

- ¡No es suficiente! – exclamó el Doctor sin medir las consecuencias que un grito de ese estilo pudiera tener si alguien lo escuchaba.

Respiró hondo… siempre que terminaba de ver esas películas sentía un gran remordimiento, sabía que no era correcto y que su hobbie era una bajeza, ninguna persona sana podría disfrutar de esa manera grabaciones en donde chiquillas eran violadas hasta la muerte. Se culpaba a si mismo, pero sabía que eso le llenaba y le satisfacía sus placeres ocultos.

- Si nadie se entera, no habrá ningún problema… es sólo una fantasía como muchos hombres la tienen – se decía a si mismo como para aminorar la culpa.

Además, la tarde estaba comenzando y para la noche tenía otros tres videocasetes por disfrutar. Estaba a salvo, su familia regresaría hasta el lunes, tenía tiempo suficiente para disfrutar sus videos y guardarlos en aquella cómoda que tenía bajo llave en un rincón del despacho. Su colección ya estaba bastante grande para ese entonces. Siempre seguía una misma línea: chicas menores de edad, de preferencia rubias y de aspecto totalmente inocente. Le parecían de mal gusto las grabaciones con prostitutas… inocentes se disfrutaban más.

El cómo había comenzado a adquirir esos videos es una historia larga, no tenía muchos contactos, sólo un teléfono que le habían escrito en una tarjeta en una sex-shop oculta en un barrio bastante hostil en New York. Siempre que deseaba material nuevo llamaba con discreción a ese número y hacía sus “pedidos”. No conocía los procedimientos de aquel negocio, suponía que usaban a chicas de la calle o jóvenes prostitutas engañadas de otras ciudades. La verdad eso no le importaba. Esta noche tenía que hacer un nuevo pedido.

- ¿Sí?... deseo un nuevo video
- ¿No le agradaron los que le mandamos ayer? – respondió una voz grave del otro lado de la línea
- Si, no están mal, pero quiero más. Quiero… a una chica más joven que éstas que tenían mala facha
- ¿Aún más joven? Esas tenían 14 y 15 años... ¿quiere una niña, por ejemplo?
- Si, una niña. Blanca, rubia y entre más inocente es mejor…. ah y entre más dure es mejor…
- Comprenderá que joder a una niña más tiempo que a una mujer es más difícil, no aguantan mucho…
- No me interesa, eso quiero
- Saldrá más caro amigo…
- ¿Cuánto?
- El doble, quizás… pero le aseguro que tendrá lo mejor
- Hágalo y pronto, pagaré lo que sea… y ya sabe, quiero que dure más tiempo, mándeme su mejor trabajo. ¿OK?
- Delo por hecho

Nunca una conversación entre ellos había durado tanto, pero en esta ocasión lo ameritaba, Richard tenía ganas de lo mejor, éstos cuatro videos eran solo un entremés del banquete que pensaba darse.

Aquella noche no durmió, se pasó la noche pensando en lo que vendría en su siguiente entrega, lo esperaba con ansia. A veces se preguntaba el origen de esos placeres, muy probablemente se debieron a que de muy chico su padrastro abusó de él. Nunca pidió ayuda a nadie ni lo dijo a su madre, Allenton era una ciudad pequeña y sabía que el rumor de la gente y sus habladas malsanas lo rechazarían y señalarían toda su vida.

Así que prefirió ocultarlo y convertirlo, con el paso de los años en un gusto personal. Y así como de niño abusaron de él, ahora él disfrutaba que hicieran lo mismo con niñas. Se decía a sí mismo que sus perversiones se compensaban con el bien que hacía a sus semejantes en Allenton, él respondía a su familia, con sus obligaciones y cariño.

Richard se reconocía como un hombre bueno, un pequeño secreto no podía afectarlo ni mancharlo, por sucio o enfermo que fuera ese secreto.

Muy temprano unos timbrazos en su puerta lo alejaron de un intento de sueño que por fin tuvo el Dr. Richard…

- Doctor Herber, abra por favor…

Richard salió con cara de pocos amigos para darse cuenta de que su vecina tenía un celular en la mano…

- Doctor, siento despertarlo tan temprano pero su esposa me dijo que le urge hablar con usted
- Ah, gracias señora McKensie

El Doctor tomó el celular, lo que le dijo su esposa parecía como para una pesadilla que nunca quiso experimentar.

- ¡Richard! ¡Ven por favor! – la voz de Sarah se oía muy angustiada
- ¿Qué pasa cariño?¡Dime!
- ¡Es Linda!...¡desapareció!... salimos anoche a Central Park, me dijo que iría a comprar unos dulces… yo… la deje ir sola mientras platicaba con la abuela…
- ¿¿Y??¿¿Qué pasó con Linda??
- ¡No lo sé, solo la perdí de vista un segundo… y ya no estaba!... no la encuentro por ningún lado… ¡ven, por favor!... llamé a la policía, pero necesito que vengas pronto… te estuve llamando toda la noche pero no funcionaba tu teléfono…

Richard recordó que después de llamarle a aquel tipo había descolgado el teléfono, no quería que alguien lo interrumpiera mientras terminaba de disfrutar sus películas. Se culpó por hacer eso.

Velozmente arrancó en su camioneta con rumbo a New York. El Dr. estaba preocupado por su pequeña hija.

- No puede ser… Linda, hija… - se decía a cada instante mientras pisaba a fondo el acelerador. Era muy temprano aún y no había mucho tráfico en la carretera, por lo que Richard aumentó la velocidad.
- Dios mío… no dejes que le pase nada malo… no a mi Linda… perdóname, por favor por mis pecados… juro… juro que no vuelvo a hacer nada malo… pero que no le pase nada a mi niña… - dijo

Su desesperación era tal que no tuvo el cuidado necesario al dar vuelta en una peligrosa curva. Cuando se dio cuenta era demasiado tarde, un camión de carga estaba justo enfrente de él.



Silencio



Como si le hubiera caído un rayo, Richard despertó sudando en una cama de hospital.

- ¿Li... Linda…?... ¿Sarah?... ¿Dónde estoy?...

Su esposa, que se encontraba a su lado le tomó la mano.

- cariño… tuviste un accidente
- si… lo recuerdo… ¿y Linda?... ¿Dónde está mi hija?

Apenas y podía moverse, su cuerpo había sido gravemente afectado por el choque, la camioneta rodó a varios metros del impacto y Richard salió disparado del parabrisas con heridas serias. Aún estando en cama un dolor muy fuerte le recorría toda su espalda. Sarah, después de unos minutos de quedarse en silencio soltó una lágrima y un sollozo que retumbo en la mente de Richard.

- a Linda la encontró la policía hace dos días… muerta
- pero… pero…

Los dos se abrazaron y lloraron mucho. Richard no tenía palabras ni podía articular alguna siquiera, sólo lloraba… el dolor era insoportable, el físico era insignificante.

Al día siguiente se realizó el entierro de la pequeña en el cementerio de Allenton, familiares y muchos amigos asistieron a compartir la pena con Richard y Sarah. Richard, asistió en silla de ruedas, aún sabiendo que debía de haberse quedado en cama. Quería estar con su pequeña en esos últimos momentos para despedirla.

Los siguientes días fueron muy difíciles. Las piernas del Doctor estaban aún en proceso de sanar, pero debía de usar muletas por un buen tiempo, así como collarín. La vida ya no era la misma desde aquella tragedia, la pequeña Linda ya no corría por toda la casa jugando alegremente ni abrazaba a su padre en las noches antes de dormir.

Aquella mañana Richard se encontraba en casa, no podía ir a trabajar aún. Sarah no estaba, pero confiaba en que su marido ya estaba recuperándose.

De repente tocaron la puerta. Era el hombre que le entregaba sus paquetes.

Por todo lo que sucedió había olvidado su último pedido. Lo recibió con desgano. Cojeando se dirigió a su sillón y se puso la caja entre las piernas. Era más pequeña que la última, seguramente porque sólo era un video esta vez.

Se sentía confundido… culpable porque si hubiera acompañado a su familia a aquel viaje no hubiera pasado nada. A cambio de eso había perdido a su hija y todo por su maldita afición a la pornografía infantil. De repente vino a su memoria que el cuerpo de Linda había sido encontrado en un contenedor de basura de una calle desolada, desnuda y con marcas indescriptibles de violencia. La habían violado. Lo que quedó de su cuerpo fue rescatado y en enterrado aquel día en el cementerio. Un pensamiento lo estremeció.

Miró la caja y la abrió. Contenía un solo video y una nota

Espero que con esto usted esté satisfecho. Tal como lo pidió.

Sus manos temblaban mientras metía la cinta al aparato… un escalofrío recorrió todo su golpeado cuerpo.

El Doctor Richard sólo miraba, esta vez no lo disfrutó… no lo gozó… sus ojos estaban puestos en el video al mismo tiempo que su alma se perdía con cada segundo de grabación y su cerebro se hundía en un océano de dolor. Tal vez el Doctor no murió por el accidente, pero sí lo hacía lentamente en estos momentos.

Gracias a ese video pudo volver a ver a su pequeña, sus últimos momentos…
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Wednesday, June 22, 2005

El Perdón

La prisión estatal número 2 de San José en Costa Rica no se caracterizaba por sus modernas instalaciones. Enclavada en la zona más alejada de la ciudad era hogar de miles de presos de todos los tipos.

- Le repito padre, este sujeto es muy peligroso, su ejecución es en poco tiempo… su trabajo aquí es sólo de rutina –
- Sé cual es mi deber sargento. Estoy aquí para salvar su alma.
- Dudo mucho que ese tipo la tenga aún padre Manuel, pero en fin. Pase y no tarde mucho, aquí estaremos por si se ofrece algo.

Mientras terminaba la frase, el Sargento Correa abría la muy resguardada celda de aquella prisión.

- Hijo, estoy aquí… ¿podemos platicar un rato?

No acababa de hablar el sacerdote cuando escuchó el crujir de la puerta de acero cerrándose fuertemente a sus espaldas. La celda era muy pequeña, del lado derecho se encontraba un catre maltrecho con un par de sábanas sucias. Aquel lugar era muy frío y el eco se hacía presente a todo momento. Las paredes eran grises, y hasta arriba se encontraba una pequeña rendija que hacía las veces de ventila de unos 15 centímetros cuadrados. El padre Manuel sintió claustrofobia al saberse metido en aquel lugar y al mismo tiempo alivio al pensar que solo estaría unos minutos

La taza del WC estaba quebrada y demasiado sucia, no parecían condiciones idóneas donde algún ser humano pudiera habitar decorosamente. Pero precisamente su habitante se encontraba agazapado en uno de los rincones mirando hacia la nada. Su vista parecía perdida y sin esperanzas de regresar a su conciencia.

- Hola, soy el padre Manuel, me han mandado para escuchar tus ultimas palabras hijo. Quiero confesarte y escuchar tu arrepentimiento.

Pero los segundos parecían eternos ya que el preso ni siquiera dirigía la mirada a aquel visitante. El silencio llegaba a ser incómodo, aun a pesar de que era interrumpido por el constante toser del sentenciado. El clima era bárbaro, tanto que las bajas temperaturas, habían hecho mella en la salud de aquel hombre. Pero eso a nadie importaba, estaba condenado, morir de bronquitis o en la silla eléctrica a final de cuentas resultaba lo mismo.

El sacerdote sabía que no resultaría una tarde fácil y se sentó en el catre tranquilamente.

- Solo he venido a hacer mi trabajo hijo. Puedes confiar plenamente en mí y saber que solo estoy aquí para ayudarte.
- ¿Ayudarme a qué exactamente, padre? – dijo el tipo
- A salvar tu alma ante Dios
- ¿Su Dios, padre?
- No hijo, el nuestro… nuestro creador
- No pierda su tiempo padre, no deseo arrepentirme de nada – dijo de manera tajante aquel hombre.

El sacerdote recordó lo leído en el expediente de ese sujeto. Se llamaba Martín Rojas, trabajador de labranza nacido en un pequeño pueblo llamado San Agustín. Estaba condenado a muerte en la silla eléctrica por violar y asesinar a 8 niños menores de edad. Tenía 26 años.

- Mira Martín… lo que hiciste es muy grave y para las leyes de los hombres esta dictada la sentencia, pero aún puedes salvar tu alma. Mi misión es hacerte ver que debes arrepentirte para que descanse tu alma cuando tu cuerpo ceda. – insistió el padre
- No me interesa el arrepentimiento, lo que hice lo hice consciente…
- ¡Pero son atrocidades!
- Ya lo sé padre… y las disfruté

El sacerdote se quedó pasmado de tal afirmación tan cínica…

- No puedes hablar en serio… ¿Por qué hiciste eso a esos niños?
- Es simple padre… lo necesitaba… mi cuerpo me lo pedía. Es como la sangre a los vampiros… aquellos niños tenían un cuerpecito muy suave… ¿se lo imagina padre?...¿se imagina la sensación que da acariciar sus pequeños miembros?...

El padre Manuel no podía creer que un ser humano pudiera expresarse de esa manera tan ruin de fechorías de esa calaña. Lo miró con temor y repugnancia. Las arrugas que lo acompañaban a sus 60 años se fruncían y comenzó a perder la paciencia.

- En todo este tiempo que llevo de sacerdote no había conocido a alguien que disfrutara de esa manera tales cosas…
- Yo no le veo lo sorpresivo padre… siempre he dicho que más que depravación era una necesidad sexual
- Pero eso que hacías eran violaciones a menores de edad…
- Si, pero necesitaba hacerlo padre, no podía evitarlo
- ¡Eran inocentes!... ni siquiera podían defenderse
- Es la ley de la vida padre, siempre gana el mas fuerte… esos niños eran presa fácil
- Aún estas a tiempo… reconoce tus errores y quizás tu alma tenga descanso… si no lo haces te habrás condenado para siempre Martín…
- No me importa, condenado a muerte ya estoy… pero desde hace muchos años padre… desde que dejé de importarle a su Dios

El sacerdote no sabía que hacer en una situación así. Podía dejarlo morir pero se había prometido siempre hacer todo lo posible por salvar almas… lo había jurado ante la cruz hace años.

- ¿padre Manuel? – se escuchó afuera de la celda – le quedan 5 minutos más padre.

Se acercó al preso y le habló claro y directo

- ¿tienes idea del dolor que experimentaras en unas horas?... ¡te condenaron a morir en la silla eléctrica!... si te arrepientes aliviaras en gran medida tu interior… quizás podrías tener paz

Pero el hombre ni siquiera lo miraba…

- Era tan maravilloso padre… ¿sabe?... lo hice una y otra vez, recuerdo que a una de esas pequeñas se le acabaron las lágrimas. ¿sabe lo que eso significa?... eso significa vaciarse por los ojos. Tanto dolor y sufrimiento se traducen en lágrimas y cuando llegó el momento en que la chica ya no lloraba era porque estaba vacía… ¡igual que yo!
- ¡Cállate!... ¿Cómo podías disfrutar eso?
- Sus pequeñas ropitas quedaban siempre manchadas, pero a cambio de eso yo me saciaba. Y cuando lo volvía a necesitar buscaba a otra presa. Era tan sencillo engañarlos. Con un simple caramelo bastaba, la soledad del campo y bajo el refugio de la noche eran mis acompañantes e instrumentos de placer. Mis manos… mis manos tomaban trozo a trozo su inocencia, aquella que yo tanto saboreaba… hasta podía olerla padre. La inocencia de un niño es lo más dulce que existe…
- Te lo digo por última vez… pide perdón a Dios Todopoderoso de una vez.

El padre Manuel empezaba a sentirse muy incómodo… sus piernas empezaban a temblar de frío y del nerviosismo que corría por sus venas.

- Mi mayor logro fue aquel niño de 5 años, hijo de los dueños de la finca. ¡Jadeaba como un perro! Jajajaja…. Para mi desgracia no medí mi fuerza y le quebré el cuello antes de tiempo, pero aún así… tenía su cuerpo y lo usé hasta que el olor a muerte ya era insoportable. El arrebatarle de ese modo la inocencia a una criatura es hermoso… es único… puede parecer abominable para la sociedad que se da baños de pureza, pero en lo más recóndito de nuestra mente reconocemos que el satisfacer nuestros instintos mas bajos es lo que nos hace felices…
- ¡¡Cállate de una buena vez!!... ¡pide perdón!

Con un movimiento rápido Martín se incorporó del suelo y se sentó al lado del sacerdote, muy cerca de él, demasiado… casi queriendo susurrarle al oído…

- Esta bien padre, quiero confesarme con usted para recibir el perdón… escuche bien lo que voy a comentarle...usted bien sabe de lo que hablo… porque muy sabe lo que yo siento… ¿verdad padre Manuel?

El sacerdote sentía que el corazón estaba a punto de salírsele del pecho. Temblaba a la par que empezaba a sudar frío.

- ¿Qué… di…dices?
- Yo soy inocente padre… acepto haber cometido todos esos crímenes, pero yo soy el menos culpable aquí. El violar niños es algo que disfrutaba muchísimo, es una depravación que hay que experimentar… es una necesidad. Yo vivía para satisfacer mis deseos sexuales y para robarles algo de su inocencia a esos chiquillos… para recuperarla
- ¿Recuperarla?... ¿a que te refieres?
- A mi me la robaron padre… alguien que al igual que yo, tenía sucios deseos en la cabeza…hace 19 años, un joven seminarista se acercó a mi ofreciéndome un juguete. A cambio de eso me llevó a un cuarto oscuro, en su habitación me hizo cosas… muchas cosas…

El padre Manuel no podía moverse… estaba temblando y escuchando todo aquello que le decía aquel sujeto en confesión.

- Aquel hombre malo se divirtió conmigo y abuso de mí en repetidas ocasiones… me quitó poco a poco mi inocencia… su error fue haberme dejado libre. Me amenazó que no dijera nada pues sino, por desobedecerle, me iba a ir al infierno pues Dios no quería a los niños mentirosos y me dio una cruz de madera para que siempre que la viera me acordara de guardar silencio… ¿sabe padre?... desde ese día deje de creer en su Dios y traté bajo cualquier medio de recuperar lo que tan vilmente me habían quitado…

El sacerdote no tenía palabra alguna que pudiera pronunciar… cerró los ojos y recordó todo con exactitud, cada palabra que decía Martín era un recuerdo que, como una daga, le atravesaba sin piedad el pecho.

- ¿ahora comprende porque no puedo pedirle perdón a usted o a su Dios padre?... usted fue el que me hizo así como ahora soy… sació su sed de sexo conmigo, yo lo único que hice fue repetir sus actos con otros niños

Repentinamente se escuchó el crujir de la vieja puerta.

- Se acabó su tiempo padre Manuel… ya es hora de que nos llevemos a esta basura – dijo con voz grave uno de los guardias.

Martín se acercó aún más al oído del sacerdote…

- Ahora dígame padre Manuel… ¿quién debe de arrepentirse ahora?... ¿Quién debe de pedirle perdón a quién?...

Los guardias se apresuraron a tomar al hombre y a llevárselo al lugar de su ejecución mientras el padre Manuel se quedaba sentado en aquella fría celda. Su mirada estaba fija a una de las paredes de la celda, en ella, estaba colgando una pequeña cruz de madera.

La misma que le había dado hace 19 años a un pequeño niño…
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Monday, May 30, 2005

Rosas negras

Lucy y Alex eran dos hermanos que se quería mucho. Siempre jugaban y andaban juntos para todos lados. La gente lo sabía y comprendía pues habían quedado huérfanos desde chicos y siempre buscaban protegerse entre ellos.

Habían quedado en la tutela de su abuela. Ella los mimaba y le gustaba contarles historias para dormirlos.

A los chicos le gustaba mucho la naturaleza y acostumbraban ir al bosque para correr y disfrutar del fresco de la montaña, aún a costa de los regaños de su abuela.

- ¿Cuántas veces les he dicho que no vayan al bosque niños? – les decía siempre que regresaban del mismo.

Ellos no entendían los motivos por los cuales su abuela les prohibía tal cosa pero preferían no preguntarles.

Una noche la abuela enfermó de gravedad, una enfermedad la consumió muy rápidamente. De la noche a la mañana Alex y Lucy volvieron a quedar solos, la chica tenía 14 años y el niño 12, aún no podía vivir solos así que pasaron al cuidado del estado y fueron a vivir a un albergue mientras cumplían la mayoría de edad.

Pero eso no les agradó, no les gustaba vivir ahí encerrados, ya se habían acostumbrado a sus paseos y lo extrañaban.

Una tarde, mientras Alex formaba figuras con cerillos (actividad manual que desde niño le había gustado y tomado como pasatiempo favorito) se le acercó Lucy y le contó algo que hizo que el pequeño dejara a un lado su actividad.

- ¿cómo que quieres escaparte? – le preguntó asombrado a su hermana
- sí Alex, ya no soporto estar aquí encerrada… extraño el bosque, estoy aburrida, ¿tu no?
- pues si, yo también extraño pero… ¿y si te regañan? ¿no podemos salirnos así sin avisar?
- pues es que si aviso no me dejaran ir sola… ¿entonces? ¿me guardas el secreto o vienes conmigo?
- mmm.. prefiero quedarme aquí… tengo miedo de que me atrapen… tu cuídate mucho y no tardes ¿quieres?
- esta bien, como quieras… no tardaré mucho

La niña se fue y con éxito pudo escaparse del albergue infantil sin ser vista. Tardo unas horas en regresar…

- ¿y bien?, ¿que tal te fue?... me dijiste que no ibas a tardar y si lo hiciste Lucy
- es que no sabes… encontré un lugar increíble subiendo el monte
- ¿te metiste mucho más al bosque?... ¿a donde la abuela nos decía que no fuéramos?
- si y no sabes, esta increíble… mira

Sacó de su bolsillo una extraña flor, era completamente de color negro… como una rosa pero sin colores usuales. Solo de negro.
- ¿qué es esto?
- una rosa negra… la encontré por esos lugares
- que bien… pero será mejor que ya no vuelvas a ir
- no seas miedoso
- acuérdate que la abuela nos decía que ahí cosas malas pasan
- si, pero nunca nos dijo exactamente que cosas… seguramente le daba miedo que nos perdiéramos o algo parecido, no te apures, me se cuidar
- ¿así que piensas regresar?
- claro, sabes que me encanta la vida silvestre, además tengo curiosidad por conocer mejor el bosque y la colina completa
- no creo que sea buena idea Lucy

Días después la chica planeaba escaparse de nuevo

- ¿estas segura Lucy?
- sí, este sábado iré de nuevo a traer mas flores, ¿viste como esta se marchitó tan rápido?... traeré mas.
- esta bien pero cuídate y no tardes mucho
- no te preocupes, tu cúbreme

Pasaron las horas y la pequeña no regresaba. Alex estaba muy intranquilo y pensó en avisar para ir por ella. Prefirió esperar un poco más y no hacer escándalo pues sabía que los iban a castigar severamente.

Una de las encargadas del albergue de avanzada edad lo miró triste y se acercó a él para preguntarle si estaba bien. Aunque no quedó satisfecha con aquel “si, señora” prefirió dejarlo y regresar a sus labores. Pero algo llamo poderosamente su atención: la flor negra que tenía en la mano el chico.

- ¿de donde sacaste eso Alex?
- ¿esto?... ah, la corté por ahí
- pero… esas flores solo se dan en el bosque… ¿cómo la conseguiste?

Alex se puso muy nervioso.

- mmm bueno… una vez que fui al bosque la encontré y la guardo como recuerdo
- óyeme bien Alex, nunca más vuelvas a regresar a ese lugar de donde la sacaste ¿me entiendes?
- pero ¿por qué?
- ese lugar es muy peligroso
- mi abuela me contaba lo mismo, pero nunca me dijo la razón… ¿por qué es tan peligroso?
- en aquel lugar hay una leyenda
- ¿y de que trata?
- Se dice que estas flores representan las almas de niños perdidos y que por eso son negras en señal de luto. Debes de saber que ese bosque tiene mala fama pues en él se han perdido muchos niños desde hace años. Mi madre solía contarme esa leyenda, por un tiempo pensé que solo era para asustarme pero realmente hay una historia terrible alrededor de esto.

Alex cada ves se sentía mas intrigado y al mismo tiempo preocupado por la suerte de su hermana que aun no llegaba…

- ¿te pasa algo?
- es que… en realidad la que trajo esta flor fue Lucy, mi hermana… ella se fue al bosque y aun no ha llegado
- ¿se escapó y se fue al bosque?¿porque no lo dijiste?.... ¡tenemos que avisar para que la busquen antes de que se haga mas tarde!

Avisaron para iniciar la búsqueda de la pequeña, cayó la noche y nada se sabía de ella. Alex estaba desesperado y con un gran sentimiento de culpa por haberla dejado ir sola.

- no te apures pequeño, ya hablamos a la policía y en estos momentos estarna rumbo al bosque para tratar de localizarla – le decía a modo de consuelo aquella mujer

Pero los días pasaron y nada se supo de Lucy. El chico estaba muy triste, la policía no había encontrado un solo rastro de la niña y se comentaba que quizás la habían secuestrado y sacado de la ciudad. Pero el chico estaba convencido de que estaba en el bosque. Así que se decidió a hablar con aquella mujer para saber todo acerca de esa dichosa leyenda.

- necesito saberlo
- de cualquier forma quizás no haya solución Alex… ningún niño perdido en ese lugar a regresado. Se dice que en ese lugar vive una anciana que es la que los captura.
- pero… ¿porque no la detienen?
- porque nadie la ha visto en realidad… se dice que se trata de un espíritu. El de una anciana de apellido Bakers que vivió hace un siglo por estos lugares. Se dice que la buscaban por practicar ritos extraños que incluía a niños pequeños. La gente del pueblo quiso hacer justicia en su propia mano y la persiguieron por el bosque. Se cuenta que con intenciones de matarla la acorralaron hasta que llego a un acantilado que hay en el bosque y que cayó al vacío.
- ¿y después que paso?
- la gente encontró en su casa cuerpecitos pequeños enterrados en la parte de atrás y pruebas suficientes para saber que practicaba rituales satánicos.
- pero murió ¿cierto?
- la leyenda parece decir que no… años después empezaron a desaparecer niños de nuevo y la gente aseguraba que era el mismísimo espíritu de aquella mujer que seguía bebiendo la sangre de los niños para nunca morir. Se dice que las flores que ella tocaba las volvía negras y que representaban las almas de los niños.
- ¿y porque no sube la policía para investigar?
- ya lo han hecho muchas veces pero nunca encuentran nada… parece ser que solo los niños pueden ver a la anciana y su escondite. Por ello desde pequeños se les dice que nunca se metan al bosque… pero tu hermana no hizo caso.

Alex no podía creerlo… todo el mundo parecía ya dar por perdida a su hermana… pero él se sentía culpable y responsable de su pérdida. Así que una mañana, muy decidido escapó del albergue en su búsqueda. Si lo que decía la mujer era cierto solo él podría encontrarla.

El bosque era inmenso… ellos solo conocían una pequeña parte que era hasta donde les había permitido su abuela cuando eran mas chicos. Así que todo le parecía nuevo.

Había ya pasado una hora de su andar y aun no encontraba seña alguna hasta que de repente entre los árboles parecía salir una voz

Ven hermanito...

Le pareció que Lucy lo llamaba pero por más que buscaba de donde provenía no localizaba su paradero exacto. Comprendió que quizás esa voz lo iba a guiar y la siguió.

Ven hermanito…

Ven con nosotras…

A cada paso que daba notaba extrañeza en aquella voz… pero su desesperación por encontrar a Lucy lo motivaba a seguir adelante en su búsqueda. Su camino ya era bastante largo y su temor a perderse y nunca encontrar a Lucy se hacía mayor. Hasta que por fin sintió como si hubiera llegado.

Algunos metros mas adelante encontró flores extrañas, negras completamente, iguales a la que aquel día Lucy le mostró en su habitación. El pequeño sabía que estaba cerca de dar con el paradero de su hermana… pero tenía miedo de cómo la iba a encontrar…

“Ven con nosotras”… ¿hablaba de ella y de… la vieja Bakers?

Estaba ya exhausto… el camino era muy difícil… la fuerza del viento era ya muy descarado y escandaloso, por momentos sentía que el aire mismo quería detener su camino y hacerlo regresar al pueblo sano y salvo. Alex pensó en regresar y olvidar todo… pero estaba convencido de que podría encontrar a su hermana, que lo que los demás no habían podido él iba a lograrlo.

Agudizó el oído pero ya no escuchaba los llamados aquellos. Detrás de una pequeña colina por fin pudo ver a unos 40 metros de distancia una enorme cueva. La entrada parecía tener unos 10 metros de alto, enclavada en la base de la montaña y rodeada por viejos árboles cuyas ramas señalaban el camino hacia la entrada. Parecía que a capricho la naturaleza había señalado el camino hacia la cueva. A los lados millares de flores negras.

Con un valor inusitado se acercó hacia la cueva… sentía como el viento se había calmado para dar paso a un silencio sepulcral. Parecía como si el tiempo se hubiera detenido en esos instantes y los animales hubieran desaparecido pues no emitían ruido alguno.

Sin tener noción del peligro que podría correr o de lo que sus ojos encontrarían entro lentamente hacia lo oscuro de aquella cueva. No podía ver casi nada, recordó que tenía en la bolsa de su sweter una cajita de cerillos con algunos cuantos aún sin usar.

Aquella pequeña luz lo acompañaba en su trayecto pero solo le servía para que pudiera ver por donde caminaba. No era de mucha utilidad esa pobre iluminación, además tenía muy pocos cerillos, así que tenía que buscar una manera de iluminar mejor y por más tiempo. Decidió quitarse el sweter, buscó en el piso un pedazo de madera, enrolló la prenda y la acercó a la flama del cerillo.

Con esa pequeña antorcha siguió su camino… pudo observar que las paredes de la cueva estaban pintadas con sangre. Contenían extraños signos que él no comprendía.

Cada paso que daba le infundía más miedo. Estaba solo, quien sabe en dónde y sin comprender qué era a lo que se enfrentaba. Si lo que la leyenda de ese pueblo era cierto, estaba en la morada de una anciana loca. La misma que posiblemente era culpable de haber secuestrado a su hermana.

Quizás él correría con la misma suerte… pero no podía olvidarse de ella y dejarla en aquel extraño lugar.

Ya había caminado varios metros sin éxito alguno…

- ¿Lucy?.... ¿estás aquí?.... – gritaba temerosamente sin obtener respuesta

Su corazón palpitaba cada vez con mas fuerza.

- Responde por favor –

El único sonido que se percibía era el del fuego que poco a poco se consumía… se acababa el tiempo de la luz y la oscuridad pronto reinaría en todo ese lugar… se terminaría su esperanza y quizás hasta podría perderse en su camino de regreso. Encontró una serie de túneles que hacían mucho más difícil el retorno.

Cabizbajo y triste por haber fracasado regresó sus pasos para salir cuanto antes de la cueva. Tenía mucho frío y sus piernas empezaban a temblar sin control. Tenia miedo y además se sentía derrotado. Había perdido a Lucy.

Quedaba cada vez menos luz de la pequeña antorcha… el fuego comenzaba a consumir el pedazo de madera y él aun no encontraba la salida. Juraba que hacia la izquierda había venido pero de repente notaba que estaba en un lugar diferente… ¡se había perdido!.

El pánico se hizo presa del pequeño cuando tuvo que tirar al suelo el madero y veía como lentamente se terminaba el fuego. ¿Qué iba a hacer?¿sería esa su perdición?

Estaba cansado y muerto de frío. Su corazón no lo dejaba tranquilo y se sentía acabado. Ya no veía nada… se sentó en el suelo sin saber que hacer.

De repente sintió un calor muy grande… levantó la mirada pero no supo de donde provenía aquella sensación. Se oyó una risa lejana y pasos.

Alex temblaba pues sabía que se trataba de la vieja Bakers y que iría por él como lo hizo con Lucy. En ese instante reconoció una voz detrás de él que lo llamaba por su nombre.

- ¡Lucy!... ¡estas bien!

Pero la chica no respondió, dio media vuelta y caminó. Llevaba una antorcha en la mano que iluminaba lo que parecía ser un camino que el pequeño no había notado.

- ¡Lucy, esperame!

Alex notó que la chica quería que lo siguiera pues a sus espaldas los pasos y las risas de aquella anciana se acercaban. Prefirió no replicar nada y pedir explicaciones a su hermana cuando estuvieran a salvo y la siguió a toda prisa.

El camino era complicado, parecía que el chico se había perdido aún mas de lo que creía en un principio, su hermana se encontraba siempre alejada y no podía distinguirla, mas bien seguía a la luz del fuego que le mostraba el camino.

Después de unos minutos logro ver la luz de la salida y de repente no pudo localizar a su hermana.

- ¿Lucy?.... ¿Dónde estás? – gritó desesperado

Pensó que quizás ya habría salido y lo esperaba afuera así que por fin salió… pero no la encontró.

- ¿Qué había pasado?... ¿Dónde estaba?

Alex tenia muchas dudas e ideas en la cabeza que no lo dejaban tranquilo. En aquel momento sintió la necesidad de mirar hacia la entrada de la cueva y finalmente pudo ver a Lucy que estaba de pie, sin moverse.

El pequeño se quedó petrificado y sin poder decir palabra alguna. Lucy se acercó lo demasiado como para notarse en su blanco cuello muestras de heridas, sangre en sus rasgadas ropas… y mucho dolor en su rostro.

- Lucy… ven… ¡salgamos de aquí! – alcanzo a decirle en voz baja

La niña sin mover siquiera los labios le dijo:

- vete… salva tu alma y pide por la mía y mi descanso
- Pero…ven, vamonos a casa…
- Ya es tarde, sálvate tu y no regreses nunca a este lugar, vive tu vida y se muy feliz, vete de una vez, no hagas caso a lo que escuches… no es mi voz aquella que te pida quedarte en este lugar… te amo Alex

Alex se quedó sin decir nada mientras su hermana daba la media vuelta y regresaba a la cueva aquella. Llevaba un paso lento, la desesperanza en cada movimiento suyo podía ser notada por el pequeño. Al llegar a la entrada de esa enorme y oscura cueva lo miró por última vez… de repente entre las sombras apareció una anciana de vestiduras negras que la tomó con una esquelética y putrefacta mano

… y se la llevó hacia la oscuridad

Y eso es lo último que supe de mi hermana Lucía… la sigo viendo solo en sueños, en sueños de juegos infantiles, de risas y de tiempos felices.

Prefiero recordar los momentos buenos y nunca hablar de aquel verano.

Lo único que nunca olvido, es su sacrificio por mí.
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